Premio Internacional de Novela Kipus (2ª convocatoria)

3445577--644x362De esta estafa escribiré con calma cualquier día de estos, aprovechando las fiestas septembrinas de Cochabamba por ejemplo; y también lo haré de las jugosas anécdotas que rodearon la concesión del primer premio Kipus, ahora hace un año…

A mí nadie me pagó honorarios, aunque, a cambio, la editorial Kipus se comprometió a editarme dos novelas, como bien sabe el cronista de la ciudad, que estaba delante; compromiso que era falso, como bien sabe el cronista de la ciudad. Pedro Camacho me lo aseguró  hasta en los meaderos del Candilejas, un comedero sucio de la parte de Sacaba, y eso es cosa seria, de tradición. Los negocios de los que se habla mientars se orina  van a misa… sale en todas las películas. No hay notario que supla una buena conversación que aúne liquidaciones de derechos y problemas prostáticos. Además, en ese trance, cómo le vas a decir a nadie: “Oye, firmame un papelico”, no, estás a lo que estás, y todo es palabra de honor, aunque el meadero apeste.

Enfrente del tugurio aquel había un circo en derrota. Debí tomarlo como una premonición.  Qué siniestra charlotada. Gente de palabra, me aseguraron, una y otra vez además.  De risa. Ná, trileros… granujas, aquello era un cajón de trile. Esas cosas te pasan por arrimarte, como a los palurdos que no saben que el juego está amañado hasta el delirio.

circo cocha

Todo muy limpio, mucho, tanto que el editor, Pedro Camacho, salió del acto echando humo y culpándonos a los jurados que estábamos presentes, Antezana y yo, de haber manipulado el premio: “Ya hablaremos de lo que ha pasado aquí, ahora vamos a tomar un café”.
No había salido la novela que él quería, que no era la que ganó, claro, sino otra. Y fuimos, al café que está junto a  la catedral,  y hablamos de unos libros que no iba a editar nunca, pero no tuvo el cuajo de decirlo, delante de Luis H. Antezana, ni más tarde. Dio la callada por respuestas y todos con él.
Luego me enteré de que hubo concursante que estaba dispuesto a compartir el premio si ganaba con quien le facilitara el que su novela fuera premiada…  20 000 dólares son muchos dólares. Y conozco su nombre y apellidos. No sé cómo pero al margen de leer las novelas, allí había algo raro, algo de lo que no llegué a enterarme bien, pero que Pedro Camacho  no desconocía. Lo digo por la furia que gastó cuando no salió elegido el sueco…. vaya, vaya. ¿Cómo carajo puedo yo manipular un premio como ese viviendo fuera de Bolivia? ¿Qué podía ganar con ello? Qué lo diga, pero no lo dirá porque es un bellaco  y quienes le azuzan, lo mismo.

Yo puedo responder, como jurado, de la lectura de los libros que me dieron (extraordinariamente minuciosa en el caso de Antezana y también en el de Rubén Vargas) y de las largas deliberaciones en las que participé, y sobre todo de la calidad de la obra premiada repecto a todas las demás, pero no de lo hubiera antes, detrás, después o en el cuarto de al lado, ni de las broncas que tuvieron entre ellos cuando me largué de Bolivia y de las que algo me ha ido llegando. A mí qué carajo me cuentan.

Pienso en toda la gente que envió de buena fe sus novelas a aquel premio y en los cándidos que van a presentar esta vez sus novelas como si de una lotería se tratara, que de eso se trata, de una lotería… amañada. Pienso en que entre las novelas que leí no había ninguna de escritores paceños, por ejemplo, algo que saltaba a la vista por la temática. Como digo, anécdotas muy jugosas… Allá ellos con sus mejunjes.


¿El premio? Limpísimo, había diez novelas para juzgar y elegimos la mejor, con mucho, por eso estaba seleccionada… la ganadora, y las otras. De modo que, conociendo la obra literaria del ganador, Gonzalo Lema, supe de inmediato de quién era,  muchas semanas antes del fallo, en cuanto recibí los originales y me puse a leerlos… Era sin duda la mejor, la más acabada, por eso la defendí y por eso me alegré del resultado, porque Gonzalo  Lema me parece un buen escritor y una buena persona de las que dan la cara cuando las cosas se ponen pardas.


Ah, sí, se me olvidaba, también hablaré de la otra estafa, la de haber sido “invitado de honor”, detrás de Ernesto Cardenal, ahí es nada, oye, qué lujo, a la feria internacional  del libro de Santa Cruz de la Sierra 2015 y está publicado en prensa:
“… la Fundación Cultural del diario El Deber ha invitado a la Feria del Libro de Santa Cruz al escritor navarro Miguel Sánchez-Ostiz para mayo del próximo año. Para medir la talla de esta invitación de honor, baste decir que este año el invitado fue Ernesto Cardenal.” (Diario La prensa, 2.10.2014); invitación que se frustró gracias a la intervención de Edmundo Paz Soldán, según me escribió uno de los organizadores o adjunto a la organización, que en esas fechas –hacia carnavales, mira tú que es casualidad– estaba ocupadísimo siguiendo las estrepitosas andanzas de Jorge Godínez… mañas de pillos que enseguida borraban lo que se les escapaba en facebook.

Hablaré, vaya que sí hablaré, tengo materia suficiente como para dos diabladas, por lo menos, junto con una jugosa selección de la correspondencia y artículos de prensa de unos y de otros que demuestran que no hablo en balde.  Conviene escribir de estas cosas para que el público sepa lo que se esconde detrás de los grandes alardes publicitarios y las mandangas literario-editoriales… la literatura, ho, ho, ho…

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150808/2%C2%BA-concurso-kipus-de-novela_311156_688924.html

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