Your Majesties… (Cláudia Martins y Rafael Carriço)

pruebaAyer conocí a Cláudia Martins y a Rafael Carriço, antes de saber quiénes eran. Un despropósito y un equívoco detrás de otro. El amigo con el que estaba, en el café Niza, y yo creímos que eran turistas, y mi amigo, viendo el aspecto aterido de Cláudia Martins, se empeñó en que tomara algo porque soplaba cierzo: «¿No querrás un cafecico con leche y un bollo?», le dijo. Y como no sabía qué más decir, encima añadió que a él de Portugal lo que le gustaba era el bacalao. Yo salí por mi familia portuguesa y por Miguel Torga, y a punto estuve de hablar del desasosiego de Pessoa, ese que te hace ver que hay peores dolencias que las dolencias. Y así, un desbarre detrás de otro, quien nosotros creíamos un turista, Rafael Carriço, creyó a su vez que se las había con dos majaretas que habían salido del manicomio de paseo. Hay una edad en que te das cuenta de que estás perdiendo la chaveta. No tiene remedio. Avergonzados. Mucho. Conclusión, que despropósito de más o de menos, congeniamos y nos invitaron a asistir a su coreografía de danza contemporanea  Your majesties welcome to the anthropocene…

¿Entiendo de ballet? Ni papa. ¿Hace falta «entender» para emocionarse con un espectáculo como ese, con melancolía intensa a ratos, con entusiasmo otros, espoleados? Lo dudo, en la medida en que no sé lo qué eso significa. Reconozco que no soy un espectador difícil. Luces, música, una magnífica puesta en escena usando esa tecnología que solo es enemiga si dejas que te trague, y un esfuerzo colosal, el de la danza, ahí, delante tuya… Poner en escena la época siniestra que vivimos se puede hacer de muchas maneras, porque la época, a poco que te esfuerces, es reconocible en sus horrores, en su violencia, en su crueldad… una es la de esta compañía, la Vortice Dance Company.

Copio de su programa de mano, Krishnamurti, lo leí hace más de cuarenta años, no era mi guerra, lo era, más de lo que pude haber llegado a pensar nunca

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Ignoro cuál es el camino que condujo a que no solamente me emocionara mucho lo que vi, sino que me conmovió. El artista nunca sabe cómo y de qué modo llega su trabajo al espectador, al lector. De una forma oscura el trabajo de esos artistas me rejuveneció. Recordé el tiempo irremediable de mi gusto por las escenografías y por los monólogos en escena, los teatrillos, las representaciones e ilusiones, y recordé algo más, que nada tiene que ver con nostalgias vanas: la tarea pendiente, esa que exige la misma ilusión y entrega que la de esos dos jóvenes artistas portugueses, la voluntad de no desertar ni tirar la toalla, un proyecto detrás de otro. No sabrán nunca lo mucho que me dieron.

Trailer oficial de la compañía

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Addenda de dos días después: el espanto continua y lo tenemos en casa, delante de las narices, a diario… todo lo que se diga será poco.

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