“Non, je ne regrette rien…”

Paris, Olympia, in January, 1961. (Photo by Lipnitzki/Roger Viollet/Getty Images)

«Non, je regrette rien…» Tengo mis dudas de que quienes estos días han colgado en la redes sociales esta canción, preciosa sin duda, como símbolo de Libertad, Fraternidad e Igualdad, y de defensa de la democracia frente al terror, sepan cuál es su origen y a qué en concreto se refiere. Una cosa es que descontextualizada nos emocione y otra que sea un homenaje explícito a la Legión Extranjera francesa en Argelia –la del general Salan y la OAS–, donde se cometieron atrocidades y asesinatos masivos, denunciados en su día por Albert Camus y Jules Roy (militar y escritor) entre muchos otros, o reconocidas con desvergüenza criminal por el general Ausseresses en sus sobrecogedoras memorias… Tuve la oportunidad de escuchar hace años el relato de un testigo directo, escritor y sacerdote, que había estado allí cuando no era lo uno ni lo otro, sino un recluta llamado a filas. Hoy he leído un artículo de Robert Fisk en La Jornada, de México, del que entresaco estas líneas que me parecen informadas y se refieren a una historia que yo mismo he escuchado repetidas veces a gente de ese París que nunca ha pisado el Café de Flore, ni aledaños, estos días tan de moda, y que sí sabe lo que es vivir y trabajar duro en «la banlieu», y pertenece a esa clase social que más padece represiones y atentados –trenes de Vallecas, ¿se acuerdan?–:

«Cuando los reporteros nos dijeron que los 129 muertos en París representaron la peor atrocidad perpetrada en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, omitieron mencionar la masacre en París de  hasta 200 argelinos que participaban en una marcha ilegal contra la salvaje guerra colonial francesa en Argelia, en 1961. La mayoría  fueron asesinados por la policía francesa; muchos fueron torturados en el Palais des Sports y sus cuerpos arrojados al Sena. Los franceses sólo reconocieron 40 muertos. El oficial de policía a cargo era Maurice Papon, quien trabajó para la policía colaboracionista de Petain en Vichy en la Segunda Guerra Mundial y deportó a más de mil judíos hacia su muerte.»

 Sin más. No voy a decirle a nadie cómo tiene que sentir o expresar su fraternidad, si es que la tiene, ni cómo manifestar sus emociones, pero no voy a admitir que nadie me imponga una manera de expresar las mías ni mucho menos mis convicciones, mi dolor, zozobra, perplejidad ante la atrocidad del presente y las infamias del pasado o de nuestras mismas trastiendas, o el miedo al futuro inmediato que nos espera. Lo mismo por lo que se refiere a que lo que para mí es motivo de reflexión, lo sea de encono con nadie ni con nada.

No he tenido oportunidad de leer en ningún lado lo que sucedió en 1962, en el Métro Charonne de París, y que allí se recuerda, ni por qué, siendo la rue de Charonne uno de los escenarios de la matanza. Ya sé que me invitan de manera destemplada a no recordar, a no mirar en el pasado y a hacerlo solo en el presente, pero quiero entender algo de todo lo que sucede sin mi consentimiento ni participación y me agrede, y no todo es el estricto presente, no es verdad. [18.11.15]

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