Mordaza a la disidencia

Michel Onfray, Ignacio Ramonet, Beatriz Talegón expulsada de manera abusiva de un plató de televisión. Voces disidentes, en mayor o menor grado, del discurso oficial que hay que tratar con la misma consideración que si fuera verdad revelada, sura coránica o artículo de fe. No corren buenos tiempos para la disidencia ni para la duda o la expresión de la perplejidad y del escepticismo del que nada se sabe. No importa la dirección, solo la disidencia, el no comulgar con la rueda de molino de lo correcto que los medios de comunicación y las redes sociales imponen.

Esa del correr de los buenos tiempos es una frase hecha. En realidad hace mucho que no lo hacen y van a ir a peor. Así las voces que te advierten de que hay que andarse con cuidado, mirar bien lo que se escribe y dónde, no desentonar, no incordiar a los nuevos amos del cotarro, que los hay, y buscan que aplaudas o calles. No hay que apartarse del común sentir. No hace falta leer a Žižek en su reciente Islam y modernidad, escrito y publicado antes de los atentados de París, para reparar en el generalizado entreguismo social a quienes dicen representar la seguridad y el orden, y encarnan en realidad lo policiaco y la violencia gubernamental, un estado de cosas que solo va a beneficiar, a corto y a largo plazo, a quienes nos someten. En otra dirección conviene no apartarse demasiado de los paladines e inquisidores de la libertad de expresión y del recto pensamiento de la izquierda virtuosa, vigilante, combativa, beata de sí misma, que tampoco admite mucha disidencia en sus filas, por no decir ninguna.

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