Píos deseos

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“Pío deseos para empezar el año”

Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
—o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul…
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.

Pongamos que la cumbre de la vida pasó hace ya mucho y lo que queda es un declinar, la senectud de los clásicos (la vejez para más adelante), y pongamos que del orden de vivir poco sabes, y de todo lo demás casi mejor no glosarlo, no vaya a ser que en lugar de una pesadilla de cena indigesta a lo Winsor MacCay, lo sea de un espeso Solana y sus verdades postreras. Cencerrada de fin de año, disfraz de saturnal a domicilio.  Píos deseos: con sobrevivir a la riada me conformo.

Se veía venir

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Se veía venir desde antes de la promulgación de la ley Mordaza. No puede esperarse otra cosa de un Estado en el que la prensa necesita ayudas oficiales (o del sistema financiero) para subsistir y es cada vez más llamativa la manera en la que los grandes medios se alinean con el régimen actual, convirtiéndose poco menos que en sus aparatos de propaganda.
La represión en las redes sociales empezó hace meses. Es cuestión de tiempo que alcance a los periódicos y revistas en las que se expresa la disidencia con el régimen. La libertad de expresión está reservada para la gente del aparato del régimen que puede insultar de manera grave a sus adversarios políticos –por ejemplo, tachándoles de cómplices con el terrorismo de ETA que es una conducta seriamente perseguida y penada– y echan manos de los tribunales si en una red social de alcance limitado alguien les tacha del muy devaluado (a juicio de reiterada jurisprudencia) insulto “puta”, como ha sucedido en el caso caso “Ada Colau versus la Cifuentes”, para mí uno de los más sangrantes, por el escaso eco mediático que tuvo la sentencia absolutoria. Abusos que se repiten a diario en radios y televisiones afines al gobierno. Esa libertad de expresión no está a cambio amenazada, sino alentada dentro  de una política de desprestigio del adversario.

 

En recuerdo de Lezama Lima

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Hace más de cuarenta años que tuvimos como divisa jovial de lectores de Paradiso aquella frase de Lezama que decía más o menos así: “Como una banda de música militar china en su imparable camino entre la nada y la eternidad”. Algo así, ya digo, porque por muchas vueltas que le haya dado al libro no la he vuelto a encontrar.

Granujas impunes

Mentirosos, no solo intentan reescribir la historia para sus cómplices y parroquia devota y entregada,  sino que ejercen de profesionales de la mentira, esa lacra nacional ya vieja. Millá Astray no era franquista, dicen… los documentos gráficos que se conservan de aquella época siniestra dicen lo contrario, las arengas estúpidas, mentirosas, cuarteleras que se publicaban en la prensa de aquellos días de 1936-1937, los de la represión feroz en la retaguardia, bundan en el mismo sentido: un golpista de probada mala intención, encubridor con su palabra de la represión  y de todos los crímenes que se cometían en la retaguardia: basta comparar sus discurosos con la cronología de los crímenes, en concreto los cometidos en Navarra al tiempo de su paso por ella en agosto de 1936, al que corresponden las dos fotografías de arriba, la del perro y la de “Leed CNT” (en el travesaño del banco).

La Voz de su Amo

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Qué dijo el Borbón, qué no dijo. Lo ignoro porque no perdí el tiempo escuchándolo, no es necesario, es todo tan previsible, tan monótono, tan sabido… no sirve ni para hacer apuestas sobre lo que va a decir o a dejar de decir. Además, lo ecos te llegan quieras o no. El Borbón no es el oráculo de Delfos, sino La Voz de su Amo, en la medida en que, como muñeco de ventriloquía, no tiene voz propia, habla de lo que al Gobierno le interesa que hable, hace propaganda política gubernamental disfrazada de un afable o severo discurso paternalista, ambientado de manera insultante para el perdedor o el vencido.

El Borbón, en su solemne puesta en escena versallesca, no encarna «el bien» de los españoles, algo que solo escribirlo te hace estallar en carcajadas, sino que apoya la política del Gobierno más infame que ha tenido este país desde el franquismo. El Borbón dice lo que le hacen decir y por ello cobra tanto o más que un artista de Hollywood. El objetivo de la mojiganga no es otro que satisfacer y halagar a los creyentes y a los incautos, o «engañar al que no sabe», esa obra de misericordia a la contra, obra de crueldad digamos, tan habitual en los últimos años con la institucionalización de la mentira como arte de gobernar. Una especie de Dios padre bondadoso, representación del Estado que está por encima de las contingencias de los habitantes, a la manera de aquella película de dioses antiguos en la que estos, desde el Olimpo, jugueteaban con los humanos que, pequeñitos, correteaban de un lado para otro bajo sus atentas miradas y al ritmo de sus humores y caprichos. Así lo veo, así lo digo, callarlo sería reverencia, algo que estoy muy lejos de sentir. Lo veo como algo tan inevitable a fecha fija como prescindible.

Más peligroso, por malévolo, es el ventrílocuo, es decir, el siniestro artista de variedades que se agazapa entre bastidores y que muchas veces ni siquiera sale a escena, no se le ve, como sucede en algunos espectáculos del Bunraku japonés, pero lo conocemos bien, porque lo hemos padecido y porque ahora mismo tenemos miedo de seguir padeciéndolo, «para siempre» como quien dice, si las alianzas políticas o una nueva tirada de urnas no lo remedia. Así que en estas condiciones el sermón del monarca, no de la monarquía borbónica, sino de la franquista, suena a cencerrada, a regañina que oculta las propias vergüenzas de las que el actor es cómplice a sabiendas, porque cobra por ello: paro, pobreza, abusos, recortes sociales peligrosos, falta de libertades o amenaza de estas, saqueo institucionalizado, todo lo que venimos denunciando desde hace años un día sí y otro también… es decir, una pomposa función de falta de credibilidad que, encima, hay que escuchar con reverencia porque es una convención social hacerlo. Ignoro cómo puede escuchar esa ristra de banalidades agresivas quien no tiene medios para encender la calefacción, algo que en otra fecha y lugar es «estadística», pero ahora «demagogia». No hay trago navideño que te haga pasar este polvorón de borra venenosa.

¿Qué puede decirnos un representante del Gobierno después de cuatro años de desgobierno y de abusos? Patrañas es posible, pero de nuevo nada y menos ahora, de cara a hacerse otra vez con las riendas del Gobierno de la manera que sea. En estas condiciones, cualquier representante del Gobierno del Partido Popular, y el Borbón lo es, no puede expresar otra cosa que la burla de ese ciudadano que corretea y sobrevive como puede, más víctima del Estado que beneficiario de este. En estas condiciones insisto, al hilo de unas elecciones en las que ganaron los que apoyan la corrupción y el abuso, cualquier intervención de un representante del Gobierno es por fuerza sectaria y partidista, no está dirigida «a todos los españoles» como pretende uno de los discursos políticos de la rueda de molino nacional, y si lo está, lo es en la medida en que su objetivo último no es otro que tener sometidos a los que no creen en las palabras de quien mueve los hilos, ni en las de la marioneta y que verían con gusto que esta desapareciera en aras de un verdadero cambio de régimen. No se trata de acabar con el bipartidismo o no solo, sino con el régimen, con el modelo de Estado, con sus teatros, teatrillos, guiñoles y mojigangas navideñas.

 

 

 

 

 

Fuego al monte

DSC_0042Esta mañana, a lo oscuro, se veía el resplandor de un incendio en el monte que tengo frente a mi ventana. A media mañana me he subido hacia Larrazu temiendo lo que me iba a encontrar. No soy su propietario, igual es al revés, como me dijo un día el amigo Gastearena, difunto, un día que hablábamos de ese lugar. Quien quiera que sea ha quemado unas cuantas hectáreas de monte, bosque y plantaciones de robles, hayas y abedules, algunas de las cuales ví plantar hace quince años. Por esa zona hay ejemplares centenarios muy hermosos. Ese del fuego que hoy estaba velado por el humo ha sido mi paisaje durante años, mi primer paisaje bastanés, el camino de subida a Arakan y Legate desde Sutegia, la casa de Arrazkazan en la que vivía entonces. Por allí andaban bomberos y forestales de la Diputación que no se explicaban para qué alguien le puede meter tres veces seguidas fuego al monte en el mismo lugar, “¿de rabia?”, se preguntaba uno, “a mala ostia”, por venganza, por qué, porque para pasto no es: no hay ganado para tanto. Mete miedo que alguien destruya por gusto o por venganza oscura, y ponga en peligro la vida de bomberos, técnicos de medio ambiente y vecinos que se han pasado la noche en las tareas de extinción. Y saber que alguien sabe y ni dice ni dirá. El hayedo de Arakan estaba bastante tocado y una técnico de medio ambiente de cara tiznada con la que me he encontrado  me ha dicho que las hayas jóvenes han salido muy perjudicadas, que las muy viejas también y que las demás aguantarán y que con el tiempo… el tiempo, eso, el tiempo. Pasé por ese bosque  hace un par de meses, hice unas fotografías otoñales. Lo demás se comenta solo. ¿Por qué? Y por qué ahora y en tantos lugares.

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Una vista,  parcial, de la regata, al pie de Legate.

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