Nous sommes tous des assassins

12341042_1053299304702543_6741897653204853248_nTal vez sea esta la única imagen amable de una película sobrecogedora, por lo que tiene de requisitoria contra la pena de muerte en Francia: Nous sommes tous des assassins (1952), de André Cayatte y Charles Spaak. Entre 1952 y 1981 que fue abolida la pena de muerte cayeron unas cuantas cabezas en la guillotina, un método cruel que se oculta acusando de crueldad a los métodos empleados por otros países. La tartufería francesa (necionalista y chauvinista) no conoce límites: torturas generalizadas, genocidio en Areglia y Viet Nam, violencia poiicial ciega, tan denunciada como negada –Machette por ejemplo, Yves Boisset–, crímenes de Estado, matones parapoliciales (SAC), jueces de instrucción abusivos, preeminencia del estado sobre el individuo… a qué seguir. 

La pena de muerte forma parte de mis pesadillas recurrentes. Una noche en capilla y la huida imposible. Tal vez se trate del relato de una ejecución por garrote que oí de muy niño, algo sobrecogedor. Una historia que no logro localizar y situar en el tiempo.

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