Camorra del condesillo

186508_3021474El peso de las leyendas. De la misma manera que jamás escribí una línea acerca de las enfermedades venéreas de Pío Baroja, pero a sus familiares les vino muy bien la indecencia para armarme una bonita camorra, ahora me gustaría saber en dónde escribí yo que los miembros de la Órden de Malta eran unos asesinos, gilipollas es posible (por algunos de los que he conocido), pero asesinos no creo, lo que no quita para que el conde de Casa Palomeque y falso barón de Espejo velado por el trago, se agarre a la infamia y se sirva de ella para ponerse digno y altivo, defendiendo un honor que le naufraga un día sí y otro también al pairo de unos metros de vino. Así las cosas, puedes llegar a aborrecer mucho no ya una ciudad, sino un paisanaje –Del bávaro matón  y del bobo que le azuzó para que, muy valiente, me atacara por la espalda, ya hablaré otro rato y de aquel que no estaba pero expande lo que los otros quieren oír a cambio de unos tragos, también–. Me gustaría saber, digo, dónde escribí tal cosa acerca de los miembros de la Orden de Malta para, de ser cierto, retirarlo, pero no así que el condesillo, a quien sus compinches de andada apodaban El Muñeco, caballero de honor y devoción,  es un redomado cretino y,  con pistolita o sin ella, un parásito social. Y adiós muy buenas. Todo tiene un límite.
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