La isla desierta de la escritura

1927703_1056650204367453_30947798161738490_n“Algunas soluciones para poder seguir contando”. O “En busca del lector perdido . Isla de Robinson”.

El lector perdido eres tu mismo, en el lugar originario, la invisible isla de Robinson Crusoe, la que descubriste en las páginas de Defoe, en la ciudad en la que este colocó a Robinson de vuelta de sus soledades, tocado por ellas para siempre; la isla que más tarde buscarías en los mapas y hacia la que emprendes el que puede ser el último viaje o el primero del último tranco, el que te aleja de tu casa de toda la vida para siempre. Escribir es sobrevivir en una isla desierta, o poco menos, o poco más. Escribir, ir hacia las islas tan desiertas como flotantes es un cambio de vida y con él, siempre, un cambio de escritura, y viceperversa.

Me gustaría saber dónde publique esto. ¿Lo escribiría ahora mismo? No lo sé. Demasiado lírico para mi gusto, ahora mismo insisto. Cuando lo escribí creo que tenía todavía alguna esperanza en el destino de mi escritura, esperanza legítima y común entre escritores, aunque fuera simulada. Ahora no tengo ninguna ni fuerzas siquiera para simular nada. Escribo… cuando puedo, publico no donde quiero, sino donde puedo, con el canguelo del viaje en vía muerta, agradeciendo los lectores fieles que tengo eso sí, pero sin poder ocultar la fatiga y el miedo, y sobre todo la capacidad que noto ha ido a menos en los dos últimos años. Ya no es como antes y de la misma manera que en el monte pesan las rodillas y duelen, frente a la mesa de trabajo hay otros dolores, palabras que huyen, ideas que se desvanecen, hastíos y desilusiones… Sé que he perdido la vida en un combate inútil, suene esto como suene que ya me da igual.

*** La fotografía es de una librería del pasaje Verdeau, de París.

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