Palabra de Macbeth

WordleY  de Shakespeare por supuesto, y de William Faulkner que lo toma prestado, y de cualquiera que se pare a escuchar el insidioso ruido de las hojas del último otoño, ya casi del todo podridas, arrastradas por el viento sur, despedigadas, como los días, esos mañanas sobre lo que declama  Macbeth cuando el camino de su vida declina y el bosque de Birman se le va a echar encima en pago a la sangre derramada, y considera que lo del vivir es un cuento narrador por un idiota, lleno de ruido y de furia, un cuento que nada significa, profundas palabras repetidas hasta la saciedad por nihilistas de ocasión  (muamém que diría mi loco preferido) que a un clavo ardiendo se agarran, abrasados, con tal de convencerse de que esto tiene algún sentido, alguna trascendencia, algo, y de que al cómico se le va a recordar cuando salga de escena, y perora y perora con menos sentido que el bufón del rey Lear que sugiere cresta en mano, que si no sabes sonreír según el viento que sopla, pronto te aterirás de frío (temible asunto este, temible).

*** A propósito del Macbeth de Justin Kurzel, es decir, viviendo dudosamente a cuento.

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Bolivia sin psicosis (Pablo Cingolani)

IMG_3614Para alivio de mugres cotidianas y de un percibir de una manera cada día más clara que, pase lo que pase, en mi menú del día no va  a haber más que más de lo mismo, o peor. ¿Egoismo? No, voces de supervivencia. Dejo el optimismo para quien tenga el futuro asegurado en lo inmediato y material, pueda ganar algo con el repique de voceos ajenos o espere que le paguen de la manera que sea por arrimar el agua al molino que mejor harina venda.

http://plumaslatinoamericanas.blogspot.com.es/2014/09/bolivia-sin-psicosis.html

Les amants réguliers (Philippe Garrel)

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París, Mayo 1968.

París, 1969… 1971, 1972… El opio del amor y el amor al opio, la revolución y los revolucionarios que son iguales o peores que los curas, la fragilidad de los sueños de vida que parecía estar destinada a durar para siempre, momentos históricos irrepetibles, antonces y ayer mismo.

Chapapote y olvido

tartuffe2 En opinión del actual presidente de Gobierno en funciones, el crudo que escapaba a chorros del petrolero Prestige solo era «como hilillos de plastilina». La realidad fue que se produjo una catástrofe ecológica de proporciones difíciles de evaluar ante la que el disléxico Rajoy sacó la lengua boba, la habitual de no darse por enterado. ¿Recuerdan? ¿No? Es igual. De eso se trata, de que no recordamos porque no podemos, porque de hacerlo, los recuerdos nos aplastarían. No damos a basto. Bastante tenemos con masticar y digerir si podemos los indigestos menús del día. Hay veces que las palabras de Lady Macbeth no resultan acertadas porque la memoria no es, como ella dice, «ese centinela del cerebro», al contrario, da la impresión de que es el olvido el guardián de la salud de nuestro cerebro y de nuestra alma, es decir, de nuestros intereses económicos, de nuestro bienestar más inmediato. El olvido, la renuncia a recordar, nos protege. La casi totalidad de los casos de corrupción que hoy bullen en el alboroto mediático-judicial-político, llevan años, muchos, siendo denunciados, de manera tan machona como en balde, demasiados como para creer en el correcto funcionamiento del aparato judicial. Cabe preguntarse el motivo, aunque solo sea a efectos del guión de la pícara tragicomedia nacional.

Al final se destapa que no eran hilillos de plastilina de chapapote de la vida pública y saqueo de lo público y lo privado, sino una avalancha de mugre, un sistema, algo que ha sido denunciado, como he dicho, de manera inútil, quijotesca, un combate casi condenado al fracaso y a la guerra de trincheras. Ahora resulta que no eran casos aislados de corrupción, sino un sistema que se sostenía en la medida en que no era de verdad investigado y sí negado por sus protagonistas y encubridores en todos los foros, empezando por el Congreso de los Diputados o la sede gubernamental, algo que también se olvida. El ministro del Interior se queja ahora de lo que él mismo ha propiciado. No cabe mayor desvergüenza. En este país la impunidad ha venido expandiéndose desde arriba y se ha convertido en un sistema, en una ideología, en una moral, que de manera sospechosa se resquebraja en apariencia de cara al callejón sin salida de unas elecciones frustradas.

El olvido del chapapote de la vida pública y de la desvergüenza delictiva de sus protagonistas, es una forma de supervivencia. Solo así se puede digerir la manera en que las promesas electorales se transforman en traición descarada, el cambio social, llevado adelante como banderín de enganche, en más de lo mismo o peor, algo que se prefiere ignorar, hacer como si no, cuando es sí. Maestros, somos maestros en este arte. Hay que olvidar aquello en lo que confiamos ayer. ¿Confiamos? ¿O también nuestra confianza y ambición eran una fantasía política, espuma de esa mugre en la que chapoteamos como en ciénaga, al tiempo que creemos estar en un rutilante piscina olímpica? No sé, pero la vida pública suministra más argumentos para el descreimiento que para la confianza.

 Ser memoriosos equivale a admitir que participamos, de la manera que sea, en un juego en el que la banca, que siempre gana, está en manos de una casta a la que no pertenecemos y que, encima, está amañado hasta el delirio, y que no hay promesa que se sostenga en el tiempo si va contra los intereses de la casta, la secta, el cogollito, el mundo financiero que vigila sus intereses en la sombra y a la sombra. Eso asusta, eso nos hace ver hasta qué punto estamos atrapados, inermes, incapaces de auténtica rebelión.

 «Se diría que las falsedades ya no importan», se le oye decir a más de uno, pero es que hace tiempo que dejaron de importar, que eso formaba parte de las nuevas reglas del juego, que aquí no hay idealismos que valgan, que solo cuenta la realidad evaluada en cifras. No existe más que la conveniencia política y alrededor de esa rueca se teje una moral utilitaria en propio beneficio siempre. Olvida cuanto puedas y pon la mano, y si recibes, aplaude, hazlo también para recibir, hay chapapote para todos, la riqueza se reparte, muchacho, y es raro el que no aplaude y busca algo en el arrebuche.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 28.2.2016, “Y tiro porque me toca”

Item más: entre que escribes el artículo y lo publicas, te dices que las iras de hoy son los bostezos de mañana y te preguntas si de verdad sirve de algo aventar el fiemal, ya muy aventado por otra parte, en rincones como este.

Carne de murciélago

11880584_301655176625077_2111238966241530198_nEs aquí donde Francisco Nieva dice algo así como que el colmo de un bibliófilo es tener una primera edición de Baroja encuadernada en piel de Baroja… Oye, ahí está, a mí qué me cuentan. Pienso en ese libro de Nieva, escritor y autor teatral de éxito en vida… ¿Dónde están sus lectores? De Torrente Ballester cabe decir lo mismo. La cubierta es de José Hernández, inimitable. [Diario volátil, 27.8.2015]

Huyeron los años…

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L’uomo delle stelle, de Giuseppe Tornatore en sesión de noche. Los años que huyeron no sabe Morelli a dónde. Morelli, estafador, explotador de  miserias y sueños ajenos, que no se entera de lo que tiene delante de las narices, que le gustaría hacer cine, dice, pero no sabe; y sin embargo tiene el material al alcance de su mano, en ese escenario en el que la gente, las víctimas de sus estafas, se confiesa, dice su verdad, de la forma más impúdica posible, desvela su secreto vergonzoso, el que le alimenta y sostiene, todo  lo que en privado no diría, porque cree que así puede ser alguien, una estrella; pero Morelli no escucha, no ve, no sabe, fuera de la ganancia inmediata no hay nada… No hace falta tener ochenta años para llamar a al vivo, a los vivos, y que te responda el muerto, los muertos, o nadie, el camino que ahora mismo, ahí fuera, se hunde en la niebla.

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Cuestión de hábitat

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Lapsus como el ¿padecido? por una famosa presentadora de televisión nacional al referirse al juicio que padece (esta sí) la concejala de Podemos Rita Maestre y de manera bochornosa a la homosexualidad, revelan una cultura deficiente, un dudoso respeto de fondo y unos prejuicios cuya exhibición se sabe poco correcta, nada ventajosa para el negocio que se trae un comunicador entre manos, y esto último algo muy común: que una cosa es lo que se dice y otra lo que se piensa, una lo que se ofrece a la venta y otra los vicios ocultos de la cosa vendida, una lo que se promete antes de las elecciones y otra las sorpresas poselectorales… el hábitat, el famoso hábitat, el del chungo país de la patraña.

Yo no sé si el hábitat hace al monje o es al revés, casi creo que ha sido así, que el monje ha hecho el hábitat y es muy difícil prescindir de él, tanto que hay hábitats de monjes y asimilados por todas partes, casi es lo que más hay, de siempre además, intocables, aunque ellos toquen, cuando les viene en gana además, como bien sabe la Conferencia Episcopal que todo lo toca, empezando por las papeletas de voto. ¿O es que olvidamos lo dicho por unos y otros prelados antes de la elecciones generales? Me temo que sí, que olvidamos y tragamos, y tenemos un aguante que llama la atención del público internacional que asiste a nuestros espectáculos arrevistados (a más no damos) a fecha fija.

Ojo con los hábitat talares pues, que no veo que en el programa político del cambio esté la denuncia del Concordato con el Vaticano, y su consiguiente anulación, de modo que tenemos hábitat místico-económico para rato. ¡Es un escándalo la irreverente irrupción estudiantil en la capilla universitaria de Madrid! Rasgado nacional de vestiduras por tanto. Pero no resulta escandaloso que en un centro público haya un espacio de culto privado dedicado a una única confesión religiosa, que causalmente tiene mano con el gobierno de la nación, comprobado y probado, un Gobierno que no es en modo alguno ni aconfesional ni laico, sino todo lo contrario, y lo demuestra a diario desde sus órganos.  No es el capricho, sino la necesidad la que empuja a protestas extremas, porque de otro modo quien protesta se tropieza con algo más que oídos sordos.

¿Es constitucional ese culto abierto en espacio público y sostenido con dinero ídem? Lo dudo. Pero estamos muy lejos de tener una magistratura que juzgue con arreglo a códigos de verdad civiles y no con arreglo al Catecismo de la Iglesia católica, al de sus creencias particulares o las de la secta en la que militen… eso creo, es una opinión.

En este país de hábitats tan diversos –los más vistosos venían en los sellos de correos de mi infancia… otros no–, pero envueltos todos en una red frailuna, las creencias religiosas se han convertido desde hace tiempo en una seña de identidad política, de hábitat por supuesto, importando poco o mejor nada que quienes se abanderan airados tras ellas, las practiquen, asunto este que en el fondo no me concierne porque es de conciencia, pero no me gusta que conciencias ajenas en modo alguno me empujen y me obliguen o se me impongan de la manera que sea, y me importa poco el pretexto, aunque sí la triquiñuela, siempre la triquiñuela, para hacerlo.

Mucho se habla de respeto en un país en el que este está confundido con el acatamiento y nadie con poder respeta a quien no lo tiene. Yo impongo en lo público y tú, te guste o no, obedeces y callas, en eso creo yo que consiste lo que se llama respeto. Y el uniformado menos que nadie.

Hay cauces, te dirán. Mentira. El diálogo oficial sobre reclamos de fondo como el que llevó a los estudiantes de la universidad de Madrid a su protesta, consiste en yo hablo y tú escuchas, o como mucho en tú hablas y yo no te hago ni puñetero caso y si alborotas llamo a los de seguridad: viejo el truco, viejo, muy visto, muy sabido, más padecido. Para la verdadera disidencia no hay cauce alguno y ahora menos que nunca. Por eso el PSOE se desdice de lo prometido y no derogará la Ley Mordaza, no le conviene, la quiere utilizar en propio beneficio.

Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, el 21.2.2016

 

Haizegua

Acabo de recibir una invitación de la revista argentina Siwa para escribir sobre algún viento. Lo voy a hacer sobre el del sur, ese haizegua atizaseseras que ha soplado estos días pasados en Baztan, viento que inquieta, invita al viaje, a alquilar el cerebro a los disparates y andar como si no pisaras el suelo.

Cuando una puerta se cierra, otra se abre, escribía  hace unas semanas. Algunas están siempre abiertas, salvo que tú las cierres, dando portazos encima, no diré que a mi edad todos los caminos están abiertos, pero los horizontes son anchos salvo que tú los achates y vuelvas la cara contra la pared, aunque también ahí, en las capas de cal y azulete del muro, hubiera mapas, puertas que te llevaban lejos, mares o cementerios, tanto daba.  Viajes, mundos, mapas, territorios, vidas, pájaros, pasos perdidos, muchos, exilios interiores, ausencias, extravíos de antes de darte cuenta de que no hay camino y que eso no tiene arreglo… Islas Flotantes, las de No existe tal lugar.

 

captura-de-pantalla-2015-08-20-a-las-09-14-32Una sombra ya pronto serás, de Héctor Olivera, sobre la novela de Osvaldo Soriano. Vías muertas y viajes en balde, empeños de pacotilla, fugas en las lejanías que son callejones sin salida: «lo que nos atraía era mirar nuestra propia sombra derrumbada y quizás pronto nos íbamos a confundir con ella», se le oye decir a quien no se llama Zárate.

«¡L’aventura e finita!»

Tesoros esfumados, amigos muertos o fugados en el tiempo, circos en derrota, liquidaciones por derribo y cerrados por defunción de ganas, funambulismos sin red y sin maroma, ilusiones perdidas en malos envites, partidas de truco amañadas, pillerías de supervivencia, descaros y palos, muchos.

«¿Todavía va para Bolivia?» –pregunta quien no se llama Zárate tras la última batalla perdida.

«¡Imagínese, ahora más que nunca!» –exclama Coluccini con entusiasmo, como si la resurrección fuera más importante que el propio triunfo, la gran conquista.

Para dónde tirar, en qué vía muerta andas perdido, por qué malos caminos te metiste, qué errores graves sabes que no terminarás de pagar nunca y que van va a ir contigo en un equipaje que no puedes dejar en consigna alguna… si no sabes jugar al truco no juegues, porque lo tiene, y tú no sabes ni las reglas más elementales, ni cómo guardarte el as en la manga, admite que juegas con dados de plomo y dedos huéspedes…

Habla Coluccini, tierno, vibrante, vehemente desde la desdicha:

«¡Uuuh, nunca se entregue! Yo soy un viejo rutero. Siempre hay una última maniobra, un golpe de volante, un rebaje, un algo… ¡Pero nunca el freno! ¡Usted pise el freno y está perdido!»

Aunque sea una Bolivia de papel, aunque la aventura haya acabado, aunque el horizonte se haya achatado, lo dice Coluccini: hay un momento para retirarse antes de que el espectáculo se vuelva grotesco por mucho que el público pida otra, que acaba siendo la de la burla. Pide tú la espuela, para el camino, alarga el tranco y ¡ospa!… Cuando la aventura se acaba te vas para Bolivia, aunque esta ya figure en otros mapas. Regresar es irse, etcétera, no hay que pisar el pedal del freno, «guarda con los perdedores», etcétera… En cualquier esquina te venden «cualquier cantidad» de Bálsamo del Tigre (auténtico). [De Rumbo a no sé dónde, 21.8.2015]

 

Rumbo a no sé dónde

 

12366607_10203906227615042_1978283129_nEl título de este blog es el de mi dietario del año 2015 que tenía anunciado publicar con la editorial Pamiela, de Pamplona, en la que he publicado mis últimos libros. He dejado en suspenso la edición de ese libro porque encuentro que es repetitivo y su práctica está desgastada (cuando menos la mía), como ya escribí en las última entradas de Vivir de buena gana, blog que he ido vaciando en las últimas semanas por la hojarasca acumulada y porque había llegado al máximo de su capacidad y se había vuelto inmanejable.

Vivir de buena gana empezó siendo un mapa literario y con los años y los acontecimentos vividos, acabó en trinchera enconada, una deriva al ritmo de los años que nos ha tocado vivir. No reniego de lo escrito , aunque tenga serias dudas de para qué ha servido. A mí, en lo personal, me ha causado más perjuicios que beneficios, pero eso son gajes o servidumbres, golpes de suerte. En algún momento he podido equivocarme, pero eso es otra cosa.

Este título de ahora se acomoda mejor a mi estado de ánimo y disposición siete años después de haber comenzado el otro, en febrero de 2009. Rumbo a no sé dónde… Yo no sé hacia dónde voy, ni en mi vivir diario ni en mi literatura, como no sea a una repetición tenaz del presente, algo que creo comparto con muchos.  No es que viva de peor gana que hace siete años, pero lo cierto es que en el último año, los últimos meses, algunos entusiasmos se han ido apagando y he escuchado el tañer de mi particular Lutine bell, anunciando varios naufragios. Se impone un cambio de rumbo que tal vez sea el mismo o muy parecido, en eso pocos engaños me caben. A cierta edad las perspectivas de cambio son fantasías, pero cuando menos te rejuvenecen. Tú vida es la que es y no es fácil cambiarla, estás atrapado en ella. Hasta se te ha pasado la edad en la que Mateo Alemán puso tierra de por medio. Pero cuando menos puedes combatir el desánimo y las tentaciones de desertar.

Haizegua, para la revista Siwa.

dsc_00401Acabo de recibir una invitación de la revista argentina Siwa para escribir sobre algún viento. Lo voy a hacer sobre el del sur, ese haizegua atizaseseras que ha soplado estos días pasados en Baztan, viento que inquieta, invita al viaje, a alquilar el cerebro a los disparates y a andar como si no pisaras el suelo.

Cuando una puerta se cierra, otra se abre, escribía hace unas semanas. Algunas están siempre abiertas, salvo que tú las cierres, dando portazos encima, no diré que a mi edad todos los caminos están abiertos, pero los horizontes son anchos salvo que tú los achates y vuelvas la cara contra la pared, aunque también ahí, en las capas de cal y azulete del muro, hubiera mapas, puertas que te llevaban lejos, mares o cementerios, tanto daba.  Viajes, mundos, mapas, territorios, vidas, pájaros, pasos perdidos, muchos, exilios interiores, ausencias, extravíos de antes de darte cuenta de que no hay camino y que eso no tiene arreglo… Islas Flotantes, las de No existe tal lugar.

 

Una sombra ya pronto serás, de Héctor Olivera, sobre la novela de Osvaldo Soriano. Vías muertas y viajes en balde, empeños de pacotilla, fugas en las lejanías que son callejones sin salida: «lo que nos atraía era mirar nuestra propia sombra derrumbada y quizás pronto nos íbamos a confundir con ella», se le oye decir a quien no se llama Zárate.

«¡L’aventura e finita!»

Tesoros esfumados, amigos muertos o fugados en el tiempo, circos en derrota, liquidaciones por derribo y cerrados por defunción de ganas, funambulismos sin red y sin maroma, ilusiones perdidas en malos envites, partidas de truco amañadas, pillerías de supervivencia, descaros y palos, muchos.

«¿Todavía va para Bolivia?» –pregunta quien no se llama Zárate tras la última batalla perdida.

«¡Imagínese, ahora más que nunca!» –exclama Coluccini con entusiasmo, como si la resurrección fuera más importante que el propio triunfo, la gran conquista.

Para dónde tirar, en qué vía muerta andas perdido, por qué malos caminos te metiste, qué errores graves sabes que no terminarás de pagar nunca y que van va a ir contigo en un equipaje que no puedes dejar en consigna alguna… si no sabes jugar al truco no juegues, porque lo tiene, y tú no sabes ni las reglas más elementales, ni cómo guardarte el as en la manga, admite que juegas con dados de plomo y dedos huéspedes…

Habla Coluccini, tierno, vibrante, vehemente desde la desdicha:

«¡Uuuh, nunca se entregue! Yo soy un viejo rutero. Siempre hay una última maniobra, un golpe de volante, un rebaje, un algo… ¡Pero nunca el freno! ¡Usted pise el freno y está perdido!»

Aunque sea una Bolivia de papel, aunque la aventura haya acabado, aunque el horizonte se haya achatado, lo dice Coluccini: hay un momento para retirarse antes de que el espectáculo se vuelva grotesco por mucho que el público pida otra, que acaba siendo la de la burla. Pide tú la espuela, para el camino, alarga el tranco y ¡ospa!… Cuando la aventura se acaba te vas para Bolivia, aunque esta ya figure en otros mapas. Regresar es irse, etcétera, no hay que pisar el pedal del freno, «guarda con los perdedores», etcétera… En cualquier esquina te venden «cualquier cantidad» de Bálsamo del Tigre (auténtico). [De Rumbo a no sé dónde, 21.8.2015]