Por el camino de Egozkue (Diario volátil 16)

DSC_00211.- El jabalí, animal totémico y heráldico, basurde en euskera: «el ser oscuro del bosque», eso me dijo un filólogo, algo que, de manera recreativa, no es difícil relacionar con osten: escondrijo (y derivados), y este con Hyde. Fantasías, ya digo.

2.- Los malos recuerdos, confundidos con esa enormidad que es «el pasado», te persiguen como molestos buscapiés en fiesta patronal de agosto… pero no sales de la plaza, ni escapas de la pólvora, temes que cualquier calle escura te trague como boca de lobo.

3.- Resentido: en boca de los profesionales del empujón, aquel que se acuerda de los que ha recibido… y comete el imperdonable pecado de decirlo.

4.- Perdonar no es, ni por asomo, lo mismo que actuar con cautela. Una cosa es la escena y otra la vigilia forzosa a puerta cerrada.

5.- «Yo busco conocerme a mí mismo…». Nada, ni caso; otro que, de encontrarse, huiría a la carrera, pero por el momento aprovecha la circunstancia para ponerse de manera ventajosa en escena: esa de la verdad de uno mismo es un búsqueda de prestigio.

6.- Y mejor que conocerse, desconocerse. El prójimo lo agradecería, seguro.

7.- No te quejes de que arrastras una leyenda negra cuando todos los pasos que das son para tejerla.

8.- No hay crítica acerba que no tenga un ápice de verdad… o un mucho. No es cuestión de cantidad. Además, vete acostumbrándote a que quien te pinta como le conviene, no te ha visto jamás, lo hace de oídas.

9.- Ponerse en escena equivale tarde o temprano a pasar por un mentiroso. Todo depende del público o de la parroquia que tenga quien te lee, que no tiene por qué creer lo que digas. Tal y como soplan los vientos de la existencia mediática, el propósito que encierra el de nobis ipsi silemus está bien para Francis Bacon o para Kant, que pudo asomarse con frialdad a una Lisboa humeante (Becket dixit).

10.- Cucamonas de discretos: exhibicionistas mediáticos que dicen tener a Gracián como autor de cabecera.

11.- Qué suerte poder sentir la misma paz/ que, cuando ya han pasado, dejan los infortunios, y poder escribirlo y, antes, poder compartirlo con quien a tu lado está a pesar de los pesares. (Joan Margarit «En un pequeño puerto»).

De vuelta a Joan Margarit

maxresdefaultVuelvo a la poesía de Joan Margarit en tiempos de acritud, desmemoria, mala fe, a cada cual la suya, claro. Una poesía sin ruido que es un puerto de quietud. Su poesía reunida (Todos los poemas 1975-2012) me ha acompañado estos últimos meses. Hoy vuelvo a estos versos del poema “Amarante”

Siempre he querido irme:
si viajo es porque aún insisto en perseguir
un lejano lugar como refugio. Y no regresar nunca.
Es la casa más bella que recuerdo haber visto,
y también mi última oportunidad.
Pero ya estoy lo suficiente lejos.
Ahora no hace falta que me marche.

Me gustaría suscribirlo, pero no puedo, ni estoy suficientemennte lejos, ni he dejado de buscar esa casa. Pasa el tiempo y recorro anuncios, interiores, exteriores de casas que no están a mi alcance, las veo al paso, en un lugar o en otro, por sitios porr los que no voy a volver a pasar. Busco la caja de los analgésicos y pienso que si viajo allá lejos será para regresar y que todos serán un último viaje y un regreso, y que la casa, bueno, la casa. Decir que la perdí por el camino es poco.

El tiempo que queda, Reggiani por Kaurismäki.

Captura de pantalla 2016-03-30 a las 22.04.05Reggiani encontrado sirviendo café y hamburguesas en un chiringuito, a las puertas de un cementerio, el de Hampstead, en la película I Hired a Contract Killer, de Aki Kaurismäki, y recordando ese texto que le escribió Jean-Loup Dabadie Le temps qui reste, que está en You Tube. Aquí va la letra. Un Reggiani ya muy cascado, menos que cuando lo escuchábamos en Le Deserteur o más aún, en Je voudrais pas crever, quisiera no espicharla, sí, eso, de “Quisiera no espicharla”, de Boris Vian, de hacia 1969 o tal vez 1970.  Tener veinte años y no querer espicharla, tener muchos más y pensar en el tiempo que queda y en lo que se puede o no hacer, muy lírico, claro, el poema, las realidades de la noche en vela o de las cuentas de lo que no vuelve, son otra cosa, más desgarradas. Con todo, no hay como silbotear en el bosque, cuando no te ve nadie.

Combien de temps…
Combien de temps encore
Des années, des jours, des heures combien?
Quand j’y pense mon cœur bat si fort…
Mon pays c’est la vie.
Combien de temps…
Combien

Je l’aime tant, le temps qui reste…
Je veux rire, courir, parler, pleurer,
Et voir, et croire
Et boire, danser,
Crier, manger, nager, bondir, désobéir
J’ai pas fini, j’ai pas fini
Voler, chanter, partir, repartir
Souffrir, aimer
Je l’aime tant le temps qui reste

Je ne sais plus où je suis né, ni quand
Je sais qu’il n’y a pas longtemps…
Et que mon pays c’est la vie
Je sais aussi que mon père disait:
Le temps c’est comme ton pain…
Gardes en pour demain…

J’ai encore du pain,
J’ai encore du temps, mais combien?
Je veux jouer encore…
Je veux rire des montagnes de rires,
Je veux pleurer des torrents de larmes,
Je veux boire des bateaux entiers de vin
De Bordeaux et d’Italie
Et danser, crier, voler, nager dans tous les océans
J’ai pas fini, j’ai pas fini
Je veux chanter
Je veux parler jusqu’à la fin de ma voix…
Je l’aime tant le temps qui reste…

Combien de temps…
Combien de temps encore?
Des années, des jours, des heures, combien?
Je veux des histoires, des voyages…
J’ai tant de gens à voir, tant d’images..
Des enfants, des femmes, des grands hommes,
Des petits hommes, des marrants, des tristes,
Des très intelligents et des cons,
C’est drôle, les cons, ça repose,
C’est comme le feuillage au milieu des roses…

Combien de temps…
Combien de temps encore?
Des années, des jours, des heures, combien?
Je m’en fous mon amour…
Quand l’orchestre s’arrêtera, je danserai encore…
Quand les avions ne voleront plus, je volerai tout seul…
Quand le temps s’arrêtera..
Je t’aimerai encore
Je ne sais pas où, je ne sais pas comment…
Mais je t’aimerai encore…
D’accord?

Un chiringuito fúnebre y cochambroso en el que suenan Mi Buenos Aires querido y Cuesta abajo….

Captura de pantalla 2016-03-30 a las 22.27.56Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser.
Bajo el ala del sombrero
cuantas veces, embozada,
una lágrima asomada
yo no pude contener…
Si crucé por los caminos
como un paria que el destino
se empeñó en deshacer;
si fui flojo, si fui ciego,
sólo quiero que hoy comprendan
el valor que representa
el coraje de querer.

Equipaje pesado (Diario volátil 15)

Captura de pantalla 2016-03-30 a las 09.38.061.- «El baúl de los recuerdos es cada vez más duro de llevar». Aki Kaurismäki en La chica de la fábrica de cerillas: desdicha a raudales… y solo un botón de muestra. Los acontecimientos se han precipitado, se precipitan a diario. Ese cine más que crónica de una época pasada es una premonición de un futuro inmediato, el de la repetición tenaz del presente.

2.- Albert Camus llamó al XX el siglo del miedo. ¿Cómo podríamos llamar a este XXI… cómo deberíamos llamarlo? L’homme revolté, humanismo el suyo hecho trizas. Es inútil preguntarse cuándo y dónde será el próximo atentado.

3.- Ética periodística: apropiarte de argumentos de novela ajenos para escribir una notita, dar el pelotazo y destripar el trabajo de años. El primero que da, ya se sabe.

4.- Leo que hay autores que dudan entre publicar con un editor grande o uno pequeño. A cierta edad con tener uno solo puedes darte con un canto en los piños que te queden.

5.- De cuando las redes sociales sirven para revelar enemistades, enconos y diferencias insalvables que el prurito de estar y por lo tanto ser, salva en apariencia, y sobre todo para darte cuenta de que has tratado con quien no creías tratar… Los buenos amigos aparecen en otra cuenta. (Cuaderno del optimismo).

6.- Guillermo Quiñonez, indisolublemente unido a Valparaíso, en el comienzo de ese hermoso poema que es Balada de la galleta marinera: «Canto que a nadie ha de interesar es este». Buen momento para retomar la escritura con más brío.

7.- «Eso te pasa por tener el olvido difícil»… creo que se lo decía un títere a otro en la Bodega de Larequi (Biargieta, calle de la Amargura semiesquina con La Puerta Falsa), pero no estoy seguro. Estaba muy revuelta la compañía ese día, pero sí el olvido difícil es un cepo.

Marionetas mexicanas

Captura de pantalla 2016-03-30 a las 08.26.00 Captura de pantalla 2016-03-30 a las 08.26.24Las venden en un comercio nocturno de Biargieta, ese barrio que abre sus puertas cuando las del día se cierran. Vienen de México y sus hilos se enredan como los de las vidas aturulladas que luego cuesta desenredar para que vuelvan a enredarse de nuevo. La primera que tuve vino de México vía París, la recibí en un acuartelamiento de Caballería (Cornejas de Bucarest), venía en una caja negra, un ataud festivo, porque lucía un títere de la Comedia del Arte en la tapa. 1972.  Todavía la tengo a mi espalda. Ha envejecido. Yo también. Me he acordado de eso viendo The Spikes gang, un western de Fleischer de aquella época. Me pasa que me pongo a ver películas y al rato estoy pensando  en otra cosa, las imágenes desfilan, pero alguna me lleva a otro mundo y para cuando vuelvo ya no sé por dónde andan las cosas, y da igual. Rip van Winkle de mí mismo que se mira en el espejo y no se reconoce. Hasta que fallezcas estás en las cosas con las que te rodeas, en tus reliquias, en tus tesoros de urraca, en tus pobretorios. Luego no. Esa es la historia.

Redes sociales (Diario volátil 14)

800px-Hans_Weiditz091.- Si para abrir la boca tienes que mirar antes a derecha e izquierda, es mejor tenerla cerrada… al menos un rato.

2.- Redes sociales y hoja parroquial: a cada cual la suya. Con las tabernas y el cuadrilleo a ellas adherido pasa lo mismo.

3.- Escritura humanista, de cerca o de lejos: dar el pelotazo y que te aplaudan, lo demás, fantasías, engaños de predicador (Insolencias).

4.- Encuentro de viejas amistades: mirarse de arriba abajo y decirse «estamos viejos», y de seguido reírse sin saber de qué, sin querer saberlo, antes de escapar cada cual por su lado.

5.- Corren tiempos eclesiales de venid y vamos todos, y de cantar a capella sin desentonar lo que mande el amo de ocasión o tenga por himno de devoción la koadrilla.

6.- Incendiar o no las redes. Es fácil. Están pidiendo fuego.

7.- Mejor no olvidar que los furiosos cohetes de hoy son las cañas chamuscadas de mañana.

8.- ¿Elogio de la perplejidad? Ni se te ocurra, con este vendaval que sopla en el escenario mediático, un perplejo es un enemigo… a abatir.

9.- Unos meses fuera de las redes y regresas como un Rip van Winkle a contrapelo: no reconoces nada.

10.- ¿Rip van Winkle… y ese quién es? Nadie, uno, qué importa, ya no importa, ya no interesa, las referencias librescas están de sobra.

11.- Paso un rato por Facebook, me doy una vuelta por Twitter y me quedo admirado de lo muy informados que estamos de todo, no hay estímulo ante el que no reaccionemos, respuestas como disparos: el perro de Pávlov, mi semejante, mi hermano…

12.- Con el tiempo se te caen las opiniones… como el pelo, los dientes, el lápiz… igual.

Diario volátil 13 (Hablar por no callar)

DSC_00701.- Calla y sigue jugando, y si pierdes, pide la revancha… a 22 de nuevo, o alarga a 40, pero no tires la pala.

2.- El exhibicionismo del predicador desde el púlpito y de cara a la parroquia entregada, el del mando en su arenga cuartelera frente a la tropa formada con disciplina o el del cátedro histrión para su público que aspira a pasar el trámite: repulsivos los tres.

3.- ¡Últimas noticias!… A qué comentar lo que se comenta solo y resulta una obviedad, alrededor de la hoguera de los lugares comunes y alimentándolo con la leña muerta de las ideas preconcebidas… ignoro qué luz o qué consuelo aporta eso, ni para ti ni para quien te escucha.

4.- El escultor Remigio Mendiburu cuando le diagnosticaron un cáncer: «Y toda una vida por hacer». Eso recuerdo a menudo, pero en balde, porque enseguida lo olvido y sigo a lo mío al mañana tengo mucho tiempo, de Kavafis, es decir, a lo mío, a mi rutina derrochona.

5.- La enfermedad y la muerte, temas de conversación medio festiva entre gente que no está del todo bien y se felicita de ese modo el estar viva, y al hilo del recuento de desdichas calcula si está mejor o peor que aquel con quien conversa, sobre todo lo primero.

6.- Premios, homenajes, mucetas, adulaciones, banquetes protocolares, manos encima del lomo, aplausos, pompa académica o social, caja, viajes pagados, cargos… con qué facilidad el poeta secreto se hace poeta cortesano y agacha la cabeza… y contemporiza y adula al poderoso bajo el disfraz de hombre afable y ponderado.

 

 

El Batallón de la mala suerte (Diario volátil 12)

bataillon1.- Pierre Mac Orlan y Le Bataillon de la mauvaise  chance. No logro acordarme del día que me acerqué al banderín de enganche de ese Batallón de la perra suerte ni por cuánto tiempo firmé mi alistamiento.

2.- ¿La suerte está echada? Hace mucho que no hay suerte alguna que echar sobre el tapete, que lo olvides porque te conviene es otra cosa.

3.- Los liricos de vacaciones con el bolsillo caliente que se exhiben humildicos y sensibleros en las redes, amantes de la naturaleza, pero que las matan callando desde sus despachos de aparato, me dan asco. La perra que los tiró…

4.- Decía Umbral que a quien tiene la paga asegurada se le nota en la prosa… tal vez no fuera más que una desmesura de autobombo.

5.- ¿Frentes comunes? Hay gente con la que no puedo compartir emoción o sentimiento o idea alguna, ni frente a la muerte siquiera.

6.- Oigo hablar de “sensibilidad colectiva” y me entran unas ganas irrefrenables de darme a la fuga y hacerme invisible, por lo que pueda pasar.

El bien que viene…

… te hará llorar.

william_blake_005_satana_esulta_su_eva_1795El ministro de Interior, intentando emular a su amo, en su alarde permanente de necedades verbales, acaba de decir que «No hay mal que por bien no venga», refiriéndose a los atentados de Bruselas que, de nuevo, han elevado un coro generalizado de dolor e indignación, aunque notablemente menor que los atentados de Bagdad (30 muertos) y Yemen (17 muertos) e Irak (más de 30 dicen) perdidos ya en el tumulto mediático y en escenarios lejanos. De la tragedia de los refugiados en las fronteras griegas, de eso no se habla porque sus autores se lavan las manos con jabón de Europa.

         Lo explique como lo explique el ministro, y esté de manera preceptiva «sacada de contexto» la expresión, lo dicho es una necedad y un despropósito, y si cualquier ciudadano hubiese comentado lo mismo, refiriéndose a ese o a otro atentado terrorista, estaría procesado porque para el ciudadano se retuercen las leyes ad hoc que es un gusto. Él no, él puede decir y hacer todas las tonterías que le vengan en gana por muy abusivas que resulten: vírgenes, mojamas, monjas, etas, abortos, ángeles custodios aparcacoches, vaquillas… Nos ha dado pruebas suficientes de lo que afirmo. Tantas que se ha convertido en una atracción más del Circo Hispano, ese circo en derrota que lleva en el programa un esperpento permanente. No dan para más.

         Con su recio y apretado discurrir de casposo refranero tal vez se refiriera el ministro a que ese atentado le puede permitir, sin oposición alguna, un control más exhaustivo de la ciudadanía, el desarrollo e intensificación del régimen policiaco que ha puesto en marcha y desarrollado de manera inquietante. Las pesquisas y las medidas de fuerza, el extender el mapa de los sospechosos, son su única respuesta a un tiempo de verdad convulso, de poblaciones cada vez más controladas y a la vez más inermes y aterrorizadas, tiempo nuestro de los asesinos.

         ¿Tiempo de los asesinos? Sí, cierto, pero no sé si el del poeta Arthur Rimbaud, hecho lugar común a fuerza de repetirlo viniendo o no a cuento, o el de los profesionales del terror, sea su escenario una zahúrda de mugre o el Wall Street de traje, corbata y talones de aguja, o el del Viejo de la Montaña de los hachischins ismaelitas.      Traduzco una nota encontrada al vuelo a propósito de los fanáticos «asesinos» (haschichins): «El principio de los «asesinos» era lanzar uno o dos individuos (en todos caso un pequeño grupo) para matar a un personaje hostil a su causa o, como más tarde, por encargo. Pero sobre todo matarlo en medio del mayor número posible de gente, y de hacerse matar a continuación […] Los «asesinos» aterrorizaron a la población de la época porque nunca se sabía cuándo, cómo o dónde atacarían. Siempre disfrazados, eran invisibles. Y la fortaleza de Alamut, inconquistables salvo para los mongoles, reforzaba el terror que producían».      No hay cuidado, estamos hablando del siglo XII, es decir de hace ochocientos años, en Persia, en la fortaleza de Alamut, nido de buitres.

         Está visto que reclutar jóvenes para inmolarse en cuerpo y alma a fin de ganar la salvación o el paraíso viene de muy lejos, por mucho que el último grado de la doctrina secreta de la secta ismaelita fuera «nada es verdad todo es posible». Los F16 belgas pueden bombardear hoy de manera vengativa posiciones de ISIS, los drones norteamericanos suprimir personas concretas donde quieran y sus líderes políticos azuzar desde la sombra guerras de trasfondo económico y mercantil, pero bombardear ideas y arraigadas creencias religiosas seculares en las que está en juego la vida y la muerte, y el más allá, es sin duda más difícil. Paradoja de más o de menos, la inseguridad la tenemos asegurada por mucho que haya que rendir culto a la fuerza defensiva, y no se te ocurra no comulgar con la religión dominante y sus dogmas, aquí y allá, estés en la trinchera en la que te encuentres. Cuídate del bien que del mal venga y sobre todo de sus ángeles custodios y sus sumos sacerdotes.

“Voici le temps des assassins”

Captura de pantalla 2016-03-24 a las 23.09.43Les Halles, París, 1956, tal y como podían verse diez años después, y algo más tarde incluso. Voici le temps des assassins, dirigida por Julien Duvivier, con Jean Gabin y Danielle Délorme, y una pequeña canción, una complainte, cantada en los créditos por Germaine Montero.
He aquí el tiempo de los asesinos
el tiempo del veneno y de la soga
en el que ya no hay misericordia
por la vida del prójimo…
Una historia de una sordidez apabullante. Cine de otra época. ¿Rancio? ¿Folletinesco? Es posible, pero hermoso. La película de Duvivier tiene decorados de estudio, pero también  escenas impagables que valen como testimonio urbano del distrito I: hoteles que eran pocilgas, antiguos burdeles, callejuelas, basura, barrilles, camiones, carniceros con sus mandilones ensangretados, verduras, aguas servidas, gente de la noche y del día, miserables y adinerados, turistas yankees, proletarios y burgueses que bailan al ritmo de acordeón en las guinguets de la Marne… Au pied de cochon, tabernón era, recuerdos, 1971.

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