“Escribir es desaparecer”

“Escribir es desaparecer”, concluye Jorge Muzam una de sus notas, citando a Pascal Quignard, autor a quien sigo desde hace años, desde los Petits traités editados por Maeght. No se trata de eso, se trata de ventanas abiertas y cerradas, y de que la escritura las abre y te ayuda a cerrar aquellas que resultan innecesarias o meros trampantojos porque no se abren.

Cambios de vida y cambios de escritura. No sé cuáles son antes y cuáles después, pero suelen ir aparejados, al menos en las puestas en escena. Parecen sobrevenir por sorpresa, de golpe, cuando menos te lo esperas, y eso que los puedes esperar mucho y en balde, pero lo más seguro es que lleves mucho tiempo incubándolos, alentándolos, que hayan ido creciendo a la sombra de lo vivido, en su respuesta. Hay gente que tiene la fortuna de no necesitarlos. Es cierto que conforme envejeces son cada vez más difíciles y hasta comienzas a temerlos, porque si llegan, lo más probable es que sean señales de ese envejecimiento. Eres en buena parte rutina, y la rutina y los cambios, por muy necesarios que estos sean, no van bien juntos. Hace tiempo que no entiendes a Julio Cortázar cuando sostenía -¿En El libro de Manuel?- que la rutina era una de las mejores armas de la muerte, porque sin darte cuenta acabas buscando protección para la imparable escorredura en la rutina. Y sin embargo, escuchas o crees que escuchas voces olvidadas, dices que desandas el camino andado, que el tuyo, vayas hacia donde vayas, es un camino de regreso, sin saber si te refieres a otros tantos espejismos y hasta crees que las palabras perdidas y reencontradas se reordenan sobre la página de otra manera. Con la edad, menos descreído de lo que te figuras, confundes la ilusión con la esperanza y esta con un engaño doméstico que te permite poner una palabra detrás de otra. [La novela desordenada, 2009-2016]

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2 pensamientos en ““Escribir es desaparecer”

  1. Querido Miguel: Pensaba en lo estimulante que resulta recibir algunas cartas y más la visita de amigos queridos. Luego me llega el Vivir de Buena Gana, todo seguido recuerdo que esta mañana a mi amigo E.B., le entregaba tu libro el Botín, que me regalaste en la presentación, tu parecido a un alienígena de cien brazos, con poderes especiales que ve a sus espaldas…, era en Katakrak. El amigo me decía, y me recordaba al bueno de mi padre, que todos los domingos te leía y le gustaba reflexionar tu artículo. El bar es el más decente del barrio pero no tiene nada de particular, tal vez la rutina de la gente del barrio y la familiaridad. Tu, por aquí…cuánto sin vernos…te veo bien…Bueno esto era para que veas que es cierto eso de que el aleteo deuna mariposa en Beirut puede desatar un huracán en el barrio de Salamanca…Un abrazo.

  2. El efecto mariposa… hacia tiempo que no oía citarlo. Gracias por recordármelo, lo tenía perdido en un diario de viaje: escribir, darle sentido a lo que lo tiene escaso o carece de ello o parece no tenerlo, entre otras muchas cosas, lo que uno quiera. Gracias sobre todo por el mensaje.

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