Ruedo Ibérico

Captura de pantalla 2016-03-13 a las 17.02.02Ruedo Ibérico, sí, y Viva mi dueño de paso, aunque el cuchillo sea de papel, pero tan cruento como el de acero, en manos de navajeros, profesionales de la cuchillada trapera: El País, ABC, La Razón… Don Ramón María del Valle Inclán llama a la puerta del teatro bufo y como no le abren, porque no le oyen, porque no quieren oírle, echa su tarjeta de visita por debajo de la puerta y ahí queda, en la oscuridad de este tiempo que se alarga como una pesada losa.

         Pero en la tarjeta puede leerse: «Los Ministros del Real Despacho, en aquellos amenes isabelinos, eran siete fantoches de cortas luces, como por tradición suelen serlo los Consejeros de la Corona…». Consejeros, ministros, bocaslerdas, como el propio presidente de Gobierno, amigos, cortesanos, compiyoguis de la realeza en sus saraos y copetines, cuyas andanzas cubre un secreto de Estado abusivo que burla el concepto mismo de ciudadanía con una complicidad mediática que calla cuando conviene y muerde cuando ordena el amo.

La única diferencia con los personajes de Valle es que por desgracia no estamos en los amenes de la monarquía y los «Ministros del Real Despacho» y asimilados pueden suplir las cortas luces con una voracidad temible, una astucia y un nulo sentido del decoro que los hacen peligrosos hasta que caen en relativa desgracia, como el yerno de Villar Mir. Voraces como aquel Prado y Colón de Carvajal, hombre de confianza del rey juerguista, que dio en la cárcel, pero dejó un reguero de amigos y parientes que siguen en el termitero del Estado, en el ruedo del esperpento.

 La trama del Ruedo Ibérico es tan espesa e inextricable como la de la serie televisiva The Wire, como bien sabe Rato, ese gran tejedor de tramas de fortuna, y como va demostrando la aparición de negocios más sucios unos que otros, aparejados al desempeño de cargos políticos en este interminable amén de un sistema podrido.

En este ruedo que viene de lejos, unos mensajes electrónicos de la realeza, escritos con auténtico desparpajo, enseñan los fondillos de la Corona y del Estado de paso, hacen ver que una cosa es el aparato y otra, muy distinta, las trastiendas, y que estas apestan. Es decir, que se nos vende mercancía averiada a precio de primicia, y desde hace mucho, además. Lo escrito por la reina da vergüenza ajena.

A la vista de lo sucedido cunde una sospecha que enseguida se hace certeza: esa gente privilegiada se mofa abiertamente de quien no lo es. Están por encima de los demás mortales y de las leyes del común. El Ministro de Justicia se alborota no por la seguridad jurídica de todos los ciudadanos, sino porque han tocado a los intocables. Las comunicaciones son secretas, cierto, pero la aplicación de la ley depende mucho de quien seas, algo que ya es de manual y figura en el programa de mano del esperpento nacional.

Esperpento el de un país cuyo presidente hace estallar en carcajadas a los tendidos cuando abre la boca y con sus lapsus y embrollos verbales demuestra que padece trabajos en los desvanes. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? Pues eso lo supo Valle-Inclán, visionario de un país en derrota y en franca descomposición ahora mismo, un país ruidoso, taurino y milagrero, cuyas Vírgenes y mojamas andan por los pasillos y covachuelas del Tribunal Constitucional gracias al ángel del ministro del Interior que le aparca el coche y los refugiados, aquellos que dijeron con pompa y majeza española que iban a recibir y no han recibido, sino todo lo contrario. Las dos medidas siempre, la fachenda y las trastiendas, el tablado donde una cosa es lo que se dice y predica, y otra bien distinta lo que se hace.

Esperpento el de un país de embaucadores y pillos en el que de un personaje de feria, el Pequeño Nicolás, llegan a decir que tiene en jaque al Estado, nada menos que al Estado, y todo gracias a los navajeros mediáticos que dan y recortan alas a conveniencia, y convierten en notición el que el cerebro privilegiado de hace nada no sepa, ahora, en un programa guarreras de televisión, localizar Australia en un mapa.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 13.3.2016.

La ilustración es un fragmento del fabuloso cuadro de Bartholomäus Strobel El banquete de Herodes (Mueo del Pardo) que mi modo de ver ilustra el “barullo” al que no creo  se refiera el rey de España en su mensaje.

Esperpento y ese poso de amarga melancolía y desgarro que inspiró nuestra picaresca hambrona.

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2 pensamientos en “Ruedo Ibérico

  1. Estupendo escrito. Denso. Intenso. Retrato certero. No en vano las monarquías siempre fueron eso y poco más. Y ya si encima nos la implanto ese “intelectual” del Ferrol que menos se puede esperar. Estamos en unos tiempos muy modernos de iphones, tablet y demás artilugios tecnológicos pero seguimos teniendo el seso (y el sexo también) de las cavernas porque todavía nos da como pereza mudarnos al sentido común, que es el menos común de los sentidos, a la vista está. Pues en esto de la gobernanza y la política, como en el programa telebasura “sálvame”, nos mandan personajes que ni siquiera darían talla para presentar el susodicho programita televisivo que tanto gusta a las chonis. Una vergüenza nacional son, y sin visos de que nada cambie a corto y medio plazo. Habrá que esperar a la re-Encarnación, que es una vecina jamón por la que si merecería volver a intentarlo todo porque otras razones ya ni se me antojan.

  2. Miguel, no soy un gran lector de Valle pero ahora que se aproxima la estación, comento estos versos de su capa (donde por cierto se encerraba y hacía la cruz cuando le faltaba el has): “Por la divina primavera/ me ha venido la ventolera/ de hacer versos funambulescos/ un purista diría grotescos.” Que ocurre? que con las pejigueras de los privilegiados parlamentos, hay un enfoque de la política mendaz que hace que gran cantidad de asuntos que hacen de la vida, no una sucesión de burocratadas, sino vivible, meramente vivible, no pido más. Valle tiene entre sus poemas uno titulado “Herbolario”,-creo-; te das cuenta de cómo nos tratan como a críos, que la responsabilidad individual nogana terrenos ante lo conveniente, ante el modoso ten cuidado con lo que dices y/o haces…Las instituciones otro día a lo mejor hablamos, no se puede menospreciar el poder de los ritos del poder, aunque no valga la redundancia.
    Saludos y salud¡ Y gracias por el cotidiano Vivir de buena gana.

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