Algo habían oído

CSQrPfnUwAAwNX5 Tal vez por eso, por haber oído “algo” de la estruendosa astracanada valenciana que suena desde hace años, una auténtica mascletá de indecencias, se acaba de saber que, semanas antes de las elecciones, el Partido Popular cambió los discos duros de sus ordenadores de Tesorería y quiso alterar sus números de serie, pero que la empresa suministradora de Hewlett-Packard se negó a cambiar las placas de identificación porque es ilegal.

Parece, eso dicen, que los dejaron a cero, como los de Bárcenas y sus papeles, asunto este que también les debe sonar de oído y de lejos, por mucho que estén directamente implicados y hayan puesto la mano en el fuego por gente que está en la cárcel. Luis sé fuerte ¿recuerdan?… y hay más: ponían como ejemplos éticos a delincuentes.

También han oído algo, solo algo, pero se ve que de lejos, de pasada, de que hay alrededor de mil personas relacionadas directa o indirectamente con el PP que se encuentran acusadas, investigas, procesadas, encarceladas, ex imputadas… nada, un rumorcillo, un viento de calumnia, desdeñable por tanto, por mucho que, ahora, los jueces se estén por fin aplicando y aflore lo que hace unos meses o años no acababa de aflorar, no sabemos por qué, porque el clamor, el rugido, el estruendo lo oíamos todos. Su tarea era negar la evidencia, dentro y fuera del Congreso, de viva voz o por medio de la prensa que les ha servido de ministerio de propaganda. Decir que hemos estado gobernados por bellacos es poco.

No cabe mayor desfachatez en un gobernante que la demostrada por Mariano Rajoy, el decidor de necedades y cabeza visible del partido político más corrupto de la historia reciente de España, en dura competencia con el franquismo y su aparato, del que proviene desde su fundación. ¿Cómo lo iba a condenar? Imposible. Rajoy pasará a la historia universal no sé de la infamia o solo de la bobería, si todavía hay alguien a quien le queden arrestos para escribirla.

El último gobierno de la nación ha hecho del no enterarse, del no querer enterarse, un principio político, una filosofía, una moral. Oídos sordos, narices tapadas porque la podre se imponía y en la boca, la patraña, y todos de cara a los ángeles custodios, esos que andan metralleta o porra en mano, a las vírgenes y a las mojamas, que son los que juntos o por separado iban a poner remedio a este país cada día que pasa más irremediable, más putrefacto. Su no enterarse de lo que ha sucedido es signo de complicidad dolosa. La impunidad es un clima.

Imagino que algo habrán oído los gobernantes de los refugiados que andan desamparados a las puertas de una Unión Europea que ha enseñado los fondillos, su peor cara, la del perro de presa, porque entre lo que a bombo y platillo dijeron a propósito de acoger refugiados hace unos meses, cuando se produjo la estampida, y lo que en realidad sucede y han hecho, hay tal diferencia que cabe afirmar que, en efecto, no se han enterado de lo sucedido por mucho que los medios de comunicación, tanto los que ellos manipulan, como los que no, abrieran páginas e informativos con noticias de hechos que no pueden ser más dramáticos… cuando no los han tergiversado adrede para crear alarma social en contra de los refugiados, echándoles encima la sospecha de la delincuencia generalizada. Algo que no ha sido atajado de manera firme desde las instituciones. Esa información negra que tiene a los refugiados como protagonistas es algo que excede a la libertad de expresión dichosa, esa que beneficia a unos y perjudica a otros, siempre o casi siempre los mismos. A todos nos pueden aplicar una estadística, o dos si nos descuidamos.

Una vez más han echado a rodar a sus ángeles custodios, armados hasta los dientes y no es cosa de nadie, es de Europa. Los abusos están al caer e impedirán la información, aunque ya total para qué si hay público que los aplaude. Al drama humano, el gobierno, escudado en Europa, responde con la violencia, no solo física, que también, sino institucional, política, hecha ley del más fuerte, ley a secas. Es todo un aviso de futuro.

 

Anuncios