Diario volátil 13 (Hablar por no callar)

DSC_00701.- Calla y sigue jugando, y si pierdes, pide la revancha… a 22 de nuevo, o alarga a 40, pero no tires la pala.

2.- El exhibicionismo del predicador desde el púlpito y de cara a la parroquia entregada, el del mando en su arenga cuartelera frente a la tropa formada con disciplina o el del cátedro histrión para su público que aspira a pasar el trámite: repulsivos los tres.

3.- ¡Últimas noticias!… A qué comentar lo que se comenta solo y resulta una obviedad, alrededor de la hoguera de los lugares comunes y alimentándolo con la leña muerta de las ideas preconcebidas… ignoro qué luz o qué consuelo aporta eso, ni para ti ni para quien te escucha.

4.- El escultor Remigio Mendiburu cuando le diagnosticaron un cáncer: «Y toda una vida por hacer». Eso recuerdo a menudo, pero en balde, porque enseguida lo olvido y sigo a lo mío al mañana tengo mucho tiempo, de Kavafis, es decir, a lo mío, a mi rutina derrochona.

5.- La enfermedad y la muerte, temas de conversación medio festiva entre gente que no está del todo bien y se felicita de ese modo el estar viva, y al hilo del recuento de desdichas calcula si está mejor o peor que aquel con quien conversa, sobre todo lo primero.

6.- Premios, homenajes, mucetas, adulaciones, banquetes protocolares, manos encima del lomo, aplausos, pompa académica o social, caja, viajes pagados, cargos… con qué facilidad el poeta secreto se hace poeta cortesano y agacha la cabeza… y contemporiza y adula al poderoso bajo el disfraz de hombre afable y ponderado.

 

 

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Un pensamiento en “Diario volátil 13 (Hablar por no callar)

  1. Hola Miguel, este hablar por no callar me gusta. Da la impresión de que juegas a los dardos. Me estoy leyendo la flecha del miedo y voy por la muerte de Stanis…entra curiosidad, qué, porqué, cómo…Me viene Bernhard-creo que es- y me vienen cosas curiosas con los muñecos porque casualmente mi hija se ha hecho titiritera y fabricante de muñecos entonces imagino que le puede ir medio bien…Mabuse es famoso…Wendy la imagino un cielo y Robin astuto zorro. Enfín que me espera el final de la novela. Ah, Miguel, para más inri mi mujer se llama Irina. Un abrazo.

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