La saetera de Juan de Yepes

Image18Leo a Gerald Brenan en su biografía de San Juan de la Cruz y me doy cuenta de que mis referencias literarias más recurrentes son de hace casi cuarenta años. El libro se desencuaderna al abrirlo, el papel, va como muchos, camino de la putrefacción, los subrayados me remiten a quien solo sé quién era si me lo invento y hago pasar la ficción por audaz autobiografía. La cubierta tiene manchas de moho, la librería donde compré mi ejemplar hace tiempo que no existe… y la editorial tampoco. En resumen, el tiempo, el mismo que pone rosas de cementerio en el dorso de tus manos.

Subrayé entonces algunas líneas que me parecieron significativas. Unas, en el pasaje en el que Brenan cuenta su visita al monasterio trinitario cercano a Iznatoraf en el que vivió Juan de Yepes, donde le mostraron la legendaria celda de la torre en la que se encerraba el fraile a meditar y contemplar el paisaje a través de una saetera, un escondrijo en realidad: «En la vida de Juan de la Cruz hay otros ejemplos de su predilección por retirarse a algún lugar oscuro y oculto que diese sobre un amplio panorama». Me gustó la idea, me pareció apropiada para una forma de ver las cosas.

Las otras son del propio Juan de Yepes en una carta a la priora del monasterio de Beas: «Y a nuestra hermana Catalina, que se esconda y vaya a lo hondo». También me gustó aquello como sugerencia de «guía». Cuarenta años después me doy cuenta de que ni me he escondido, ni he ido a lo hondo, ni me asomado de manera apropiada al mundo en el que vivo, ni a mis iguales y que está todo por hacer… y las rosas de cementerio ahí están.

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Un pensamiento en “La saetera de Juan de Yepes

  1. Me parecen de lo más misterioso los oficios. No me explico el porqué de unos y otros derroteros radicalmente distintos de la actividad cotidiana de la diferente gente: porque este hombre ha sido siempre…pescatero y aquel otro pescador por ejemplo. “Entremos más adentro en la espesura”.

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