No le consta

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Al Presidente de Gobierno no le consta que haya familiares de víctimas del golpe militar de 1936, de la Guerra Civil y del franquismo, que buscan las fosas donde están enterrados los suyos. No hay por qué rasgarse las vestiduras. No tiene sentido, por mucho que la suya sea una afirmación dolosa y ofensiva para las víctimas y sus familiares. Pero no es que no le conste, sino que se la bufa. Rajoy ha dado pruebas más que suficientes de una crueldad propia de reyezuelo carente de instrucción elemental y de empatía; de su espíritu de justicia mejor no hablar.

Se lo han dicho y repetido distintos organismos internacionales –estos mismos días ha sido el Consejo de Europa– que han señalado la desprotección de las víctimas del franquismo, la impunidad y el desinterés doloso del Gobierno y sus órganos e instituciones por dar satisfacción a quienes buscan las fosas en las que están enterrados sus familiares sacados de sus casas y asesinados en tapias y descampados. La ONU lo hizo en el año 2014, escenario en el que los servicios diplomáticos de propaganda del régimen mintieron a placer. Lo mismo por lo que se refiere a los obstáculos, hechos burla de convenios internacionales, a las actuaciones judiciales de la querella argentina que persigue torturadores y franquistas acusados de ser responsables de actos criminales. Es lógico pues en la medida en que el Gobierno, y buena parte del aparato del Estado, es heredero directo del franquismo.

El Presidente del Gobierno en funciones puede decir que no le consta el clamor de miles de personas o el ruido que por si sola hace la cifra de 114.226 desaparecidos, y eso será una prueba más de que hace oídos sordos a lo que en todos los órdenes reclama buena parte de la ciudadanía, de que ignora lo pretendido por el juez Garzón, los miles de artículos y trabajos históricos, y los testimonios directos de las víctimas. Pero conviene recordarle que no solo las cifras y los testimonios son abrumadores, sino que, en la época en la que él fungía de registrador de la propiedad, una biblia profesional, como es el BOE, publicaba un día sí y otro también edictos judiciales en los que se hacía expresa referencia a la búsqueda de desaparecidos «por causa de la guerra civil» «sacados de sus casas de los que no se ha vuelto a tener noticia», «fusilado o pasado por las armas» incluso, y otras parecidas. Edictos necesarios para poder inscribir en el registro civil la defunción y proceder a sucesiones o ventas de inmuebles. Sería raro que Rajoy no hubiese tenido que ocuparse de alguna inscripción registral en la que apareciera una circunstancia como la que señalo. El diario El País también publicaba esos edictos judiciales. Era a comienzos de los ochenta; y más tarde incluso. Claro que para un lector del Marca esto es gollería, porque sabemos que este hombre no lee y es de instrucción deficiente, de modo que es posible que ignore las noticias de la prensa que se ha hecho eco de esa búsqueda interminable de desaparecidos, de las circunstancias precisas en que desaparecieron y que relatan sus herederos, unos ancianos, de la misma forma que es posible que ignore, y es mucho ignorar, la petición de verdad, de justicia y reparación que él mismo y los suyos han denigrado en el Congreso (diputado Hernando) y fuera de él, negándose a debates elementales y a ayudas, condenas, investigaciones o reconocimientos efectivos y plenos de las víctimas. Mala fe pues la suya y a raudales. Es difícil encontrar una explicación sociológica o patológica al por qué se le sigue votando y por qué motivo no ha sido reprobado, cuando menos de manera mediática.

En el fondo el «No me consta» de Rajoy es de una coherencia absoluta. No dijo más que lo que muchos de sus votantes piensan y sostienen porque quieren, como una seña de identidad política y una plena justificación de los hechos. El régimen instaurado por Rajoy con su mayoría parlamentaría es, por sus actos y su perverso aparato legal, lo más parecido a uno plenamente autoritario dentro de una dictadura parlamentaria que está resultando difícil de desarmar. ¿Exagero? Sin duda… pero no soy único al que le consta que tiene conciudadanos que siguen buscando a los suyos.

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Una fosa entre miles, de desconocidos que buscarían si pudieran a sus familiares. La fotografía la saqué yo mismo en noviembre de 2012.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 10.4.2016

 

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