Shinrin-yoku en el hayedo de Larrazu.

DSC_0010Llevo más de 21 años recorriendo de forma habitual parajes como el de la imagen y hoy me he enterado de que hago Shinrin-yoku, cuando menos a ratos. No siempre claro, porque el caminar no es por fuerza sinónimo de corazón en calma, y el bosque tampoco. Lo decía Bernhard, que de ruidos propios sabía un rato. Hay días que sí y días en que se te llevan todos los diablos, ya sea dentro del bosque o fuera de él, y si no pones los cinco sentidos en tu caminar, como recomiendan los gurús, te das un trompazo.

El descubrimiento de que en lugar de caminar por bosques y rincones del valle de Baztan y aledaños, hago Shinrin-yoku, me ha reconfortado. Andar a pelo lo hace cualquiera, lo otro no, es refinado y filosófico, tiene estilo, marca tendencia. No sé si ponerlo en mi currículo. En todo caso el descubrimiento me ha recordado a monsieur Jourdain, de El Burgués gentilhombre, que un buen día, conversando con su maestro de filosofía, el que tenía que escribirle un billete galante con estilo, descubrió que llevaba toda la vida hablando en prosa y se quedó pasmado y contento, contento y pasmado, y no perdió ocasión de dar lecciones al respecto. Por si acaso, yo sigo, un paso detrás de otro.

*** En la imagen, el hayedo de Larrazu esta mañana.

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