La vida alegre

golfosSi no fuera tan grave solo sería de carcajada, como un numerito más del despiporre nacional en sesión continua, una atracción de feria grosera, una astracanada; pero no, aunque cueste cada vez más interesarse, indignarse y comentar lo que se comenta solo, son pruebas contundentes de un país en descomposición. No son hilillos de plastilina, como los del Prestige, ni casos aislados, sino una atmósfera, una forma de vida tóxica que parece impregnarlo todo.

Conde es detenido a bombo y platillo, sale a relucir de manera somera su montaje de ingeniería financiera –poco o nada se dice de sus víctimas, que las hubo– y de seguido entra en prisión, pero cuando las rejas se cierran a su espalda se acabó la función. Eso sí, en el aire de la barraca flota un tufo a enigma: el por qué ahora, el desde cuándo y el cómo y el quiénes más… Lo tapa la dimisión de un ministro acusado de manejar sociedades opacas en un paraíso fiscal y mentiroso compulsivo, pero quien le ha nombrado no dimite ni asume lo dicho en múltiples ocasiones acerca de la honorabilidad de los atrapados con las manos donde no debían. El presidente de Gobierno no asume nada, nunca lo ha hecho, no iba a empezar ahora. Es inútil reclamarle nada. Rajoy a Évole: «Asumiría la responsabilidad cuando alguien elegido por mí cometiese un acto de corrupción». No se rían, que es peor.

Es difícil creer que no supieran lo que el financiero estrella, el ejemplo social de una generación de arribistas, se traía entre manos. Es difícil creer que el Gobierno, a través de su órganos, servicios e instituciones, no conozca el alcance real de la evasión de capitales, de los pufos y los negocios fraudulentos realizados al amparo del ejercicio de la actividad política y a su sombra.

Resulta imposible no pensar en que es mucho más lo que ignoramos que lo que se nos suministra como si fueran bocados para bichos amaestrados.

Haber, hay papeles de todas partes, en manos de unos y de otros. Hay mercado de papeles. Nadie da nada por nada. Mario Conde los compraba, ¿se acuerdan? ¿No? Es igual. ¿Y la mafia china y su fuga de capitales? ¿Y Andorra? ¿Y el clan Pujol? La tela de araña es demasiado espesa o demasiado sólida, no se va a romper así como así.

Papeles de más o de menos, y esperanzas frustradas de quienes querían ver como consecuencia de los papeles panameños la aparición de esos nombres de bufetes de abogados, termitas de las instituciones que taladran por cajas de ahorros, ejecutivas regionales de partidos en derrota y moscosismos varios, dedicados con impunidad a poner dineros a mejor recaudo en Luxemburgo o Liechtenstein, o donde sea, me es igual. Hacienda no somos todos, no es verdad lo que nos dicen. Aquí no paga más que aquel a quien no le queda más remedio. Los servicios del Estado saben más de lo que parece, pero saben a conveniencia porque los escandalazos y sus protagonistas salen con cuentagotas –¿A quién o a quiénes tapa el numerito de Bertín Osborne?– en el momento oportuno, de modo que los nuevos tapan los anteriores y benefician una imagen tramposa de la limpieza de las instituciones.

Y por seguir con las irrefrenables carcajadas, ya que otra cosa no podemos hacer, el ministro Montoro solicita a quienes los tengan que entreguen los papeles de Panamá «a las autoridades». Pero hombre, menos guasa, eso es garantía de opacidad. ¿Quién se fía de las autoridades? ¿Los votantes del PP? El descrédito de las instituciones hace mucho que se consumó.

A los manos limpias, paladines de libertades y honradeces, los detienen acusados de extorsión y se deja ver que su actividad procesal encubre delitos, y a Aznar, otro, profesional de los sermones de honestidad, le multan por evasión de impuestos porque esta vez le han cazado, y eso es noticia menor. ¿Un ex presidente tramposo? «¿Y qué… pasa algo?», dirá el matón de cabecera.

Un poco tarde me parece, pero por fin alguien se pregunta cómo varios millones de personas han permitido con sus votos la continuidad de este estado de cosas. No queda más que concluir que son iguales que ellos, que se votan a sí mismos y a su concepción de la vida pública y de la privada, propia y ajena.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 17.4.2016

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Un pensamiento en “La vida alegre

  1. Con la violencia de una discusión de divorcio; unos no podemos vivir sin los otros. Parecerá maligno pero formamos parte de los otros. Fascinante como diría Spok lo cuántico de la existencia; apremiante darse explicaciones imposibles del cúmulo de existencias que nos rodean. Hola Miguel, no se ha que venía todo esto. Supongo que a la costumbre que vuelve de escribirnos. Gracias por ponernos al día de lo va pasando en los palacios a los de “choza y palacio” que no salimos de la choza hace lo suyo viviendo en la calle Palacio.

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