El tiempo, que va pasando…

IMG_0021… como la vida… sigo escuchando a aquel grupo chileno cantar zamba de mi esperanza en la plaza O’Higgins de Valparaíso, un día de otoño austral, porque era una de las canciones de mis veinte años,  pero no es esa escena la que me ha traído este golpazo de viento negro, sino ese libro de Cioran que he abierto esta tarde por casualidad en el que  me he encontrado una página marcada con un tique de café; una página que habla del sarcasmo de la gloria clandestina,  sueño supremo de los delicados y los  abúlicos, un asunto este del que aquel joven de 25 años no tenía la más remota idea ¿Qué hacía yo en enero de 1976, en París, en el Drugstore de St-Germain? Ni idea. Como intente recordar algo será una invención o una superposición de imagenes, recuerdos e invenciones: el velador mínimo en la terraza cubierta, esquina con la rue de Rennes, las sillas, el cenicero anaranjado (¿seguro?), ni idea de qué pude haber tomado por 44 francos ni con quién… De ese día en concreto no recuerdo nada, sí de que mi hija nació unos pocos días después. ¿Caída en el tiempo? No, un porrazo, un auténtico porrazo, el tiempo te va, si no matando, sí cuando menos desnudando, y de las páginas en las que Cioran habla de la búsqueda de la notoriedad como tabla de salvación y de la guasa que tiene el querer ser aplaudido a toda costa por los mismos sobre los que vomitas, mejor no hablar, son cosas de Cioran, desesperado de marca, en el 21 de la rue de l’Odéon, hace cuarenta años.

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