Títeres entre rejas

2016020620213310827 Hace unas semanas, unos titiriteros representaron una obra en la que al hilo de lo narrado aparecía una pancarta, «Gora AlkaETA», frase que ha dado la vuelta al mundo de las comisarías, los juzgados y los medios de comunicación afines al Gobierno o que han dejado su capacidad crítica o de análisis en la consigna de la estación Decencia. La consecuencia fue que los titiriteros fueron de inmediato enviados a prisión acusados de enaltecimiento del terrorismo. Una medida por completo desproporcionada que tenía más de arrebato judicial, de abuso de derecho y de voluntad de castigo sin juicio, que de análisis ponderado de lo sucedido. ¿Vio el juez la obra? No, pero la juzgó, a ella y a quienes la pusieron en escena. Todo un aviso de por dónde soplan los vientos del tiempo.

 Ahora, unos actores, Alberto San Juan y Gloria Muñoz, han vuelto a representar parte de esa obra en apoyo de los titiriteros acusados de enaltecimiento del terrorismo y como una protesta directa contra los efectos de la Ley Mordaza y de los recortes en la libertad de expresión derivados de ella.

A la AVT le ha faltado tiempo para presentar una ampliación de la denuncia contra los actores que se han atrevido a representar esa obra de títeres de los llamados «de cachiporra», en la que aparece la dichosa pancarta como una pieza en la que, casualmente, se denuncia un montaje policial contra una inocente, la bruja, algo que en la realidad le sucedió a la artista Patricia Heras y que le empujó a la muerte.

La obra, salvo que se retuerza la ley y los argumentos que sirvan a la aplicación de esta, no es delictiva, no puede serlo, en la medida en que están ausentes todos y cada uno de los requisitos necesarios, empezando por la intencionalidad. Es delito en la voluntad del denunciante y de sus cómplices ideológicos, porque este es un asunto político, y solo ahí.

Aquí no se trata de enaltecer o de dejar de enaltecer el terrorismo, sino de limitar o impedir la libertad de expresión y de someter espacios de opinión a una vigilancia acuciosa que acaba de manera inmediata en la franca censura, la persecución policial y en la autocensura que el miedo provoca. No hay derecho a que esa vigilancia social la ostente la AVT convertida en institución sagrada más intocable que la monarquía o la conferencia episcopal, sustraída a toda clase de críticas e investigaciones oficiales y mediáticas, lo que en una sociedad democrática es un abuso.

El delito de enaltecimiento del terrorismo es un saco roto en el que entra de todo y es imposible no ver a la AVT como el brazo ejecutor de una política gubernamental que tiene al ministro del Interior como máximo exponente.

 Me temo que este no es un hecho aislado ni puntual. Parece que vuelve lo intocable, lo indecible, lo sagrado, lo que no se puede decir ni pensar y la inquisición aplicada al caso. Basta la sospecha, la alusión, basta retorcer e interpretar de manera arbitraria hechos y leyes; basta urdir una legislación represiva. Los espacios sustraídos a la crítica y a la disidencia son cada vez mayores, algo que se acepta con resignación ciega.

En mi opinión, tanto los titiriteros como los actores que han vuelto a representar la obra y los periodistas y comunicadores que han acompañado a los primeros merecen un pleno apoyo moral, y formal. Es preciso manifestarse en contra de la ley Mordaza, ley que el PSOE aseguró derogaría si llegaba al poder pero que no ha estado en su programa (con la reforma laboral ha pasado algo peor).

Al margen de los títeres de cachiporra hay un dolor cierto, indiscutible, el de las víctimas del terrorismo que dudo mucho haya sido objeto de burla o denigrado de la manera que sea por los titiriteros.

Detrás de estos hechos se vislumbra una voluntad política de instaurar zonas oscuras sustraídas a la crítica, a la creación, a la reflexión y a la escritura de verdad libre, y de imponer verdades oficiales de obligado acatamiento, con una aquiescencia casi generalizada, que dejará la libertad de conciencia en algo que mejor será ejercer a puerta cerrada, en familia, y aun así. Hace tiempo que salieron de cacería.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 1.5.2016

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