Llegó el día… y la noche también.

IMG_0123“En el fondo nada depende de los electores y de sus ansias”, dice Gregorio Morán en su artículo “Reflexiones ante una urna” http://www.bez.es/139238680/reflexiones-ante-urna.html vía @bezdiario, aquí enlazado… ¿Derrotista o lúcido? Sea lo que cada cual considere, lo cierto es que es hora de preguntarse quién maneja en realidad los hilos del poder político, al margen, y muy lejos, del llamado con precisión “juego democrático”, y, en consecuencia, quién gobierna el país y desde dónde, y en beneficio de real de qué clase… Reflexión nada correcta esa, desde luego, porque el juego dichoso te exige ser un buen ciudadano y jugar para que el resultado tenga la apariencia de que el sistema político y social se mantiene en pie con tu consentimiento y participación… Votar por obligación y por castigo, cuando otras consultas se te niegan, y lo sabes, y lo aceptas. El voto de la desgana, el tuyo, legítimo, carajo, que esto no es un partido de elegante lawn tennis ni una ceremonio religiosa del Venid y vamos todos.

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Fernández y Cía.

SHIP_OF_FOOLS_2014_El rasgado de vestiduras que ha provocado la publicación de las conversaciones destinadas a urdir patrañas contra políticos catalanistas, con el fin de arruinar sus carreras políticas y con el conocimiento del presidente del Gobierno, ha sido estruendoso. Todos pedimos que la ley actúe, tanto los autores de la fechoría y sus cómplices como los denunciantes y su parroquia. Ahora bien, me temo que la gravedad de los hechos de los que se acusa a Fernández Díaz y a su banda son la mejor garantía de que no van a tener consecuencia alguna, como viene siendo habitual por otra parte: ninguna sorpresa por ese lado.

Al hilo de la torpe defensa esgrimida en balde por el ministro Fernández lo que es delictivo y mafioso es lo que ellos han hecho. A la vista de lo que hemos conocido, en esta y en otras ocasiones, da miedo o un asco definitivo imaginar lo que no sabemos y lo que se nos ha ocultado en todos los órdenes, las trastiendas de la banca, el Ibex, los tratados internacionales, las zonas opacas, los mejunjes de la fiscalía del estado al servicio del gobierno de turno y en afinidad ideológica plena… No me extraña que los medios de comunicación internacionales se hayan hecho eco de este atropello… pero esto no es nuevo, porque vienen haciéndolo desde hace tiempo acerca de la Ley Mordaza, el maltrato policial, la falta de garantías democráticas y libertades civiles conculcadas en los años en que Fernández ha sido ministro de la porra.

La pintoresca y repulsiva trayectoria personal exhibida, con sus ángeles custodios y sus vírgenes condecoradas, sus monjas y mojamas, sus patrañas encubridoras de hechos que con voluntad jurídica podrían ser calificados de delictivos, no ha hecho sino convertir los hechos en un episodio grotesco más. Fernández no es el agente Mortadelo, es mucho más serio y la burla no es sino expresión de nuestra impotencia para conseguir su procesamiento y su dimisión. El sistema democrático español, con todo su aparato judicial, falla, eso está claro.

Las frases de las conversaciones grabadas que se han publicado reflejan una desvergüenza mayúscula. Por ejemplo esta del juez Daniel de Alfonso: «¡Le tenemos pillao, pillao, pillao! Yo estoy a sus órdenes, ministro» o esta otra que asombra por su bellaquería: «Les hemos destrozado el sistema sanitario». ¿Destrozado el sistema sanitario? Es la mejor demostración de lo que son capaces de hacer.

Sería como mínimo un lenguaje inapropiado en un magistrado, pero se ve que es normal, que eso piensan dentro y fuera del escenario, donde se ve se explayan como malhechores tabernarios.

Por si lo anterior fuera poco, el viernes, miembros de la Policía Judicial se personaron en la sede del diario Público con la pretensión de hacerse con las grabaciones de las conversaciones entre el ministro Fernández y el juez De Alfonso sin orden judicial, por las bravas, algo que, ese día al menos, no consiguieron. Y tienen la desvergüenza de hablar de Venezuela, un día sí y otro también, falsificando informaciones, mientras callan y ocultan sus constantes trapacerías.

Fernández Díaz está convencido de que ha fundado un régimen policiaco y que puede hacer lo que le venga en gana, dentro de la ley ad hoc, fuera de ella o en su filo, en esa zona oscura a la que nadie quiere asomarse, como dijo en una ocasión. Va a costar mucho desmontar ese régimen, tanto en su aparato legal como en el del funcionariado cómplice que ha heredado las mañas del franquismo porque jamás fue ni depurado ni formado dentro del sistema democrático y en su apoyo, al revés.

Pero para mí lo más grave es el amplísimo apoyo social y mediático que tienen hechos como los aquí señalados de manera somera. No es que haya votantes que ignoren la gravedad de los hechos, sino que con su voto apoyan esas y otras actuaciones delictivas, hechas defensa no solo de clase, sino de régimen: la famosa dictadura de apariencia democrática. Y lo mismo o peor cabe decir de los medios de comunicación que han servido de expresos voceros, doctrinarios en muchas ocasiones, de ese régimen.

**** La ilustración es una obra de Marcin Owczarek (aquí enlazado en su página)
– Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 26.6.2016

Merodeando…

IMG_0125Merodear me gusta más que flanear, equivale a dar vueltas alrededor de algo y a husmear, al menos para mí. Pero el hecho es que esa escalera encontrada en los recovecos de la antigua judería de Bayona me recuerda algo, visto en sueños o intuido en el tiempo de los ojos cerrados. Me parece un buen emblema para este ir de ningún sitio a ninguna parte, de subir escaleras que no dan a puerta alguna como en aquella alucinación anunciada, en Aviemore, hace ya mucho. No hay puerta falsa que valga, sino un muro ciego, el de la propia vida, carajo, no hay otra.

Tempus fugit

Cl00tYZWgAA2BRL.jpg_largeTantos duques excelentes,
tantos marqueses e condes
y varones
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿dó los escondes,
e traspones?

Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre. Me acordé de ellas esta tarde en el cementerio de Sabaou, de Biarritz, en ese panteón medio abandonado, en cuya cripta están los restos de algunos aristócratas de la Belle Époque, linajes desaparecidos, blasones repintados, apellidos esfumados, olvido… y mármol de precio. Me acordé de Jorge Manrique y me acordé de cómo el tiempo se lleva por delante agravios, dignidades de cartón piedra y mandangas diversas, todo el guiñol de la bufa Danza de la Muerte que se escurre por el fondo del escenario.

Y quedar al debo… encima

IMG_0087Imagino que nadie me podrá contar la historia concreta que hay detrás de esas líneas. El firmante comunica a quien le ha avalado que “Referente a milivertad le comunico sali día 12 de Febrero del Destacamento Colgamuros Escorial Madrid”. Nemesio G. está muy agradecido por haber salido… en 1949. Lo demás es fácil de imaginar: años de trabajos forzados en condiciones extremas, el callar de los vencidos, el buscar avales, el verse obligados a agradecer por estar vivos… un caso entre miles. Y el tono, el tono, tan sumiso.

Las aguas de Arbeloa… tempus fugit

IMG_0083Esa edición de Las aguas de Arbeloa la compré en El Rastro, de Madrid, en 1985. Otros tiempos. En aquellos años estaba escribiendo, entre otras muchas, la voz Rafael Sánchez Mazas, para La Gran Enciclopedia Navarra. ¿Un error? Mayúsculo, pero eso es muy fácil decirlo ahora. Entonces era más complicado. Entonces pensaba que las páginas literarias absolvían a sus autores de sus trastiendas políticas, y que unas y otras eran independientes. Una añagaza o así lo considero ahora. De hablar de un escritor, es necesario hablar de todo lo que escribió, no quedarse en las naderías esteticistas y en las andanzas más o menos traficadas del personaje literario, y relegar a la sombra los textos doctrinarios, que en el caso de Sánchez Mazas los hubo como miembro fundador de Falange Española. Y lo que vale para Mazas, vale también para otros escritores de su generación y entorno político. No se trata de darle el paseo a nadie, porque eso es una estupidez y una forma de eludir un trabajo complejo, sino de hablar de las cosas sin ocultar lo que estropea el paisaje o la estampa que queramos vender a un público que no quiere historias conflictivas. Recuerdo una conversación con Horacio Vázquez Rial en la que hablando de escritores cercanos al fascismo o fascitas declarados, me dijo que las palabras, además de para hacer bonito, están para expresar ideas.

VIENE esto a cuento de que ando expurgando mi biblioteca. Hay libros que puedo vender y libros que no, y que regalo a quien los quiera, que tampoco resulta tan fácil. Detrás de ellos hay horas muertas, pasos perdidos, rebuscos por desvanes, chamarileros y librerías que ya no existen… y tedio, mucho, disfrazado de mala poesía. Sé que en cuanto se los lleven, no me voy a acordar de ellos. Durante años amueblaron un espacio, decoraron un escenario –como las porquerías que decoraban la alcoba de González Ruano–, fueron leídos pensando en otra cosa, como un aplazamiento de lo que no admite ser aplazado: la verdaera vida, la verdadera escritura… ¿Y eso cómo lo sabes? No lo sabes o al menos yo no lo supe. Ahora el esperpento que pongo en escena necesita otros decorados y otro atrezzo, no necesito acudir a Cornejo ni al Rastro siquiera para hacerme con él… hay momentos en que con apagar la luz basta.

La Gran Parada

4b0a64710d0d9a41d3af5dcdebfef3e3Me refiero a esa que los circos sacaban a pasear con gran bullanga por las calles de la ciudad para atraer espectadores a sus funciones: bichos, enormidades, trapecistas, monstruos, volatineros, guapetones, forzudos, embusteros…

 Así los veo hoy, en vísperas electorales, callejeros o en plazas de toros, embistiendo en el mentidero de las redes sociales (también en los púlpitos religiosos), guapetones, alardeando de una fuerza que no tienen, levantando lo que no hay quien levante a estas alturas, haciendo de Houdinis… Insisto en que debería haber un mecanismo jurídico para poder exigirles cuentas de sus promesas electorales como si fueran la ley del contrato, pero no, esa palabrería está convenido que es la del charlatán del elixir curalotodo: una atracción de feria en la que todos estamos.

Volatineros también salen ahora, son esos que cambian de ideología o de ese albondigón discursivo que la sustituye con ventaja con tal de arrear con algún puesto que les libere de un trabajo de verdad, como vienen haciendo desde casi el inicio de su vida laboral. No hay nada que reprochar, la política es un oficio y un negocio mayúsculo para quien sabe aprovecharse de ella y no hacer ascos a la lista de las ventajas sociales que van a ella aparejadas; que a los votantes, que sobreviven como pueden con sus trabajos de chichinabo, les resulte indecente ese afán de ventaja a través de la cosa pública, es otra cosa, porque no va a cambiar por mucho que lo señalemos de manera anacrónica y demagógica.

«Esto es lo que hay», dice con fatalismo el que blasona de realista que teme que las calles de verdad se enciendan, no vaya a ser que en el barullo pierda lo poco que tiene o pueda ganar con los cambios. «Esto es lo que hay», trae más cuenta que «esto es lo que puede haber».

Los candidatos ­–salvo los nuestros–, figurantes de la Gran Parada, son charlatanes, forzudos de pega, payasos sin otra gracia que no tenerla, delincuentes camuflados, bichos baldados que hace innobles ese rey de la creación que a cada paso destruye esta… un cortejo que pasa de manera estruendosa a todas horas para atraernos a las urnas, a las suyas o a las nuestras, que no son nunca las mismas urnas, aunque lo parezca, a juzgar por los resultados. Aquí se vota contra alguien de manera enconada, más que a favor de un proyecto político tan concreto como realizable. Es mucho más lo que nos separa que lo que nos une, no ya como miembros de una especie, sino como ciudadanos… o meros súbditos.

No hay navajazo trapero que no se ahorren, ni falsedades, ni insultos, ni ataques personales injustos… señalarlo es moralina para quien suministra herramientas ideológicas a la trampa institucional, sin reparar en que ese encono y esa inquina pública calan en lo privado. No es una mala comedia, una añagaza, es la expresión de una forma de vida nacional.

Y quienes manejan desde la sombra la Gran Parada son granujas autosatisfechos que dicen que una cosa es estar en la oposición (cómoda) y otra gobernar, algo duro, sacrificado, propio de profesionales (ellos, por muy indocumentados que sean) no de advenedizos y populistas que creen que basta con asaltar los palacios de invierno para hacer milagros sociales y económicos… y lo dicen cuando los recién llegados o que pueden llegar, descubren que el terreno está minado y el futuro hipotecado para décadas por las trampas, abusos y saqueos de quienes han tenido las riendas del (mal)gobierno.

Con todo, las demostraciones de los candidatos a puestos políticos remunerados son un buen indicador. Los conoces porque han exhibido en las redes sociales su vida privada hasta el aburrimiento, es decir, que los conoces en la medida en que son personajes mediáticos y así tallados. Los juzgas por esa apariencia que en realidad suele ser una versión muy mejorada de lo que son a puerta cerrada o entre iguales. Tu los ves en escena y con sus mañas, y no empatizas, al revés, te resultan repulsivos. En estas condiciones, salvo que sea por devoción o ciega obediencia sectaria, cuesta creerse algo, cuesta creerse el propio interés en lo que está pasando y en el futuro mejor que has esperado, porque también esto, te lo dicen los listos, no son ideas, sino moralinas y alborotos erráticos de perdedores que no saben lo que quieren.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 19.6.16.

El general Bisson, solaces bibliofílicos y otros

IMG_0039bisson10I.- Carta manuscrita y autógrafa del general de División Baptiste-Pierre-François-Jean-Gaspard BIsson, Conde del Imperio, Gran Oficial de la Legión de Honor, Caballero de la Corona de Hierro y Comandante de Navarra durante la francesada 1808-1809, ordenándole al obispo de Pamplona que se trasladara a Madrid para prestarle juramento de fidelidad a José I Bonaparte… el obispo, según el borrador de la carta que poseo (decían los bibliófilos rancios galleando), elude el viaje contestándole que, como está lejos, le ha llegado tarde el correo y no ha podido ir… Bisson era famoso porque se bebía ocho botellas de vino en cada comida y parecía que solo había trasegado una. De lo que hizo en Navarra no tengo ni idea, ni voy a perder un minuto en averiguarlo. Lo siento, no soy historiador… y le he perdido mucha afición a la historia de la tierra en la que nací.  Quise donar esta correspondencia  al Archivo Municipal de Pamplona hace muchos años, cuando compré ese y otros documentos (del general Thouvernot comandante de Guipúzcoa) en un chamarilero, pero no les interesó. Pensé donarlo luego al Real y General de Navarra, pero en el año 2012, cuando estuve investigando en los papeles de la Junta Central de Guerra Carlista, se me quitaron las ganas para siempre. En cuanto pueda los venderé. ¿Para qué los compré? Pues por el gusto de la caza primero y de poseerlos luego (y exhibirlos en ocasiones), es decir, codicia, vanidad, manía, algo que, hoy, cuarenta años después, me resulta risible, solo bueno para un episodio estrepitoso de algún guiñol burlesco de los que me traigo entre manos, un Auto de Fe, en la línea de Canetti, pero más demente, mucho más… “¡Fuego, fuego!, fuego al chaparral!”, gritaba mi loquico en Perorata del insensato.

II.- Vender la propia biblioteca era el último recurso de algunas personas que se venían abajo en el fragor de las ruinas y los negocios cerrados de estos años, antes de enterarse de que las bibliotecas formadas durante años de entusiasmo no valen nada o, como mucho, menos de lo que parece. Si te pagan es a 0,20 euros la pieza… como mucho, o tienes que dar las gracias porque se los lleven. Muy buenos tienen que ser para que te den algo. Cuando no está descomponiéndose el papel… He visto desbaratarse varias bibliotecas, buenas y colosales. Las bibliotecas públicas o universitarias tienen trastiendas que no se muestran. En ciertos casos es imposible realizar una donación, no te la admiten, en otros sencillamente no los quieren.  Y ya cuando a los gitanos que acuden a  la Papelera con el derribo de una librería legendaria no les cogen los libros ni para pasta de papel porque tienen excedente, es para preguntarse qué ha pasado aquí. Me pregunto por el poema “La petite auto”, de Apollinaire, y por el difuso momento en el que a empujones entramos en una época nueva.

III.- Hay libros que no vendería, no porque tengan un valor tan alto como irrealizable, sino porque están unidos a episodios de mi vida, como la Opera de Mengs, publicada por Nicolas de Azara (Roma 1787) que me dieron a cambio de un gin-tonic bien tirado en el Dena-Ona. No puedo vender la historia, que es lo único que para mí  tiene interés, con el suicidio del librero incluido, y así con otros libros y con muchos objetos de la cacharrería: “Ciertos espíritus que aman el misterio quieren creer que los objetos conservan algo de los ojos que los miran…” (Proust en Le temps retrouvé). No sé, mucho decir es eso. Tiradores de la memoria los llamaba Castilla del Pino.

IV.- Carlos Castilla del Pino confesaba sin reparos su inquietud con respecto al destino de sus colecciones una vez que él desapareciera. Lo cuenta en sus memorias. Pocos lo hacen, aunque muchos la padezcan y callen, o la envuelvan en baladronadas de matasiete.

V.- Mientras repaso las páginas del tiempo perdido (retrouvé), pasa un coche con altavoces electorales a todo volumen: no he entendido un carajo de lo que decían, y me temo que esa va a ser la música de fondo de estos días de trile y desplantes de majos y tramposos. Una cosa es el mundo en el que me gustaría vivir y otra este en el que vivo.

 

El cambio

per-capita Que sea necesario un cambio social y político en el conjunto del país no creo que haya nadie que lo ponga en duda, pero tampoco hace falta ser adivinador del porvenir para siquiera percibir que ese cambio en profundidad es más fácil que termine en el jolgorio de los mismos o muy parecidos y a lo mismo, como mucho con unas medidas correctoras de apariencia para satisfacción de una parroquia que hace tiempo manifestó que no quiere líos, que ya anda estragada de estos. Porque esa es la cuestión de fondo que atañe al cambio, que hay una mayoría social que no quiere líos.

Esa mayoría o minoría social tratada de «la gente…», ese abuso. Hablan de gente, cuando se ve de lejos que en realidad quieren decir plebe o populacho, como cuando los macarras dicen caballero para no decir señor. Quien emplea ese «la gente» está siempre por encima de ella, muy por encima o así se siente, o en su nombre habla porque «la gente» no sabe, eso es lo que pasa, que no sabe y hay que orientarla para que no cometa errores y no despierte de su sueño eterno populista. «La gente», qué perra con la gente.

Las encuestas que dan y quitan votos, sobre todo sillones y actas en el Santuario de la Ventaja, atemorizan a unos y encorajinan a otros, suenan a timba de apuestas y a estas alturas a quiniela o a combinada hípica, que a algo real. Deberían ser objeto de negocio de corredores de apuestas, total ya qué importa en esta democracia devaluada a nivel de feria o espectáculo de variedades que es necesario regenerar con su ejercicio pleno.

Exagero, sin duda, pero ¿Son objeto de elecciones las prerrogativas de las multinacionales? ¿No? ¿Entonces?

¿Pueden los cargos electos poner coto a esas pretensiones que de la democracia y la soberanía hacen virutas y aserrines? ¿No…? ¿Porque no quieren o porque en realidad no pueden? ¿Quién paga todo esto, cómo se paga en realidad?… No preguntes, tú vota, que es lo tuyo, vota como un muerto, vota como te quieren ver.

Y sigo con las preguntas ¿Es posible olvidar que solo hace unos meses los ciudadanos, tratados como súbditos, fueron convocados a las urnas con unas nefastas consecuencias? Pues así parece porque nadie habla de ello, como si no hubiese sucedido, que es otra de las singularidades de la vida social española.

No voy a negar que en algunos lugares haya habido cambios, pero en otros el cambio posible ha acabado en un soberano palmo de narices por mucha mandanga de clerigalla que le echen al negocio. Las evidentes conquistas sociales son populismo, los atropellos sociales de la derecha mejoras y progreso, y esto que yo escribo demagogia, indudablemente, ni se me ocurre discutirlo. El desprecio es una marca de la vida española, que va en todas direcciones, una forma de vivir, un estilo, una cifra, que dirían los rancios. El desprecio y el encono. No se vota a favor de nadie ni de idea alguna sino en contra de alguien, demonizado hasta la caricatura. De otro modo sería incomprensible que se votara con tanta alegría a quien roba o con su chulesca complicidad ampara el robo y la mentira y el abuso institucional como sistema.

¿Habría alguna forma de hacerles cumplir lo que prometen y luego olvidan a estos candidatos que delante de nuestras narices deliran que es un gusto? No lo sé, pero que de momento no la hay, de eso no me queda la menor duda. Y tal vez por eso se permiten el lujo de loquear todo lo que les da la gana y prometer a sabiendas de que no van a cumplir, no porque no puedan, sino, una vez más, porque no les da la gana, porque al día siguiente de las elecciones el idealista, ay caramba, qué milagro, se hace realista y declara que los sueños, sueños son, y frivolidades por añadidura, y hay que estar a lo que se está, a las altas tareas de gobierno y la gente, yo, tú, ella, debemos regresar a donde estábamos, a nuestro rincón y como mucho a nuestro mentidero a verlas venir o a barbotar un rato bajo la atenta mirada de los vigilantes de esta playa con más hormigón armado que arena bajo nuestros pies.

Liquidación por derribo (otra)

DSC_0023I.- Últimos días de este paisaje de los que debería escribir porque no puedo negar que estén siendo intensos y a la vez una pereza cada vez más invencible a la hora de hacerlo y no solo de eso: ¿para qué? A cierta edad no creo que haya escritor que no se  haga esa pregunta. Por el momento respondo poniendo una palabra detrás de otra. A ver lo que dura, mañana ya veremos. Se me hace cuesta arriba hasta la escritura del diario, desde hace años tan acuciosa y absorvente. Ahora, desde que hace unos meses decidí no publicar el del año 2015, Rumbo a no sé dónde, la desgana y la sucesión de los días y sus afanes ganan la partida y las anotaciones se espacian o quedan en mero balbuceo, y no pasa nada, no es tan terrible: síndrome de Diógenes con los jirones de tu propia vida.

II.- San Juan de Luz, escenario de una novela primeriza, pero hoy es una referencia vital que se acaba. Los días dichosos han sido más abundantes que los sombríos, pero al margen de la familia, qué poca gente va a quedar unida a esta ciudad. Habrá vuelta del gitano, pero por el momento solo trato de convencerme de que nada se me ha perdido aquí y lo consigo apenas: me gusta lo que recuerdo y de paso decoro, y poco lo que veo y a la fuerza vivo, pero esto es tan común a tantos paisajes y tan fútil que da hasta risa escribirlo.

III.- No puedes desentenderte de los rifirrafes electorales por mucho que te repugnen unos y otros, más otros que unos, pero poco más. A cierta edad, eres egoísta como solo puede serlo un naufrago y piensas en tu presente y en lo que solo sin reparar de verdad en lo que dices, puedes llamar tu futuro. Lo demás es una historia que va contigo de manera relativa en la medida en la que nada concreto esperas. Las generalidades de bienestar social tan esquilmado ya, son ideas, intenciones programáticas que quedan en agua de cerrajas, en burla reiterada… a qué mostrarte optimista, si te temes lo peor de ese futuro que se te viene encima. No se trata de insolidaridad, sino de temor por la propia piel que estimo legítimo… el que no tiene quien va a conseguir vivir de los afanes de la cosa pública.

IV.- Te preguntas si para escribir de la vida cotidiana de Roland Barthes en su meses veraniegos en el País Vasco [Jean Esponde, Roland Barthes, un été (Urt 1978)] hace falta demostrar que se maneja esa pedantería académica tan francesa que convierte los textos en ilegibles por crípticos, pura jerga en ocasiones, y en consecuencia en prescindibles.

V.- Leído ayer en uno de los mejores ensayos que conozco sobre Céline (porque no le da vueltas a lo trillado), el de Philippe Murray: el antisemitismo es una enfermedad que acaba alojándose en el cuerpo de un partido político.