Bibliofilia y campaña electoral

13418880_352606501529944_3528111257395937071_nTal vez esté celebrando el comienzo de la campaña electoral… repasando ese volumen de obras de San Jerónimo, editadas por Erasmo de Roterdam, autor condenado, en magnífica edición de Gryphius, ejemplar expurgado por orden de la Inquisición conforme al expurgo moderno, es decir, páginas cortadas o tapadas con papel y engrudo (desde hace 400 años y así siguen), tachaduras feroces, condenas marginales, destrozos… Y todo p’a ná, diría hoy el duende que anda corriendo, nocturno, por los estantes, pero era entonces cuando importaba que se te echaran encima los de la Cruz Verde… Y yo me pregunto, ¿Para qué demonios compré yo esos volumenes in-folio hace cuarenta años cuando no paraba de recorrer chamarileros, gitanos, casas ruinosas, cuadras, desvanes.. ? Recuerdo el día de la compra, en la calle de la Compañía, recuerdo la luz, dónde estaban el paquete de libros, atados con cuerda basta de esparto… ¿Para qué insisto en la escena? Y el duende que anida entre los libros me dice que era para huir en falos de una ciudad hecha cepo y para amueblar una casa vacía y en ruinas, y que no era yo el primero que se dedicaba a lo mismo en idéntico lugar con idéntico objetivo y el derribo o el expolio como horizonte… Hace muchos años que dejé de comprar libros antiguos, ahora son un lastre del que no es fácil desprenderse. Debería habérselos vendido a aquella millonaria cuyo padre había hecho dinero construyendo el Valle de los Caídos, que quería macizar una pared con libros antiguos para poner contra ellos un Picasso, en plan contraste refinado… Hay veces que empiezas a recordar cosas y parece que loqueas, y sin duda lo haces, y esta noche de festival de la patraña es una de ellas. Me temo que voy a dedicarme mucho a los solaces bibliofílicos, que les llamaba El Astrónomo, difunto, a quien echo mucho de menos.

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