Liquidación por derribo (otra)

DSC_0023I.- Últimos días de este paisaje de los que debería escribir porque no puedo negar que estén siendo intensos y a la vez una pereza cada vez más invencible a la hora de hacerlo y no solo de eso: ¿para qué? A cierta edad no creo que haya escritor que no se  haga esa pregunta. Por el momento respondo poniendo una palabra detrás de otra. A ver lo que dura, mañana ya veremos. Se me hace cuesta arriba hasta la escritura del diario, desde hace años tan acuciosa y absorvente. Ahora, desde que hace unos meses decidí no publicar el del año 2015, Rumbo a no sé dónde, la desgana y la sucesión de los días y sus afanes ganan la partida y las anotaciones se espacian o quedan en mero balbuceo, y no pasa nada, no es tan terrible: síndrome de Diógenes con los jirones de tu propia vida.

II.- San Juan de Luz, escenario de una novela primeriza, pero hoy es una referencia vital que se acaba. Los días dichosos han sido más abundantes que los sombríos, pero al margen de la familia, qué poca gente va a quedar unida a esta ciudad. Habrá vuelta del gitano, pero por el momento solo trato de convencerme de que nada se me ha perdido aquí y lo consigo apenas: me gusta lo que recuerdo y de paso decoro, y poco lo que veo y a la fuerza vivo, pero esto es tan común a tantos paisajes y tan fútil que da hasta risa escribirlo.

III.- No puedes desentenderte de los rifirrafes electorales por mucho que te repugnen unos y otros, más otros que unos, pero poco más. A cierta edad, eres egoísta como solo puede serlo un naufrago y piensas en tu presente y en lo que solo sin reparar de verdad en lo que dices, puedes llamar tu futuro. Lo demás es una historia que va contigo de manera relativa en la medida en la que nada concreto esperas. Las generalidades de bienestar social tan esquilmado ya, son ideas, intenciones programáticas que quedan en agua de cerrajas, en burla reiterada… a qué mostrarte optimista, si te temes lo peor de ese futuro que se te viene encima. No se trata de insolidaridad, sino de temor por la propia piel que estimo legítimo… el que no tiene quien va a conseguir vivir de los afanes de la cosa pública.

IV.- Te preguntas si para escribir de la vida cotidiana de Roland Barthes en su meses veraniegos en el País Vasco [Jean Esponde, Roland Barthes, un été (Urt 1978)] hace falta demostrar que se maneja esa pedantería académica tan francesa que convierte los textos en ilegibles por crípticos, pura jerga en ocasiones, y en consecuencia en prescindibles.

V.- Leído ayer en uno de los mejores ensayos que conozco sobre Céline (porque no le da vueltas a lo trillado), el de Philippe Murray: el antisemitismo es una enfermedad que acaba alojándose en el cuerpo de un partido político.

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