La Gran Parada

4b0a64710d0d9a41d3af5dcdebfef3e3Me refiero a esa que los circos sacaban a pasear con gran bullanga por las calles de la ciudad para atraer espectadores a sus funciones: bichos, enormidades, trapecistas, monstruos, volatineros, guapetones, forzudos, embusteros…

 Así los veo hoy, en vísperas electorales, callejeros o en plazas de toros, embistiendo en el mentidero de las redes sociales (también en los púlpitos religiosos), guapetones, alardeando de una fuerza que no tienen, levantando lo que no hay quien levante a estas alturas, haciendo de Houdinis… Insisto en que debería haber un mecanismo jurídico para poder exigirles cuentas de sus promesas electorales como si fueran la ley del contrato, pero no, esa palabrería está convenido que es la del charlatán del elixir curalotodo: una atracción de feria en la que todos estamos.

Volatineros también salen ahora, son esos que cambian de ideología o de ese albondigón discursivo que la sustituye con ventaja con tal de arrear con algún puesto que les libere de un trabajo de verdad, como vienen haciendo desde casi el inicio de su vida laboral. No hay nada que reprochar, la política es un oficio y un negocio mayúsculo para quien sabe aprovecharse de ella y no hacer ascos a la lista de las ventajas sociales que van a ella aparejadas; que a los votantes, que sobreviven como pueden con sus trabajos de chichinabo, les resulte indecente ese afán de ventaja a través de la cosa pública, es otra cosa, porque no va a cambiar por mucho que lo señalemos de manera anacrónica y demagógica.

«Esto es lo que hay», dice con fatalismo el que blasona de realista que teme que las calles de verdad se enciendan, no vaya a ser que en el barullo pierda lo poco que tiene o pueda ganar con los cambios. «Esto es lo que hay», trae más cuenta que «esto es lo que puede haber».

Los candidatos ­–salvo los nuestros–, figurantes de la Gran Parada, son charlatanes, forzudos de pega, payasos sin otra gracia que no tenerla, delincuentes camuflados, bichos baldados que hace innobles ese rey de la creación que a cada paso destruye esta… un cortejo que pasa de manera estruendosa a todas horas para atraernos a las urnas, a las suyas o a las nuestras, que no son nunca las mismas urnas, aunque lo parezca, a juzgar por los resultados. Aquí se vota contra alguien de manera enconada, más que a favor de un proyecto político tan concreto como realizable. Es mucho más lo que nos separa que lo que nos une, no ya como miembros de una especie, sino como ciudadanos… o meros súbditos.

No hay navajazo trapero que no se ahorren, ni falsedades, ni insultos, ni ataques personales injustos… señalarlo es moralina para quien suministra herramientas ideológicas a la trampa institucional, sin reparar en que ese encono y esa inquina pública calan en lo privado. No es una mala comedia, una añagaza, es la expresión de una forma de vida nacional.

Y quienes manejan desde la sombra la Gran Parada son granujas autosatisfechos que dicen que una cosa es estar en la oposición (cómoda) y otra gobernar, algo duro, sacrificado, propio de profesionales (ellos, por muy indocumentados que sean) no de advenedizos y populistas que creen que basta con asaltar los palacios de invierno para hacer milagros sociales y económicos… y lo dicen cuando los recién llegados o que pueden llegar, descubren que el terreno está minado y el futuro hipotecado para décadas por las trampas, abusos y saqueos de quienes han tenido las riendas del (mal)gobierno.

Con todo, las demostraciones de los candidatos a puestos políticos remunerados son un buen indicador. Los conoces porque han exhibido en las redes sociales su vida privada hasta el aburrimiento, es decir, que los conoces en la medida en que son personajes mediáticos y así tallados. Los juzgas por esa apariencia que en realidad suele ser una versión muy mejorada de lo que son a puerta cerrada o entre iguales. Tu los ves en escena y con sus mañas, y no empatizas, al revés, te resultan repulsivos. En estas condiciones, salvo que sea por devoción o ciega obediencia sectaria, cuesta creerse algo, cuesta creerse el propio interés en lo que está pasando y en el futuro mejor que has esperado, porque también esto, te lo dicen los listos, no son ideas, sino moralinas y alborotos erráticos de perdedores que no saben lo que quieren.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 19.6.16.

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Un pensamiento en “La Gran Parada

  1. Hola Miguel. No esoy siguiendo prácticamente “la campaña”. Los contendientes no contienden, hablan para sus amigos. Nadie rompe la baraja, y el baboso de Rajoy ha contagiado al país con sus prepotencias. Nada menos el iva -que se vaya-. Es lo que hay, el FMI, los presupuestos, pagar a la banca¡¡¡. Como no escucho nada relevante, cada vez atiendo menos. Siempre decepcionado con el Psoe, ahora los jovenzuelos de podemos me animan un pelín. Sólo espero que el tema republicano se avive. Para mi es la clave.
    El otro día u hoy, perdido en alguna línea he visto una definición tuya de lo ideológico y luego, como en las fotos, se me ha escapado en algún mail. Podríamos hablar largamente sobre el tema, casi con cariño.
    Buena semana tengas y buen trabajo. Un abrazo.

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