Juegos y miedo

desempleado Los juegos olímpicos de Río se muestran como un objetivo terrorista de primer orden, por la aglomeración y por la repercusión que pueda tener un atentado –Múnich 1972, Atlanta 1996–, algo que niegan los geopolíticos de barbecho que afirman con aplomo que América del Sur no es un objetivo terrorista, olvidando los oscuros atentados de Buenos Aires de 1992 y 1994, el primero contra la embajada de Israel. Cualquier atentado es posible en cualquier parte, haya o deje de haber miles de policías y militares al acecho.

Ese miedo al atentado terrorista que flota en el aire de Europa es lo que ha hecho que la ciudad de Lille haya suspendido su monumental feria callejera de Pulgas y chamarilería brava por temor tanto a un ataque como al estado de miedo y alarma generalizado que puede ocasionar estampidas de resultado desastroso: un grito, un petardo… Las detenciones de yihadistas de nacionalidad varia se suceden, fuera y dentro de nuestras fronteras, aunque aquí la prioridad mediática ahora mismo es la quiniela gubernamental que huele a tongo de lejos.

No soy el único en pensar que lo más temible de los juegos olímpicos no es ahora mismo un ataque terrorista, sino lo que el partido en el poder y sus secuaces puedan perpetrar a la sombra de las medallas, los records y los entusiasmos patriótico-populares, aprovechando un estado de distracción generalizado. Presumo que la hartadumbre nacional es tan intensa y está tan extendida que raro será quien renuncie a echarse a la pantalla en busca de un respiro algo más que veraniego y de algunos ejemplares rasgos de juego limpio, una rareza a estas alturas en la vida pública y, por extensión, en la vida privada.

Lo que resulta terrorífico es vernos de nuevo en manos del Partido Popular y de sus socios de ocasión empeñados en la salvación de España, que es algo que suena a cruzada y reúne sin esfuerzo voluntarios y voces épicas en torno a un saco de humo programático que jamás han tenido intención de cumplir ni en el pasado ni en el presente, ¿por qué lo iban a hacer en el futuro?

El gusto por la arenga y la soflama es inmoderado como descarnado el silencio que cae sobre los graves problemas de la ciudadanía: su empobrecimiento progresivo, su desamparo social cada día más llamativo, su precariedad vital, su condena a un nuevo proletariado cuya indefensión le hace retroceder décadas, la implantación de una legislación de contenido asocial y autoritario, las trapacerías bancarias, todo lo que se oculta detrás de una publicidad política engañosa referida al bienestar no ya cierto, sino flagrante, de una clase acomodada, pero que no puede representar a un país entero, no desde luego a quienes padecen los rigores de los recortes sociales y todos los abusos urdidos por el partido en el poder a lo largo de cuatro años. Mejor sería no olvidar, por ejemplo, los desahucios que ya no dan primeras planas y publicar las cifras reales y su repercusión social. Pero, claro, como hasta Cáritas es una cosa de rojos y solo de rojos aguafiestas, no hay que hacer caso de lo que dice.

Este es un diálogo de sordos, una confrontación social envenenada. Ni el Gobierno está dispuesto a admitir el alcance del descalabro nacional ni sus votantes a escuchar nada que estropee su paisaje por muy de cartón piedra que sea, y lo que es peor, esta pintura de nubarrones aburre hasta a las víctimas del estado de cosas. Nada es nunca para tanto, hasta que sucede. El profeta que predice el fin de la farra no está bien visto en esta o es motivo de risión. Mejor colgarse de los records de los supermanes y las superwomans, en el aire, en la pista, en el agua, de la mañana a la noche, de madrugada… hasta la cohetería final, con o sin sorpresa anunciada, con o sin terceras elecciones o con una dosis a tragar a cucharadas soperas de cuatro años no más de lo mismo, sino peor, que nos va a derrotar de forma definitiva. Por el momento soñemos con el olimpico citius, altius, fortius (más rápido, más alto, más fuerte) aunque tengamos echado un cepo de dura realidad al cuello y de volar, volemos bajo, demasiado.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 7.8.2016

 

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3 pensamientos en “Juegos y miedo

  1. Miedo y pena. Hay escritores y escribidores, así como políticos y “politizadores”. Personajes que no hacen política (si es que eso se hace), sino que politizan hasta los asuntos más graves y acuciantes para los ciudadanos, para convertirlos en naderías arrojadizas que se ponen al servicio de los intereses partidistas, que no son otros que los de la banca, el Ibex y demás oligopolios. Amén del hastío al que hace referencia, no puedo más que sentir asco por esta PPmafia de soflamas salvapatrias y de programas -electorales- vendehumos, o de programas vendepatrias y soflamas salvahumos.

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