“¡Viva mi dueño!”

49838844_26192332Esa es leyenda de puñal de pícaro y de navaja de chulo, pero también berrido lacayuno de la tropa que vitorea con devoción a quien tiene el poder por el hecho de tenerlo y ejercerlo de manera abusiva. Cuando Étienne de la Boétie escribe de la servidumbre voluntaria y de la lealtad, lo hace de otra cosa, aquí se habla del gusto por la sumisión.

Viva mi dueño escribe Valle Inclán en los amenes, dice él, del régimen isabelino, en su franca descomposición. En los amenes del esperpento nacional en que llevamos años viviendo quisiéramos estar y no estamos, sino en una suerte de vísperas incruentas de matadero por agotamiento, por derribo, en el tiempo de «la conjura de embozados, el misterio de santos y contraseñas en voz baja», dice Valle, antes de admitir que la Niña, esa constitución tan necesaria entonces y ahora renovada, duerme en las afueras. (Sigue en Cuarto Poder, 10.8.2016 enlazado aquí)

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