Parece mentira

rajoy-congreso-20070115 Pero no lo es, por mucho que lo parezca. Lo que estamos viviendo es la cruda realidad. No se trata tanto de que tengamos pesadillas un día sí y otro también y de que, al despertarnos, esté Rajoy de cuerpo presente con su boba mueca al pie de la cama, sino de que no hay otra realidad que esa, la de un presidente de gobierno en funciones al que le dejan burlarse de manera impune de los ciudadanos de un país de la Unión Europea. Solo quien está convencido de que ejerce el sometimiento del dictador locoide puede actuar así.

Digo bien «le dejan» porque los despropósitos que está cometiendo no podrían lograrse de no contar con un apoyo mediático incondicional que no pone en tela de juicio su deshonestidad flagrante de político en ejercicio. No estoy de acuerdo con quien sostiene que la honestidad no es un parámetro político para juzgar a los profesionales de la política. En el caso de Rajoy sí lo es porque es ya un espectáculo, siniestro, pero espectáculo, al que debemos asistir lo queramos o no, en el que las duras veras apenas se esconden detrás de las patochadas. Nos hemos debido acostumbrar a ser burlados, de lo contrario no se entiende.

Parece mentira que los medios de comunicación presentes en las farsas en que ha convertido Rajoy las ruedas de prensa no le hubiesen preguntado por sus promesas y afirmaciones incumplidas ni que nadie le haya reprochado que lo suyo es una enredada madeja de decires y «desdecires», de promesas que encuentran su eco en patrañas descaradas con las que demuestra un nulo respeto no ya por los periodistas que acuden a escucharle decir necedades, sino por los ciudadanos, le voten o no, esos españoles en general en cuyo nombre habla y a los que en la práctica ignora. Visión la suya de amo de cotarro más que de gobernante.

No son solo los votantes del Partido Popular quienes permiten este estado de cosas. Rajoy tiene poderosos apoyos mediáticos y también sociales de personas que tal vez no le voten, pero que apoyan el sistema social que él representa mientras este les siga permitiendo hacer dinero y mantener su estatus. La gente guapa no siempre se rebaja al voto, con las copichuelas en el Club de los Zánganos le basta; otra cosa es cuando confunden las urnas con las monterías. Hay que reconocer que toda una clase social se está enriqueciendo de manera imparable gracias a la política económica del Partido Popular y es lógico que con lasitud y bostezo apoye las trampas del maestro de ceremonias.

Parece mentira que la vida pública de un país gire en torno a si el día de Navidad se pueden o no convocar unas terceras elecciones que revienten las fiestas navideñas. Una amenaza de un daño social evidente perfectamente calculado, ¿por el propio Rajoy?, algo que no se le reprocha, y que quiere cargar en la penosa cuenta del Partido Socialista si de una manera u otra obliga a repetir elecciones: rabieta de monja y los niños castigados. Parece mentira que haya que tomarse en serio todo esto… o en broma, porque veras son, y bien siniestras. ¿Fastidiarle las navidades a la ciudadanía, una estrategia política? Se comenta solo. Solo un tonto malvado puede pergeñar semejante cosa.

Parece mentira que ante este estado de cosas una ciudadanía que hace tres años parecía que iba a comerse la calle cruda, esté apagada y más que apagada, desinflada, lo pinten como lo pinten. ¿Para cuándo la rebelión? Para nunca, no vaya a ser que nos quiten el chinguelbel, chinguelbel en paz… «Cuidadito» con el turrón y la zambomba.

Parece mentira que un ministro del Interior se dirija a un periodista al grito de «Cuidadito» porque eso no es mera descortesía sino amenaza de matón sabedor de que puede hacer daño de manera ventajosa. ¿«Cuidadito» con qué? ¿«Cuidadito» por qué? ¿Se falta por preguntar? Mamaron franquismo y lo excretan hasta en el aliento. A ese ministro hay que cargarle la cuenta de la libertad de expresión dañada con su ley Mordaza. Todo un proyecto de sometimiento de los medios de comunicación a su régimen autoritario. ¿En qué manos estamos? Parecerá mentira, sí, pero es más pesadilla de la de nunca despertar.

Pero no lo es, por mucho que lo parezca. Lo que estamos viviendo es la cruda realidad. No se trata tanto de que tengamos pesadillas un día sí y otro también y de que, al despertarnos, esté Rajoy de cuerpo presente con su boba mueca al pie de la cama, sino de que no hay otra realidad que esa, la de un presidente de gobierno en funciones al que le dejan burlarse de manera impune de los ciudadanos de un país de la Unión Europea. Solo quien está convencido de que ejerce el sometimiento del dictador locoide puede actuar así.

Digo bien «le dejan» porque los despropósitos que está cometiendo no podrían lograrse de no contar con un apoyo mediático incondicional que no pone en tela de juicio su deshonestidad flagrante de político en ejercicio. No estoy de acuerdo con quien sostiene que la honestidad no es un parámetro político para juzgar a los profesionales de la política. En el caso de Rajoy sí lo es porque es ya un espectáculo, siniestro, pero espectáculo, al que debemos asistir lo queramos o no, en el que las duras veras apenas se esconden detrás de las patochadas. Nos hemos debido acostumbrar a ser burlados, de lo contrario no se entiende.

Parece mentira que los medios de comunicación presentes en las farsas en que ha convertido Rajoy las ruedas de prensa no le hubiesen preguntado por sus promesas y afirmaciones incumplidas ni que nadie le haya reprochado que lo suyo es una enredada madeja de decires y «desdecires», de promesas que encuentran su eco en patrañas descaradas con las que demuestra un nulo respeto no ya por los periodistas que acuden a escucharle decir necedades, sino por los ciudadanos, le voten o no, esos españoles en general en cuyo nombre habla y a los que en la práctica ignora. Visión la suya de amo de cotarro más que de gobernante.

No son solo los votantes del Partido Popular quienes permiten este estado de cosas. Rajoy tiene poderosos apoyos mediáticos y también sociales de personas que tal vez no le voten, pero que apoyan el sistema social que él representa mientras este les siga permitiendo hacer dinero y mantener su estatus. La gente guapa no siempre se rebaja al voto, con las copichuelas en el Club de los Zánganos le basta; otra cosa es cuando confunden las urnas con las monterías. Hay que reconocer que toda una clase social se está enriqueciendo de manera imparable gracias a la política económica del Partido Popular y es lógico que con lasitud y bostezo apoye las trampas del maestro de ceremonias.

Parece mentira que la vida pública de un país gire en torno a si el día de Navidad se pueden o no convocar unas terceras elecciones que revienten las fiestas navideñas. Una amenaza de un daño social evidente perfectamente calculado, ¿por el propio Rajoy?, algo que no se le reprocha, y que quiere cargar en la penosa cuenta del Partido Socialista si de una manera u otra obliga a repetir elecciones: rabieta de monja y los niños castigados. Parece mentira que haya que tomarse en serio todo esto… o en broma, porque veras son, y bien siniestras. ¿Fastidiarle las navidades a la ciudadanía, una estrategia política? Se comenta solo. Solo un tonto malvado puede pergeñar semejante cosa.

Parece mentira que ante este estado de cosas una ciudadanía que hace tres años parecía que iba a comerse la calle cruda, esté apagada y más que apagada, desinflada, lo pinten como lo pinten. ¿Para cuándo la rebelión? Para nunca, no vaya a ser que nos quiten el chinguelbel, chinguelbel en paz… «Cuidadito» con el turrón y la zambomba.

Parece mentira que un ministro del Interior se dirija a un periodista al grito de «Cuidadito» porque eso no es mera descortesía sino amenaza de matón sabedor de que puede hacer daño de manera ventajosa. ¿«Cuidadito» con qué? ¿«Cuidadito» por qué? ¿Se falta por preguntar? Mamaron franquismo y lo excretan hasta en el aliento. A ese ministro hay que cargarle la cuenta de la libertad de expresión dañada con su ley Mordaza. Todo un proyecto de sometimiento de los medios de comunicación a su régimen autoritario. ¿En qué manos estamos? Parecerá mentira, sí, pero es más pesadilla de la de nunca despertar.

ITEM MÁS: lo que parece mentira es que un personaje como el de la imagen pueda ser presidente de gobierno de un país de la Unión Europea.

 

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