Sin tiempo que perder

photo_743Ayer me llamaron para dedicarle uno de mis libros, Sin tiempo que perder, a un desconocido con el pretexto de que conocí y traté a su padre (de su madre mejor ni palabra) y de que en ese libro hablo de él con cierto afecto y bastante desapego. Lo hice a disgusto y casi diría que con asco por muchas razones. Una porque desconfío de las dedicatorias amables y jocosas de los libros, y de sus interpretaciones dolosas; pero básicamente porque todo es mentira, humo: los afectos, los parentescos, las famiglie, las amistades… convenciones, servidumbre, basura social. No hay otra verdad que el trago, el puto trago, lo demás es bambolla. Un día eres primo, luego pariente, después amigo y acabas en conocido y evitan saludarte si te los cruzas por la calle. Comprometes por lo visto. Un descalabro. Y los recuerdos, a los míos me refiero ahora, amañados para poder digerir los sapos. Y a lo anterior tengo que añadir que dedicar un libro a un desconocido me parece una estupidez por mucho que el intermediario quisiera marcarse el tanto, barato, del detallito de haberle sacado unas letras manuscritas al demonio, “¿Véis? No es tan malo. Se deja torear. Yo me atrevo” y jijiji y jojojo, suenan los golpes de las pelotitas del golf. No daría un duro por que ese libro no acabara en buena lógica en la basura, una vez apagada la gracieta,  dado el aprecio que han demostrado a mi trabajo.  Voy sintiendo un asco irrefrenable no hacia la ciudad de mi infancia, porque eso ni es nada ni nada significa, sino hacia sus protagonistas con nombre y rostro, los de los porches, los sucios porches, y todo lo que va con ellos. Detesto la alcurnia vinosa, detesto la alcurnia golpista, detesto la alcurnia a secas hecha pompa arrogante del pueblón donde ofician los guapetones y los oscargüaildes de medio pelo, cuya ideología depende de a qué barra estén arrimados, de esa derecha paleta y violenta de toda la vida. Cuadrillas basuras, cómplices necesarios de la infamia urbanística especulativa y de los matones de Baviera, parásitos sociales… me aburrí de exorcizarlos, más que nada porque es inútil, te dan caza, estás más atrapado en tu propia vida de lo que parece. No queda más remedio que escribirlo: Moriremos nosotros también, irá por vosotros, malparidos, que diría Fernando Vallejo.

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In festivitate sancti Michaelis…

img_0348Es lo que ponía en la dedicatoria de un libro que trataba de la escultura romanista de mi tierra, algo que me deja absorto porque fue hace 42 años… “El simple pasar del tiempo incomprensible”. Quien me lo regaló, gran depredador, ya fuera en Quito o en Alejandría, se fue, poco después de que pujáramos por El asombro elucidado de las ideas o arte de memoria especulativo (Madrid, 1735), del conde Nolegar Giatamor, de la Academia de los Intrépidos de la ciudad de Ferrara. Cosas del tiempo, otro. El de san Miguel era  día de feria de ganados en el que se ajustaban los pastores para todo el año, se conciliaban de manera preceptiva los enconos vecinales (al menos durante un rato), se probaba el dulce de higos recién hecho, las comportas de la vendimia estaban vacías y olorosas a uva ya pasada en la puerta de casa, se encendía el primer fuego del año, la mesa se cubría con una mantelería de lino recio, la cristalería y la vajilla que venían de otras vidas salían de los vasijeros… la comida en cambio no era gran cosa, no vayamos a exagerar. Era el día de los cuentos que se hacían recuentos, las medias verdades, las historias familiares acomodadas para poder vivir con ellas, las melancolías de lo que pudo ser y no era, y por el aire de la sala de respeto pasaban los fantasmas de los que ya no estaban, como ahora el del autor de esa dedicatoria latina y se habían quedado lejos, tanto, que hasta los lugares se habían desvanecido, derrumbados, tragados por los carrizos, la selva, el polvo abrasador… Es la única vez en mi vida que supe con certeza que aquella era la última y que aquel mundo amable se había acabado, y que se desbaratara por completo era cuestión de tiempo, poco. Metía miedo y la luz, la luz era la misma que la de esta mañana, lo incendiaba todo, hasta los últimos rincones, los más oscuros.

El tarjetero negro

img_0344No es un japonesería de chamarilero, uno de esos objetos decimonónicos de laca china decorados con escenas amables de un exotismo doméstico, sino una sofisticada herramienta de saqueo empleada por un sector de la clase política española ligada a la banca. Ligada, sí, porque sin apoyos explícitos políticos la mayoría de los hoy encausados por las tarjetas black no hubiesen estado donde estuvieron, en el fabuloso negocio de las comisiones, las dietas, las tarjetas bancarias, fuente de dinero opaco, los puestos de aparato y nulo contenido, y otras canonjías de fundamento y función sociales por completo dudosos. Para comprobarlo basta examinar las trayectorias profesionales de los protagonistas, auténticos parásitos sociales algunos de ellos. Y es imposible que esas prácticas no se supieran desde instancias de gobierno y estén reducidas al pozo negro destapado.
A estas alturas, el verdadero asunto no es que sucediera algo así con Bankia y aledaños, sino cómo y gracias a quiénes pudo pasar. No basta con decir que, a la manera del cuento de Alí-Babá, se reunió, una vez más, una pandilla de desaprensivos decididos a hacerse con un botín opaco, a escondidas y sobre el lomo de los ahorradores que nutrieron el banco con sus depósitos. (Sigue aquí enlazado, artículo publicado en Cuarto Poder, 28.9.16)

Officium defunctorum (Diario volátil 36)

imagen11.- Arte necrológico: hablar del fallecido como si fueras tú, dirigir al fallecido los elogios que quiseras para ti, esconderte en ellos.
2.- Los inciensos funerales no tienen otro objeto que impedir que se perciba la podre que exhala del fallecido.
3.- De la muerte de mi enemigo no me alegro, pero tampoco me entristezco.
4.- “Siéntate a la puerta de tu casa y verás el cadaver de tu enemigo pasar”… ¿Y? Y nada, tú vas detrás. Furias en balde, como esa otra, más necia si cabe de embrigarse con el “Ni olvido ni perdono”
5.- Pienso en Aquiles arrastrando el cadáver de Héctor que sin duda hubiese hecho lo propio de haber resultado vencedor en el combate.
6.- Pienso también en la costumbre andina de la Chasquivay, las loas interminables de velorio que acaban en borrachería. Lo mismo cabe decir de las constituciones sinodales que prohibian los banquetes fúnebres… con escaso éxito.
7.- Pienso en la piedad funeral y quisiera ver algo distinto a una convención social, cuyo objeto es ocultar el propio rostro, y a una obligación moral impuesta y nunca cuestionada… el duelo es otra cosa y los años van reduciendo las ocasiones de celebrarlo con verdad.
8.- Con la edad se reducen mucho las ocasiones de entonar planctus alguno, como no sea el de la propia vida echada a perder.
9.- El susurro de las oportunidades perdidas es la polifonía de tus propios oficios de muerto vivo… lo demás, consuelos, vientecillos de Guiraut Riquier, melancolías, abandonos, pesadumbres…

 

Del asco de nunca acabar

captura-de-pantalla-2016-09-27-a-las-23-08-43 captura-de-pantalla-2016-09-27-a-las-23-09-00captura-de-pantalla-2016-09-28-a-las-10-04-18 captura-de-pantalla-2016-09-27-a-las-23-37-12Del asco de nunca acabar… y a diario. Hay donde escoger. Basta con hacer un somero recorrido de titulares, no de todos los medios de prensa claro está.
¿Qué decir que no esté ya dicho hasta la saciedad? ¿Qué cambia si lo denuncias? ¿Cómo es posible que este estado de cosas se sostenga en la urnas?
Lo pregunto porque está claro que en las RRSS se dicen y vocean unas cosas, y las urnas dicen otras.
¿De qué sirve el estado de indignación en que todo esto te hace vivir? ¿Alguien se acuerda de cómo “ardían” las calles hace cuatro años o era todo una broma? ¿Encogerse de hombros, hacer como si no cuando es sí de manera clamorosa? ¿Dedicarse a estudiar a Rilke, como hacían los hispanistas rumanos con los clásicos castellanos durante el régimen de Ceaucescu?

Llevo años escribiendo a golpe de malas noticias y casi solo así, en prensa me refiero. Queda lejos una época en que lo que publicaba eran artículos literarios. Los echo en falta y no sé si ahora podría escribirlos, y noto que el tiempo apremia y desgasta.  Esta duda me obliga a reflexionar sobre si toda mi actividad de escritor no está, de una manera u otra, comprometida con ese empeño por demás vano, del bote pronto de la trinchera, porque he comprobado que no sirve para nada, como no sea para incendiar lo que ya está calcinado, que la realidad de lo político va por otros lados y en otros esceanrios y con otros figurantes. Los lectores están ahítos de malas noticias y de peores comentarios. Se nota mucho. Si digo que no puedo hacer otra cosa es posible que más que una frase hecha sea una realidad sombría, tanto como la época que nos está tocando vivir.

Derribos librescos 1

img_0345Regreso al derribo libresco por el que he andado estos días. Ya no se trata del desbarate definitivo de la biblioteca de aquel médico cripto-republicano de la que tiramos durante años, sino del depósito del chamarilero que vende a cuatro perras lo que ni siquiera se vende a ese precio. En los restos ya muy floreados del naufragio estaba hurgando una gente desapacible y huraña. Por mi parte he dado una última ojeada y me he llevado la obra de Adelaida García Morales recuperada a la vuelta de muchos años, en ejemplares nuevos, sin abrir, ni leer, como tantos otros de los de aquel derribo. Las librerías donde fueron comprados han desaparecido. García Morales que ahora regresa  como personaje literario de una novela de Elvira Navarro que no he leído, pero que veo descrita como algo por fuerza sombrío, triste. Me pregunto si esa novela que explora la suerte (mala) de García Morales hará que esta vuelva a ser leída. No creo. Las misma «recuperaciones» literarias me temo que son cosa del pasado, que el presente empuja. La sensibilidad o lo que por tal se tiene también es otra. Los setenta y ochenta quedan lejos. Un mundo social, político, económico se fue deslizando y terminó por despeñarse. Tal vez los autores solo sobrevivamos como personajes literarios, al menos durante un rato. Con María Luisa Melcón y esa novela, mítica como todas las de Barral, que huele a moho y a humos de chabola, y que conserva su faja publicitaria, supongo que pasará lo mismo. Es una buena novela, escrita con ambición, mucha más de la que ahora mismo se pone en juego. Los lectores eran otros y sus referencias también otras. ¿Quién leer a esos autores? No lo sé, pero me temo que no son ni referencia de bagaje literario, o muy desvaído en todo caso. Los libros de nuestra época, de otra época quiero decir. Nombres que a los más jóvenes nada dicen, no por nada, sino por fuerza. Al final no compras libros viejos, sino reliquias, ex votos de tu propio naufragio. Te agarras a ellos mientras el tiempo vuela, queriendo convencerte de que tus propias páginas están por el momento a salvo.

 

Personas non gratas

james-ensor-02 Muchas, a cada cual las suyas. Todos lo somos, para alguien o de alguna timba. Dentro de la política gubernamental y fuera de ella, en la misma calle, en el bar de la tribu ajena, en los mentideros de las redes sociales que es donde parece que vivimos y que rebosan odio, desprecio y mala saña. Caín anda suelto y todos sin exclusión somos Abel. Para comprobarlo basta asomarse al pozo negro, hecho riada, de este fin de una época que no acaba de despeñarse. No estamos en los «amenes» de régimen alguno, como decía Valle-Inclán en Viva mi dueño. El régimen, llamado de manera más fina sistema, va viento en popa, lo saben los que se han hecho de oro a su sombra, se ha fosilizado.

         Mala saña digo y es que a la voluntad de herir se le llama libertad de expresión, según quien la ejerza claro. Porque los jueces que encarcelan a titiriteros por una obra sin otra trascendencia que no tenerla y con voluntad de dañarles, no persiguen a quien enarbola una pancarta que berrea a favor de un golpe militar: esto no es, a juicio de la Policía y la magistratura, ni incitación al odio ni a la violencia, ni apología de nada. Mi libertad de expresión es mucho menor que la de la Cifuentes o la de Fernández Díaz y sus secuaces cuando alardean de lo que en realidad son y se desbocan, eso lo tengo claro. Personas, muchas, insisto, tantas que no darían a basto las instituciones que pudieran declararlas non gratas. Además, para nada. Mero alarde de fuerza popular, airoso desplante para la galería que sería muy aplaudido por la parroquia y abucheado por el que fue adversario y es enemigo, que se rasgará de manera ritual las vestiduras. El harapo debe ser bello porque de tanto rasgarlas en ellos andamos.

         En los últimos cuatro años (largos) Fernández Díaz ha demostrado ser capaz, desde su puesto de gobierno, de cualquier indecencia que excede en mucho lo político y lo policiaco dentro de los marcos estrictos de la ley, en cuyo filo manifestó en alguna ocasión andar. De él no cabe esperar más que la destemplanza o la actuación abusiva y torticera.

         «Además de corrupto, inútil», se lo dijo Iñaki Gabilondo hace unos meses en uso de la libertad de expresión famosa. Se lo podría haber vuelto a decir ahora, pero ya para qué. Ahora dicen que el ministro de la policía está en horas bajas. Me río de sus horas bajas, si son todos la misma mugre. La derecha en sus manos no ofrece ni atisbos de renovación, les puede el caciquismo, las maneras de la rancia política de los pueblones alrededor del casino y sus sanedrines. Quitar a uno para poner a otro igual o peor, que ese puede ser el resultado de las próximas elecciones. La democracia les cae grande, les va la sociedad estamental, jerárquica, la que conviene a los poderes económicos. Maleantes de la política, vengo diciendo desde hace años, desde que empezó esta tragedia que ha dado en algo parecido al esperpento si no se hubiese cobrado ya tantas vidas. Esperpénticos personajes los que tienen el poder no de gobernar una sociedad con arreglo a programas políticos, sino de someterla a imposiciones sociales arbitrarias y dañinas. ¿Personas non gratas? Ministros, uniformados, entogados, mitrados, ensotanados, delegadas del Gobierno… Un poco tarde me parece que se plantea la cuestión, desde abajo quiero decir, porque esas personas son ingratas, cuando no repulsivas, desde hace mucho y se ha condescendido con ellas en un comportamiento de mera cortesía que no ha tenido simetría alguna, al revés. Llevan años actuando en vencedores sobre vencidos, en amos sobre lacayos, en señoritos sobre plebeyos, el ciudadano ha sido constantemente maltratado, idea vieja esta que en ocasiones se aplaude y en otras se abuchea. Nunca creyeron en el sistema democrático porque mamaron, y bien mamada, dictadura, franquismo. Se han aprovechado de ese sistema y de sus evidentes ventajas, que no es lo mismo.

         ¿Recuerden esa escena de Luces de Bohemia, de Valle-Inclán?. Hablan Max Estrella y Don Latino de Híspalis, camino del Callejón del Gato, el de los espejos deformantes, estos que para nosotros son las salas de audiencia, los medios de comunicación, las redes sociales:

         Max: La tragedia nuestra no es tragedia.

Don Latino: ¡Pues algo será!

Max: El Esperpento.

 

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 25.9.2016

 

El pregón de Javier Pérez Andújar

Texto íntegro del Pregón de las fiestas de la Mercè, de Barcelona, que aquí enlazo. Qué belleza…  En tiempos de mezquindad, malevolencia y mala saña, cainismo, cicatería con el valor y el mérito ajenos, qué hermoso encontrar que alguien levanta ese monumento  a lo hermoso cotidiano, a lo pequeño, a los desautorizados, a lo que duerme en los rincones de nuestra memoria y nos ha ido haciendo. Para mí, ese pregón excede en mucho las propias fiesta de la Mercè  que no han podido empezar de mejor manera y creo que puede marcar una época. Es un gran texto literario y  es también un redoble de conciencia. Vamos ahítos de mugre. Pueden  quitarnos muchas cosas, pero que no nos quiten las ganas, de leer, de escribir de vivir sobre todo, de convivir. Qué arma tan eficaz y tan limpia la de la emoción y la llamada a la fraternidad, qué contagiosa también.
Como le decía Don Latino de Híspalis a Max Estrella: Me quito el craneo.

 

El viaje de otoño (Diario volátil 35)

ctb5dm6xgaq0dxg-jpg_large1.- ¿Les dice algo la imagen? A mí mucho: un barrizal hecho campo de batalla… y dale que te pego (De la película Beg, de Alexander Alov)
2.- El reproche basado en prejuicios y en enconos revenidos como forma de relación: tóxico, como poco. Y junto al reproche, el desprecio y la malevolencia, la voluntad de hacer daño.
3.- “Desandar lo andado”. Lo escribía Blanca Luz Brum en Juan Fernández. Antipático camino de regreso el suyo que dio en la bulla del arrepentido que tiene que hacerse valer.
4.- Para saber que Caín anda suelto basta darse una vuelta por el mentidero. Claro esta que  esto es, siempre, cosa del otro. Nosotros somos, pase lo que pase, Abel, aunque escondamos la navaja abierta a la espalda.

Burlas y veras

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Ahora mismo, la política nacional tiene algo de caza furtiva con astucias de tramperos por un lado y de espectáculo arrevistado por otro. Unos se esconden como pueden tanto para perpetrar sus fechorías como para eludir sus consecuencias y otros, cuando los primeros se ven atrapados, nos aplicamos a la burla, a la invectiva, a las pellas y a la picota de papel, visto que la calle dejó de ser nuestra de manera radical hace ya demasiado tiempo y que de las urnas podemos esperar lo que estamos obteniendo: poco, por no decir nada. De momento, te dirá el optimista. Sea. Convengamos, por no reñir más que nada.

Con urnas o sin ellas, con burlas chocarreras o con rasgados de vestiduras de por medio, Rita Barberá, una profesional de la astracanada, se esconde por el momento detrás de un acta de senadora obtenida gracias a los votantes de un partido al que ya no pertenece y se beneficia de ese modo de un aforamiento que de otro modo se habría hecho humo. ¿Indecente? Sí, mucho probablemente, pero en otro país. Aquí no, aquí la jugada de tahúr de la política se celebra, el envido de la carta marcada se aplaude y se anima a la jugadora marrullera a sostener el cerco del populacho: a las palabras de Rodríguez Ibarra me refiero. ¿Con quién está en realidad gente como Ibarra que deben su vida acomodada al manejo de la cosa pública? Pregunta más retórica imposible, puro discurseo en el vacío, pero es esa gente, del color que sea, porque el dinero no huele, la que tiene en su puño a un país y no quiere soltarlo. Defienden intereses corporativos y de clase, no otra cosa. El futuro que pueden ofrecer, que de hecho ofrecen, no puede se más conservador: la continuidad del presente con todos sus privilegios y canonjías. ¿Y qué nos queda? Más retórica, porque la respuesta la conocemos: o el fino análisis dedicado a la propia parroquia o el abucheo y el pataleo. (SIGUE, artículo publicado en Cuarto Poder, 21.9.16, aquí enlazado)

*** La ilustración es una fotografía de Oronoz y corresponde a un detalle del sepulcro de Carlos III el Noble, de Navarra, y de Leonor de Trastámara.