La amenaza española

vlcsnap-2011-10-06-16h22m14s172Mala gripe esa, mala. «¡Cuídate, España, de tu propia España!», escribía César Vallejo, el poeta peruano, que dedicó a la España republicana amenazada y en guerra su España aparta de mi ese cáliz (1939). Vallejo fallecería al año siguiente, un día, dijo, del que tenía ya el recuerdo, y con aguacero. Jorge Oteiza quería que lo enterraran en San Juan de Luz… me viene un jirón de recuerdo libresco.

Cosas de poetas, claro, como aquellos otros versos de Jaime Gil de Biedma, el pariente, a ratos, de Esperanza Aguirre, pero en listo, en culto, en rojo y en sulfuroso (mucho de todo): De todas las historias de la Historia/ la más triste sin duda es la de España/ porque termina mal./ Como si el hombre,/ harto ya de luchar con sus demonios,/ decidiese encargarles el gobierno/ y la administración de su pobreza […]Quiero creer que no hay tales demonios./ Son hombres los que pagan al gobierno,/ los empresarios de la falsa historia…

Luis Cernuda, desde su exilio mexicano, también habló del ser español sin ganas,/ que vive como puede lejos de su tierra, él, a la manera de los que no pueden ser otra cosa… pero ese vivir «como se puede» es el de varios millones de ciudadanos que, hoy y aquí, lo hacen con el agua al cuello en el pantano de la oligarquía, gracias a la política económica de vasallaje perpetrada por el actual Gobierno. No, no es cierto, el desastre económico no fue una herencia, o no del todo, quienes se hicieron cargo del derribo económico del país han venido haciendo encaje de bolillos con este.

Se ve que por pugnar contra esos tres poetas mayores, el ministro Guindos, desde su puesto de gobierno, publica una España amenazada que cuando menos en su publicidad resulta tan desternillante como indignante. Y encima lo hace coincidiendo con la indecencia abortada del ex ministro Soria y en la editorial Planeta, la del Pandereta, ese premio eternamente bajo sospecha, montaje publicitario contra el que no se atreve nadie, no vaya a verse arrojado a las tinieblas exteriores de la vida literaria y mediática, dura cosa esa, dura.

Podría resultar insólito en otro país, que no fuera este, que después de cuatro años de despropósitos, saqueos, mentiras, privatizaciones y destrucción de empleo o creación de empleo basura que es lo mismo, un ministro de economía escribiera un encomio de sí mismo y de su demente y destructiva actividad con intención de dar gato por liebre y que lo titule nada menos que España amenazada. Me temo que solo va a poder engañar a los muy engañados o a los beneficiarios de sus chapuzas y su brutal incompetencia, que sin duda verán con buenos ojos la humareda. Presentarse ante el público como el salvador de España, elogiándose a sí mismo, es algo de una desfachatez mayúscula, una bochornosa falta de decoro, pero muy en la tradición de hacer de la mentira verdad, y de darle la vuelta a la realidad: el agresor se hace agredido por arte de birlibirloque, el verdugo víctima, el tramposo, modelo de rectitud, el ladrón, expoliado… y así, para siempre o casi. Esas cosas no se hacen, hombre.

«Las balas me silbaban muy cerca», dice el ministro puesto en escena como un Billy el Niño de Teatro Argentino enfrentado a los poderes del Mal económico, y espera que el público le tome en serio y no patee la función antes de que se le parta el culo de la risa. Hablar de tontos malvados es poco.

Digamos, por parafrasear a Vallejo, que hay que cuidarse del que antes de que cante el gallo niega tres veces todo lo que se le ocurre y otras tantas una vez que canta este, e incontables no bien le retuercen el pescuezo al dichoso gallo. En mayo del 2012, Rajoy declaraba con aplomo «No va a haber ningún rescate de la banca española». Después de eso, la banca, en un ejercicio de malabarismo financiero, se llevó millones de euros de los que solo ha devuelto un mínimo porcentaje, ante el silencio casi generalizado de la sociedad afectada que con él ha dado por bueno ese desfalco gubernamental.

¿España amenazada? Casi mejor bajar el tono grandilocuente de la astracanada ministerial y hablar de un conjunto de ciudadanos, esos sí amenazados por sus salvadores en sus pensiones, en su elemental bienestar y previsión social, en su vivienda, en su puesto de trabajo, en sus sueldos de chichinabo, mientras la clase social que representa Guindos se ha forrado, literalmente forrado, cuando no han guindado por lo fino, con tribunales de por medio o sin ellos. Las balas… por favor.

*** Articulo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 11.9.16

 

Anuncios