Don Quijote y Sancho, según Michel Onfray.

le-reel-na-pas-eu-lieuMichel Onfray, ese filósofo que sabe contagiar el entusiasmo por el vivir la vida por uno mismo, ahora en un ensayo muy sugerente sobre El Quijote y Miguel de Cervantes, Lo real no ha tenido lugar, que explora de manera apasionada a Don Quijote como el mejor modelo literario del «denegador», aquel que se empecina en no admitir lo real, en sí mismo y en lo que vive de manera compartida, y lo sustituye por una ficción de conveniencia, exculpatoria en último término: la verdad hace daño. Onfray que, al examinar los múltiples y en apariencia contradictorios datos biográficos de Cervantes, acaba señalando si el escritor no habría sido todo, de manera sucesiva o simultanea, un coro de voces interiores, más que un solista, como la gran mayoría, mucho menos hombres de una pieza de lo que se pretende imponer como modelo de personalidad: una mezcla de luces y sombras… solares y lunares, melancólicos, expansivos, complejos, apasionados, fríos, vivos o muertos vivos, a ratos, todo a ratos y más a merced de la escorredura de lo que se admite… Y desde esa polifonía escribió Cervantes.

No me resisto a traducir a mi manera un fragmento del libro de Onfray:

«Don Quijote es el santo patrono de los enfermos y de los locos, de los sicópatas y de los doctrinarios, de los neuróticos y de los exaltados, de los creyentes y de los místicos, de los ideólogos y de los dictadores, de los monomaníacos y de los obsesivos, de la mayoría de los intelectuales y de muchos filósofos, de los esquizofrénicos y de los doctrinarios, de los sectarios y de los locos de Dios; Sancho Panza, es el de los escépticos y de los empíricos, de los pragmáticos y de los utilitaristas, de los campesinos y de los marinos, de los realistas y de los incrédulos, de los labradores y de los jardineros, de los rabelesianos y de los hedonistas. El primero es el patrón de los astrólogos, el segundo el de los astrónomos. El uno cree que los conejos* son princesas, el otro sabe que se pueden hacer civets con esas princesas… Se me habrá entendido: tengo simpatía compasiva por Don Quijote, pero una gran afección por Sancho…»

* A propósito del episodio de la liebre que perseguida busca refugio entre las patas del asno de Sancho Panza, capítulo LXXIII:

Queríale responder Sancho, cuando se lo estorbó ver que por aquella campaña venía huyendo una liebre, seguida de muchos galgos y cazadores, la cual, temerosa, se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio. Cogióla Sancho a mano salva y presentósela a don Quijote, el cual estaba diciendo:
—¡Malum signum! ¡Malum signum! Liebre huye, galgos la siguen: ¡Dulcinea no parece!—Estraño es vuesa merced —dijo Sancho—. Presupongamos que esta liebre es Dulcinea del Toboso y estos galgos que la persiguen son los malandrines encantadores que la transformaron en labradora; ella huye, yo la cojo y la pongo en poder de vuesa merced, que la tiene en sus brazos y la regala: ¿qué mala señal es esta, ni qué mal agüero se puede tomar de aquí?

Item más: “Hace falta tiempo para comprender que ciertos libros fomentan la obediencia mientras que otros invitan a la insumisión”. Entrevista con Michel Onfray a propósito de Le réel n’a pas eu lieu

 

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