La sima

gaztelu_545 2 _11Hace unos días, en la sima de Legarrea, en el norte de Navarra, los antropólogos de la Sociedad Aranzadi han comenzado a rescatar unos restos humanos, infantiles, que es más que probable sean los de alguno de los hijos de Juana Josefa Goñi, que, embarazada, fue allí arrojada con seis de sus siete hijos en agosto de 1936. Tanto su marido como su hijo mayor estaban en ese momento fuera del pueblo.

Por pura casualidad, ahora mismo vivo en un pueblo cercano al que fue a parar, después de la Guerra Civil, José Martín Sagardía Goñi, el hijo mayor de Juana Josefa, que se libró de la muerte porque estaba fuera del lugar en el momento de cometerse el crimen, aunque no en el frente de combate como se ha dicho. Pero este jirón de la historia no se cuenta, se prefiere el bulo, lo indefinido y lo brumoso, las leyendas –¿El general Sagardía pariente? ¿En qué grado? Y de ser cierto, ¿cómo explicar que también lo fuera de uno de los jefes de la temible policía del Requeté? ¿El general Sagardía investigó? ¿Dónde están los rastros documentales de esa investigación?–, y aquí, en el pueblo, nadie, viejo o joven, sabe de aquel hombre que fue vecino y ya murió, en 2007, y se llevó con él su drama y sus secretos. Ni sabe ni quiere saber. La memoria, ese chirrión. Hay cosas que la memoria prefiere, por higiene, eliminar, decía Carlos  Barral. (SIGUE, artículo publicado en Cuarto Poder, 14.9.2016, aquí enlazado)

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