Cabalgada fantástica (Papeles de Antton Basurde)

 

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«Mal médico y peor borracho… el Doc de La Diligencia tenía otra grandeza», dejó escrito en sus apuntes inéditos Antton Basurde, refiriéndose obviamente al suyo. Y era cierto. Sabía Basurde, mucho, eternamente desplazado, desarraigado, inadaptado… y sabía, con uno de los Argensolas, que «ese cielo azul que todos vemos,/ ni es cielo ni es azul…». Así con todo. O lo que viene a ser lo mismo: no hay idilio ni ficción ni espejismo que cien años dure: la amistad vinosa es probablemente el peor de todos, el del arraigo donde estás de más no le va a la zaga. Un día se acaban, se rompe el vaso y el baboso, el limaco, enseña su verdadero rostro, el de la brutalidad,  la malevolencia hacia el prójimo, el del desprecio por sistema, el del insulto gratuito, el tosco racismo del apellidismo y un difuso resentimiento social, agresivo, falsamente político, mamado en la sima de la bota paterna  hechos armas arrojadizos, argumentos de peso, y todo como una forma de afirmación en la realidad y de acoquinar al interlocutor, tachándolo de mentiroso o de cobarde ante la vida, oh, solo así se puede ejercer de campeón, de vivir con verdad y de encarar la vida con coraje, ese que permite trasegar un vaso detrás de otro sin descanso y ejercer con ello de gallo listo. Cuando has mamado mucho vino y más mala saña, al final se nota, aparece el violento que del trato desapacible hacer arte. Esto en una ciudad carece de importancia, en el pueblón de los cuatro gatos en el que la convivencia es forzosa, sí la tiene. Hay gente que está convencida de que puede empujar de manera impune y que el prójimo está obligado a aguantarle. Nada menos cierto. «Un día se rompe el vaso y con él la baraja de los listos y se acabó el paisaje y también el paisanaje, es hora de hacer el equipaje y poner tierra de por medio». Esto escribía Basurde antes de que le atropellara un camión y se fuera sin despedirse.

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