Astracanada nacional

wall_big_circo_de_los_horrores_madrid_2015_halloween_en_madrid_cabaret_maldito_escenario_puerta_del_angel Con Rita Barberá la trapacería está servida desde mucho antes de que fuera siquiera señalada de lejos como objetivo de anticorrupción y sus malas prácticas políticas fueran un clamor apagado por el aplauso de sus secuaces y el silencio cómplice de la prensa afín al régimen. Nada nuevo por tanto. Una más, la que tocaba esta semana.

«Ya no es afiliada al PP», dicen a modo de cortafuegos para justificar que no deja el Senado y el interesado añade que el presidente no tiene autoridad para pedirle que se vaya. Es cierto, pero al margen de la bobaliconería de hablar de sí mismo en tercera,  esa no es una excusa de ética política para que siga siendo senadora en la medida en que si lo es, es gracias a los votos del Partido Popular, a su propaganda electoral, a su aparato y a sus trastiendas claro. Además de que saltaba a la vista que su nombramiento no tenía otra intención que la búsqueda del aforamiento de cara a posibles investigaciones y encausamientos. Mala fe política a raudales. Se retratan a cada paso: una mezcla de codicia y de soberbia, de prepotencia política alimentada con años de abusos impunes; poco importaba además que la justicia les cercara, a ella y a Camps y a otros que fueron presentados por Rajoy como modelos de ciudadanos, según consta en las hemerotecas, algo que ya produce risa.

Por otro lado, con sus alardes expresivos, majezas y destemplanzas Rita Barberá se ha convertido en un personaje de la astracanada nacional, y eso para las burlas chocarreras no está mal, al revés, hace portadas y provoca, pero estas no dejan de ser, en la práctica, manifestaciones de impotencia política. De poder echarlos y ponerlos en la calle, o frente a un tribunal que los juzgue con severidad, las burlas toscas del extrarradio resultarían innecesarias, por mucho que ella, con sus alardes, las ponga en bandeja.

Me temo que a estas alturas de derribo nacional sea más importante fijarse en la posibilidad de cambiar este estado de cosas que en si un tribunal puede al fin probar los hechos delictivos de los que se les acusa y condenarles. Bien está la actividad de los tribunales, todo lo tardía y renuente que se quiera, pero el cambio político y social es ya prioritario, algo que quienes pueden llevarlo a cabo olvidan de manera clamorosa. ¿No pueden? ¿No saben? De no haber cambio, mucho me temo que la permanencia de gente como Rita Barberá, o peor que ella, en el panorama político nacional está asegurada por la fuerza de los votos, y que esa actividad judicial, ya cansina, seguirá su lenta marcha entre absoluciones, pagadores del pato, exculpaciones, y triquiñuelas procesales. Hay varios millones de votantes, del PP, del PSOE, de C’S o de nada, para quienes ese cambio no es prioritario, como no lo es el detener el deterioro extremo de las instituciones, mientras el negocio, esto es, la máquina de hacer dinero funcione, que se ve que lo hace, a juzgar por las cifras aparejadas a una clase social privilegiada.

Para un estamento social de logreros de la política, al que pertenece Rodríguez Ibarra, la permanencia de Rita Barberá en el Senado es una muestra de la firmeza del sistema, no de su solidez política, sino de su intocabilidad, que no es lo mismo, esa que se consigue con cacicadas, leyes mordaza y una complacencia obscena en el ejercicio del poder. Por eso no debe renunciar a ese escaño que se sostiene en la pura nada porque ya no puede representarse más que a sí misma, todo lo demás son trucos. Es inevitable pensar que para esta gente, un asiento en el senado, como sus jubilaciones dentro del aparato del régimen (en el que se incluyen los poderes económicos), es como una máquina tragaperras en la que, la manipule quien la manipule, salen premios en cascada. Los miembros de esta clase social de privilegiados no defiende el sistema democrático, sino el sistema económico con todo su aparato legal y represivo en beneficio de una sola clase social a la que, por ingresos, pertenecen.

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