Capitano Giangurgolo (Papeles del limaco)

sand_maurice_masques_et_bouffons_09“¡Io sono il Capitano Spavento da Valle Inferna, soprannominato il Diabolico, Principe dell’ordine equestre, Termigisto cioè grandissimo bravatore, grandissimo feritore e grandissimo uccisore, domatore e dominator dell’universo, figlio del Terremoto e della Saetta, parente della Morte, e amico strettissimo del gran Diavolo dell’Inferno!”

Imponente, oiga, la presentación del gallito del pueblón cuando aparece haciendo ruido en el tablado de la cátedra, esa zahurda racial y ahumada de la baraja, la caza y la pesca de los listos, donde matar la tarde y con ella el poco de vida que va quedando, a echar el veneno del descrédito, la insidia, la radicalidad política disuelta no en votos sino en vino, la triquiñuela que le coloca por encima de los pringaos, todos,  con la seguridad de que va a ser aplaudido desde el temor a ser pasado por la lengua, pero olvidando que no es la primera vez que alguien con más decencia, y más hombría de bien sobre todo, le ha partido los morros. Cosas de la vida rural. Entre tanto, en el lamentable teatro de la vida auténtica y racial, sumido en la niebla, resuena a diario el vozarrón aguardentoso de ese Capitano pariente de la Muerte y amigo íntimo del Diablo,  cuando en realidad no es más que un Giangurgolo, un Juan Bocazas alborotador de tabernas aldeanas… y de capitano nada, como mucho un sargentazo Belcore, engreído, superficial y egocéntrico. Voces que se oyen detrás de la escena, en ese baile de máscaras en el que estamos metidos todos. Y donde también se oyen estas otras, pero del lado del paraíso, el de los espectadores a pesar suya:
“Si al gallito de Txokoto le quitan el vino se queda en capón, por eso no lo suelta”, dice Pulchinella.
“Ya puedes pensar, ya”, añade una Colombina apaleada.

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