Derribos librescos 1

img_0345Regreso al derribo libresco por el que he andado estos días. Ya no se trata del desbarate definitivo de la biblioteca de aquel médico cripto-republicano de la que tiramos durante años, sino del depósito del chamarilero que vende a cuatro perras lo que ni siquiera se vende a ese precio. En los restos ya muy floreados del naufragio estaba hurgando una gente desapacible y huraña. Por mi parte he dado una última ojeada y me he llevado la obra de Adelaida García Morales recuperada a la vuelta de muchos años, en ejemplares nuevos, sin abrir, ni leer, como tantos otros de los de aquel derribo. Las librerías donde fueron comprados han desaparecido. García Morales que ahora regresa  como personaje literario de una novela de Elvira Navarro que no he leído, pero que veo descrita como algo por fuerza sombrío, triste. Me pregunto si esa novela que explora la suerte (mala) de García Morales hará que esta vuelva a ser leída. No creo. Las misma «recuperaciones» literarias me temo que son cosa del pasado, que el presente empuja. La sensibilidad o lo que por tal se tiene también es otra. Los setenta y ochenta quedan lejos. Un mundo social, político, económico se fue deslizando y terminó por despeñarse. Tal vez los autores solo sobrevivamos como personajes literarios, al menos durante un rato. Con María Luisa Melcón y esa novela, mítica como todas las de Barral, que huele a moho y a humos de chabola, y que conserva su faja publicitaria, supongo que pasará lo mismo. Es una buena novela, escrita con ambición, mucha más de la que ahora mismo se pone en juego. Los lectores eran otros y sus referencias también otras. ¿Quién leer a esos autores? No lo sé, pero me temo que no son ni referencia de bagaje literario, o muy desvaído en todo caso. Los libros de nuestra época, de otra época quiero decir. Nombres que a los más jóvenes nada dicen, no por nada, sino por fuerza. Al final no compras libros viejos, sino reliquias, ex votos de tu propio naufragio. Te agarras a ellos mientras el tiempo vuela, queriendo convencerte de que tus propias páginas están por el momento a salvo.

 

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