El tarjetero negro

img_0344No es un japonesería de chamarilero, uno de esos objetos decimonónicos de laca china decorados con escenas amables de un exotismo doméstico, sino una sofisticada herramienta de saqueo empleada por un sector de la clase política española ligada a la banca. Ligada, sí, porque sin apoyos explícitos políticos la mayoría de los hoy encausados por las tarjetas black no hubiesen estado donde estuvieron, en el fabuloso negocio de las comisiones, las dietas, las tarjetas bancarias, fuente de dinero opaco, los puestos de aparato y nulo contenido, y otras canonjías de fundamento y función sociales por completo dudosos. Para comprobarlo basta examinar las trayectorias profesionales de los protagonistas, auténticos parásitos sociales algunos de ellos. Y es imposible que esas prácticas no se supieran desde instancias de gobierno y estén reducidas al pozo negro destapado.
A estas alturas, el verdadero asunto no es que sucediera algo así con Bankia y aledaños, sino cómo y gracias a quiénes pudo pasar. No basta con decir que, a la manera del cuento de Alí-Babá, se reunió, una vez más, una pandilla de desaprensivos decididos a hacerse con un botín opaco, a escondidas y sobre el lomo de los ahorradores que nutrieron el banco con sus depósitos. (Sigue aquí enlazado, artículo publicado en Cuarto Poder, 28.9.16)

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