Officium defunctorum (Diario volátil 36)

imagen11.- Arte necrológico: hablar del fallecido como si fueras tú, dirigir al fallecido los elogios que quiseras para ti, esconderte en ellos.
2.- Los inciensos funerales no tienen otro objeto que impedir que se perciba la podre que exhala del fallecido.
3.- De la muerte de mi enemigo no me alegro, pero tampoco me entristezco.
4.- “Siéntate a la puerta de tu casa y verás el cadaver de tu enemigo pasar”… ¿Y? Y nada, tú vas detrás. Furias en balde, como esa otra, más necia si cabe de embrigarse con el “Ni olvido ni perdono”
5.- Pienso en Aquiles arrastrando el cadáver de Héctor que sin duda hubiese hecho lo propio de haber resultado vencedor en el combate.
6.- Pienso también en la costumbre andina de la Chasquivay, las loas interminables de velorio que acaban en borrachería. Lo mismo cabe decir de las constituciones sinodales que prohibian los banquetes fúnebres… con escaso éxito.
7.- Pienso en la piedad funeral y quisiera ver algo distinto a una convención social, cuyo objeto es ocultar el propio rostro, y a una obligación moral impuesta y nunca cuestionada… el duelo es otra cosa y los años van reduciendo las ocasiones de celebrarlo con verdad.
8.- Con la edad se reducen mucho las ocasiones de entonar planctus alguno, como no sea el de la propia vida echada a perder.
9.- El susurro de las oportunidades perdidas es la polifonía de tus propios oficios de muerto vivo… lo demás, consuelos, vientecillos de Guiraut Riquier, melancolías, abandonos, pesadumbres…

 

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Un pensamiento en “Officium defunctorum (Diario volátil 36)

  1. Miguel tal vez con la edad (palabra que odio de esas que coartan e imponen prejuicios), uno pueda hacerse dejar crecer la barba, y confiar en lo desconocido más que hasta ahora. Lo que vendrá al final lo sabemos.

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