Por el hayedo de Legate

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Hoy anduve de nuevo por el hayedo de Legate, a otra hora, con otra luz. Nadie y como ruido, el gañido de las grullas, el ruido de las hojas al caer y el de los golpes de viento en las copas y zarandeando las hayas. He recordado que, por estas fechas, desde hace años, suelo leer las páginas finales de Bajo el volcán, de Malcolm Lowry. Este año no ha sido así porque no tengo ningún ejemplar conmigo. En concreto leía ese pasaje donde el cónsul  les dice a unos criiminales que quieran saber qué hace ahí donde se encuentra, que está esperando  a que pase su casa por ahí para meterse en ella, y blablablabla (mío), ya no hay casa que valga, si pasó, no me metí en ella,  si lo hice, salí por la puerta trasera antes de que la casa tomara tierra porque me la imagino voladora. Ni hay Farolito ni hay otros barrancos que los que el bosque encierra, gauridas de jabalís, refugios de becadas enseguida. No hay casa, hay bosque y hay distancia, por el momento; mañana o pasado, en Todos los Muertos, ya veremos.

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Fastos barojianos

barojabienCon el 60 aniversario de la muerte de Pío Baroja vuelven los fastos barojianos en esta cultura nuestra de la conmemoración, el evento y las funciones culturales institucionales.  Alguno se extraña de que mi nombre no aparezca por ninguna parte relacionado con Baroja. Soy conflictivo, dicen, ellos sabrán por qué,  y que mis trabajos nada valen, es una opinión, molesta, pero opinión.
Para mí Baroja es una página de mi vida ya pasada. Creo que, al margen de haber escrito cientos de páginas, soy sin duda el escritor en lengua castellana que más paginas ha escrito sobre el autor y su obra, lo digo sin jactancia, solo porque es verdad, molesta por lo visto, pero verdad (reto a cualquiera a comprobarlo), y porque nadie lo va a decir en mi lugar: biografías, estudios de aspectos parciales, conferencias, artículos, reseñas, prólogos, trabajos puntuales… ha sido tirar mi tiempo y mis ganas por la ventana: trabajos inútiles y ya perdidos, por ninguneados a conciencia por los bonzos de la cultura política española, pues en estos términos es preciso hablar ya. Escribí una extensa biografía, Pío Baroja, a escena, (destruida), la más completa me temo, nada. Escribí un ensayo exhaustivo, hasta la minucia dijeron, sobre Baroja y la Guerra Civil, Tiempos de tormenta. silencio, mi trabajo de edición de su mejor novela inédita, Miserias de la guerra,  silencio también, o casi… eso aburre a cualquiera, y luego los malos modos, la mala saña, las mentiras, las insidias, los vetos, las zancadillas, los insultos… como digo, eso cansa a cualquiera, es muy triste en  lo personal y afectivo, y al final te obliga a pasar página, y a olvidarte de Baroja para siempre… de la gentuza que lo tiene patrimonializado ahora mismo es más difícil.
En este país escribir algo crítico en dirección contraria a las devociones comerciales y culturales no te reporta nada bueno. No hay que apartarse de la línea oficial, académica o industrial, hay que repicar como un doctrino la papilla de los devocionarios y de las funciones organizadas en loa del estafermo, que en eso han convertido con sus incensarios y novenas a Pío Baroja. De lo contrario estás fuera.

¿Todo vale?

lucha-libre-santo-blue-demonEstá visto que es inútil preguntárselo porque todos conocemos la respuesta. Sí, todo vale, pero según para quién, o al revés, que viene a ser lo mismo. Y además, ya no hay canallada que no se aplauda si perjudica al enemigo. Con el aplauso se hace de la mentira verdad, esa que en esta tierra es patrimonio de todos los Abeles que esconden a un Caín que se embriaga de cainina a diario, ese potente alcaloide de distribución libre y gratuita: basta un somero recorrido de titulares de prensa para meterse un pico hasta el hondón.

Todo vale pues en el reñidero de la política nacional, pero dependiendo de dónde y con quién estés. Si tienes el poder de mano o con él estás, puedes hacer y decir lo que te venga en gana. La vigilancia policial en las redes sociales está visto que beneficia a unos y a otros no, porque a diario se ven injurias y amenazas graves que quedan impunes, mientras que la pesquisa y seguimiento de otras personas es constante y agresiva.

Lo sucedido en el Congreso días pasados no es el reflejo, sino la descarnada fotografía de un país en descomposición. En este país lo que se les permite a unos, a otros se les impide. Las cosas son libertad de expresión o insultos según quien sea la víctima. La injuria y la difamación solo inquieta si somos nosotros o nuestros amigos las víctimas. El bochornoso caso de la Cifuentes contra Ada Colau es la mejor prueba. Y como ese tantos otros. El Rajoyato está siendo un régimen ejemplar en ese sentido.

La actuación de la presidenta del Congreso de los Diputados frente a Pablo Iglesias permite dudar de su imparcialidad institucional, como se ha dicho, pero no más que de la de jueces y fiscales en asuntos de fondo político. Aquí no hay defensa de la ley o de la ciudadanía como tal, sino del Sistema. Y más que parcialidad casi mejor sería hablar de pocas ganas o de ninguna, de mala fe institucional, de franca hostilidad institucional hacia todo lo que no sea el venid y vamos todos, de demonización de disidencias, de aplicación torticera de las leyes. Un asco.

«Hem de fotre el camp com més aviat millor…», dijo el otro día el diputado Tardá refiriéndose de manera expresiva –largarse cuanto antes mejor– a la independencia de Cataluña, pero ese deseo de poner tierra por medio es ya un lugar común de miles de ciudadanos que se largan porque se ven expulsados en lo material, y que si no lo hacen, es porque no pueden. Largarse. Está en el aire. Es un estado de ánimo. No cabe ya mayor desafección.

¿Quién miente dentro y fuera del reñidero? Eso ya no tiene la menor importancia, los votos hacen del canalla un morro virtuoso y sermoneador: cuantos más votos, más virtud. Los votos y la fuerza, cuanta más fuerza tengas, más verdad: eso lo saben uniformados y gente de toga que representan al poder y solo a él. La prevaricación y el falso testimonio dependen no de los hechos sino de quien actúe.

El Partido Popular no puede erigirse en un dechado de virtudes e ignorar el número asombroso de cargos públicos, carguetes, amigos, amiguetes, militantes, ex militantes, adheridos, beneficiarios de su política de saqueo de la cosa pública que ahora mismo están procesados, investigados o señalados. Es más lo que no sabemos que lo que ha salido a la luz. El tratamiento que están recibiendo por parte de la fiscalía del Estado hace dudar de a quién y qué defiende esta, al eludir por sistema referirse al partido Popular, que es quien en realidad está sentado en esos banquillos porque sin él y sin su política nada de eso hubiese sido posible. «¡Aguanta Luis!» le dijo Rajoy a Bárcenas. ¿Pero es que también vamos a olvidar esto? ¿Pero es que nadie se va a preguntar por qué Bárcena ha retirado su acusación particular en el caso de la destrucción de los ordenadores en la sede del Partido Popular? Está visto que no. Tienen el poder y pueden correr una espesa cortina de humo entre la vida real y la palestra política, donde la mentira por sistema es el principal argumento de la obra. Votos más aplausos: verdades redobladas, y ahora mismo poder impune. ¿Moralidades? No, quiá, simple lectura de titulares de prensa, el olor a podrido que flota a su alrededor.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 30.10.16

 

Chuquiagomarka

9215742757_6fa170997b_oHoy, Martín Zelaya, periodista boliviano, ha publicado en Pagina Siete, de La Paz, un reportaje sobre Chuquiagomarka, uno de los libros bolivianos en los que he venido trabajando estos últimos años y que se publicará el año que viene. Este, dedicado a la ciudad de La Paz, no es el único libro boliviano: me queda por terminar una Cirobayesca, una novela boliviana carnavalesca y organizar algunos cientos de páginas de diarios de viaje. Ahora que los asuntos de la vida pública aburren más que nunca y amenazan con ahogarte a poco que descuides, es posible que sea un buen momento para esa tarea.
Chuquiagomarka (el nombre de la ciudad de La Paz en lengua aymara) es sobre todo una crónica de pateo ciudadano a lo largo de nueve viajes, entre 2004 y 2014, y un intento de responder a la pregunta ¿Por qué La Paz?  Veremos si he conseguido explicarlo. Con esas páginas no está agotada la ciudad ni mucho menos, ni en el libro ni para mí. Volvería hoy mismo y recorrería las mismas calles y nada sería igual a como fue, de eso estoy seguro, porque no habrá nada que no me entregue un detalle o un matiz nuevos, una sorpresa, todo lo que dejé para otro viaje, lo que voy a dejar sin duda para otro viaje. En La Paz tienes las sorpresas aseguradas: cementerios, tugurios, comedores, edificios de entrañas coloniales, callejones, mercados, cafés, clubs sociales, yatiris… y mucha conversación. Lo suficiente para acercarse a ella con verdadero apetito. De los amigos que allí dejé nada digo, espero encontrarlos de nuevo.

Primeras noticias de Chuquiagomarka en Pagina Siete, de La Paz, el libro que publicará Lupercalia Ediciones en unos meses http://www.paginasiete.bo/…/chuquiago-miguel-sanchez-ostiz-…

Con Josep Malivern en Auzkue

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Hoy vino de visita, desde Tarragona, el amigo Josep Malivern, poeta, de quien publiqué algunos poemas en mi blog Vivir de buena gana. Hemos subido a la cruz de Auzkue, pasando por ese bosque de robles en el que hay ejemplares magníficos y que con su niebla ha sido pretexto para hablar de Orson Welles en Campanadas a media noche y del paisaje inglés que él conoce bien. Mañana de carcajadas gozosas y de franca amistad. Las complicidades se hacen cada vez raras porque, además, nos tratamos cada vez menos. Lo fiamos todo a las redes sociales, nos hemos entregado a ellas casi atados de pies y manos: escasas llamadas telefónicas y escasos mensajes de correo electrónico, rarísimas cartas, encuentros esporádicos y lastrados por la pereza, la prisa, la urgencia… ¿La edad? ¿Solo eso? He visto vivir y morir a alguna persona por completo aislada y desconectada de lo que pudo  haber sido su mundo, pero no es el caso. Estas alborotadas soledades son otra cosa.  Te dirán que algo ha cambiado en las relaciones sociales y en las personales, y que hay que plegarse a esos cambios, que cualquier rebelión es inútil, que no hay marcha, que la pantalla sustituye al bosque y a sus aromas, que el teclado a la palabra y el pobre emoticón a las carcajadas francas y contagiosas. Si dicen, que digan, pero hora que le arrebates al barullo es hora ganada.

Toques de aldaba, 4

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1.- El desprecio como una forma perezosa de ese odio que nadie admite sentir y que en cambio se huele a diario en el aire emponzoñado de las redes sociales y los medios de comunicación.
2.- La dudosa elegancia del desdén, tosco o ingenioso, poco importa, que esconde la envidia, esa tristeza ante el bien ajeno que fijó Aristóteles.
3.- Quien se queja de tus imprecaciones y despropósitos, espera que aplaudas las suyas o le rías sus burlas ofensivas para terceros.
4.- Cuando oyes enarbolar el principio de autoridad como último argumento inapelable, es más que posible que te estén amenazando.
5.- Cuídate de quien se muestra contrario a la violencia, incluso a la verbal, pero disfruta con la difamación, las mentiras, la calumnia y las injurias bajo disfraces literarios… siempre que el blanco sea otro, claro.
6.- La difamación solo irrita si eres tú la víctima… o tus amigos o tus deudos a quienes socorres con lanzas que son cañas chamuscadas de cohete para cobrarte el barato del favor debido.
7.- “A nosotros nos preocupa…”. Nada, ni caso, farfolla, pura retórica.
8.- Falso testimonio, prevaricación, dolo manifiesto… nada, gollerías, el aplauso, el voto y la fuerza los convierten en virtudes cívicas.

 

 

 

Gilbert Arragon, librero, en Saint-Esprit

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Al final va a resultar que el único motivo real que tengo para ir a Bayona es  pasar por la librería de Gilbert Arragon, y más por las chanzas y el humor del librero que por lo que encuentro, que también, claro. Pero ese rato de risas y sarcasmos no tiene precio. Me voy con la idea de que es más lo que dejo, que lo que me llevo, pero eso ya qué más da, eso no tiene cura ni escenario preciso. La librería está ahora en el barrio de Saint-Esprit, el antiguo barrio judío de Bayona, el de la sinagoga y el cementerio, pero cuando la conocí, hace mucho, demasiado,  estaba en la Petite Bayonne, siempre atiborrada de libros en los que hay de zarpear que es un gusto. Con el tiempo se metió en el local de al lado, que era una carnicería y luego algo de bicicletas. Nunca he salido con las manos vacías: viajes (Monfreid), filosofía –aquellos Cioran leídos y anotados por un cura–, Céline (en sus panfletos antisemitas),  Cendrars, Muray, Bove, Jarry, Apollinaire, Perret… qué sé yo, buena parte de lo leído estos años viene de ahí. No se trata de titulos, ediciones, autores, ni bibliofilias, sino del rompecabeza de tu mundo literario, al que te agarras como puedes. Temo el día en que pueda encontrarme la persiana echada.

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De brumas y de veras

dsc_0013El valle esta mañana visto desde Otsondo. La niebla no acababa de levantar, estaba pegada al suelo, como el humo de las casas ayer tarde… Me voy, pero me quedo, pero me voy. No será el paisaje el que me aburra, al revés, solo que un paisaje no puede ser un lastre, ni atarte como un cepo.  ¿Lastre, bálsamo? Vine aquí hace 21 años para encontrar una tranquilidad que me faltaba después de la publicación de Las pirañas y de las consecuencias que me trajo:  el libro que ahora mismo corrijo y cuya historia escribo en los márgenes de un texto que para mí no ha envejecido, al revés, me está dando viento en las velas, buen viento… me quedé corto, me quedaré siempre corto. Me he ido de aquí por temporadas y siempre he vuelto como quien se acoge a un refugio seguro.  A ratos siento que esto se acaba y otros que ya es tarde para irse a ningún lado, para emigrar como los pájaros o como Mateo Alemán,  y para todo lo que no sea atender empeños pendientes.  ¿Fantasías literarias, lirismos vacuos? Tal vez… ¿y qué? Del bien vivir se trata, al margen del escenario.

Vuelta de Legate (el paso de las grullas)

dsc_0071 dsc_0072El miércoles no hubo suerte, pero hoy sí, como nunca además. Subí a Legate porque el día estaba raso y porque sí. Hay ferias de otoño en Elizondo y aunque pueda subir al monte ya no tengo edad para andar de ferias, feriar algo por los puestos, comer como un ogro, garbanzos y paloma, ir al partido de pelota y etcétera, que casi es lo peor, el etcétera, y mañana más. No tengo edad, ni ganas, por no decir otra cosa.  Bien, a lo que estaba, a Legate. Una luz preciosa, muchos milanos, colores imponentes, rotundos y delicados en sus matices, en las umbrías… y cuando ya iba de cara al hayedo de Beltxuri, he visto la primera bandada de grullas, lejos,  por encima de los Alduides y el Quinto, con el Ory al fondo. Meterme en el hayedo y empezar a oír los gañidos atronadores ha sido todo uno, así que he dado media vuelta a prisa y corriendo  a tiempo para empezar a verlas pasar rasas por encima de las copas de las hayas. Decir que ha sido emocionante es poco. En concreto esa bandada que no se veía pero sí se oía, muy cerca,  hasta que de pronto ha aparecido por encima  de las hayas…  y enseguida una bandada detrás de otra hasta formar un grupo enorme sobre el valle. Qué alegría, como cuando nevaba, allá lejos y hace tiempo, claro. De regreso al bosque las he estado oyendo y viendo pasar entre las copas un buen rato. Luego la tarde se ha quedado quieta,  el sol ha caído y el bosque se ha quedado muy sombrío. Y no ha habido más… ¿Te parecerá poco? No, no me parece poco, me siento alguien afortunado, eso es todo.

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Vuelta de Larrazu

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Brillan los colores sosteniéndose hasta el último instante de un desvanecimiento en el juego del aire con la luz, y del cielo que apenas perceptiblemente se mueve. Un cielo discontinuo, él mismo un claro también.
Y los colores sombríos como privilegiados lugares de la luz que en ellos se recoge, adentrándose para luego mostrarse junto con el fuego en la rama dorada que se tiende a la divinidad que ha huido o que no ha llegado todavía.
Marí Zambrano, en Los claros del bosque… 1978.

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Larrazu es el monte que tengo enfrente de mi mesa de trabajo, el de las luces y las sombras, y los colores que marcan las horas y las estaciones. Después del paso de las grullas de ayer noche me las prometía muy felices y he subido al monte con intención de pasar  Arakan, el collado que separa Orabidea del resto del valle, pero no ha habido suerte, no han pasado las grullas; en su lugar, buitres, no es lo mismo, y abetos enfermos. Pensaba que una vez se disipara la niebla, estaría despejado, pero no ha sido así: la mañana ha estado zakarra, como dicen aquí, oscura y triste, más triste que oscura incluso, la luz lechosa, el aire quieto y asfixiante. Por el camino de subida ha habido algunos momentos luminosos, que en eso consiste todo, las hojas de las acacias. El camino puede ser el mismo, las luces no. Oscuridad pues y silencio, mucho, una quietud extraña y las nubes bajas ocultando la cumbre de Legate, el horizonte hacia los Alduides. He pasado un buen rato en el hayedo de Larrazu, el que fue alcanzado por el fuego provocado de hace meses. Silencio y oscuridad, y un verdor intenso del musgo que contrastaba con el pardo de la hojarasca mullida del otoño, pero sobre todo silencio: ” Y así son breves los detenimientos del amigo del bosque” (sigue María Zambrano). Las grullas, otro día, seguro, no engañan.

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