Y colorín, colorado…

the-burial-of-the-sardine-1943El espectáculo que está dando el Partido Socialista desde sus trastiendas, porque espectáculo es, resulta asombroso. El de Podemos no le va a la zaga, en más abstruso a mi modo de ver, aunque también puede suceder que, por no poner suficiente interés, no lo entienda y me aburran esos pulsos y esos tiras y aflojas de tribunos fogosos.

Vista desde lejos tanta discordia suena a rebelión sembrada y esto a conspiranoia. Todo suena a conspiranoia, como la policía política del devoto Fdez. Díaz, de la que no va a responder, ni en el Congreso ni en los tribunales. Sea lo que fuere, Tullius Detritus anda suelto. No sé si lo recuerdan. Tullius Detritus, el eficaz sembrador de cizaña, es uno de los personajes con más retranca de Astérix. Allí donde va, la discordia y la disensión están aseguradas. Es todo un experto en malmeter a unos con otros, por eso lo utilizaron los romanos para intentar destruir a la irreductible aldea gala que resistía a la invasión. Los galos resistieron, los padres de la patria y adheridos juegan a una piñata, todos a ojos ciegas, de modo que quedan golpeados hasta los espectadores, sobre todo estos. No se me ocurre mejor imagen para ilustrar lo que ahora mismo está sucediendo.

Recordemos que hace cuatro años, cuando las calles ardían y parecía que había llegado el momento del cambio social y político, se hablaba, de manera tímida eso sí, de un frente progresista de cambio. Eso ha dado en nada, en menos que nada, en un mogollón más risible que otra cosa con pinta de prolongarse de manera indefinida en beneficio del gobierno actual y su ideología. Ignoro si este estallido se debe al penoso resultado de las últimas elecciones (por parte del PSOE), pero las dos formaciones políticas que podían haber liderado un cambio rotundo se están deshaciendo antes nuestros ojos como un castillo de arena. El clamor popular ha dado en bomba japonesa de cuchipanda doméstica: un estallido y muchos confetis. Se acabó la farra. Porque de eso se trata, de que se acabó la fiesta. Aquí ha habido un error de óptica mayúsculo como es el de creer que el ciudadano, el votante, el que ha padecido las políticas de desgobierno, tenía por fin voz y voto de cambio. Se ve que no, que aquí quienes gobiernan son otros, que pueden dar golpes mediáticos y económicos… y policiales, porque tienen un poder que no está en las urnas más que de manera aparente.

No sé cómo lo han conseguido, pero el Partido Popular tiene que estar frotándose las manos. Si puso cara de pasmo con el resultado de las últimas elecciones, ahora debe estar pensando que los milagros de las carroñas y devociones de Fernández Díaz han funcionado, porque el gobierno de la mano dura es cosa hecha.

 No creo que decir esto sea adelantar acontecimientos, sino preparase para el peor escenario posible: aquí no va a cambiar nada, como no sea a peor. Es el más extraño golpe de Estado que se ha dado, no han hecho falta espadones, las huestes de la oposición se han dedicado a pelear entre ellas a la vista de quien estuvo atemorizado con que el poder que se le escapaba de las manos. De no creer no, de chiste, este en el que vivimos. Y que no vengan con cuentos de que en el futuro ¡venceremos! El futuro será otro, el que los amos del cotarro decidan, y otros sus protagonistas verdaderos. Ya pueden los plebeyos ensayar la rebelión todo lo que quieran, que dará en carnavalada.

 Y ese editorial de El País en el que directamente se insulta a Pedro Sánchez va a hacer época: insensato sin escrúpulos… ¿Escrúpulos? El País pidiendo que el PSOE entregue el gobierno a la corrupción de Rajoy y su partido. Es mucho entregar. Inaudito. Cómo no pensar que están comprados, como los ingleses compraron a los generales de Franco. Qué decepción. El País convertido ya desde hace mucho en La Verdad, aquel periódico del obispado que difundía la doctrina parroquial con ayuda de anatemas venenosos. Poderoso caballero es don dinero, hace todo cuanto quiero y si no basta el dinero por sí solo, para eso están los pistoleros, «ta, ta, pá», cosa que sabe bien Felipe González.

Especular ahora sobre qué clase de partido es el socialista me parece inútil, como no sea para hablar de algo mientras se pide otra caña y otra de rabas, o para hurgarse con un palillo en la dentadura del alma de manera castiza. El cambio se fue a los cielos y nadie sabe cómo ha sido. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 2.10.216

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Un pensamiento en “Y colorín, colorado…

  1. sólo nos queda que todo acabe en un mayo francés: ése en el que se acostaron dándole el poder a la derecha y se levantaron con las calles sin adoquines porque habían sido requisados como artillería urbana…Pero no sucederá, aquí no

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