¿Qué hacer?… para variar.

topor-3Que la timba se desarrolla lejos de los que votan o pueden votar y no lo hacen, pero son tan gobernados de mala manera como los primeros, es de lo poco que percibo con claridad. Incluso sus protagonistas, los tahúres de la pompa pública, se me aparecen, al menos en la escena, como gente de otro mundo que con frecuencia habla en el lenguaje de ese otro lugar que desconozco y me parece inaccesible, y me deja perplejo, como si me pusieran acertijos rebuscados. Eso es lo que pasa, que unos son los que peroran y otros –qué pocos, cada vez menos–, salen a la calle a ser apaleados y burlados en reclamación de cosas de este mundo: el compartir los intereses comunes se ha reducido mucho, me temo, en proporción inversa al aumento de las carencias y perjuicios sociales.

El resto, es decir lo que esté por venir, es un albur, una casa de apuestas llevada por hampones, una mesa de dados trucados, una baraja muy sobada de zíngara, como aquella que tenía una gitana que echaba la suerte a los mineros en las minas de Huanuni, junto a la estatua del líder Lechín, en Casa Cristo como quien dice, es decir, lejos: echarle la suerte a gente doblada, extenuada, acogotada, y darle esperanzas de cuatro perras, buen negocio, bueno. Hace falta mucha lucidez desgarrada para no picar. (Sigue artículo publicado en Cuarto Poder, 5.10.16, aquí enlazado)

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