Vuelta de Larrazu

dsc_0049

Hacía semanas que no subía hasta Larrazu ni me metía luego por el collado de Arakan hacia Orabidea, es un senda estrecha entre helechales que están ahora recogiendo, haciendo las metas o los tambores, y que da en un bosque que bordea Legate hasta el collado de Beltzuri. Pensé que el día iba a estar mejor, pero había calima y el paisaje, fuera del bosque, estaba velado, cuando no oscurecido por completo por los nubarrones. Había grupos familiares de recolectores de hongos y, por desgracia, en un momento ha habido que apartarse de manera brusca porque ha pasado raudo un nutrido grupo de motoristas de motocrós por lo que es una senda de montaña, a pesar de estar prohibido: destrozan el terreno, lo marcan, el impacto ambiental es considerable y se escabullen: ese placer de «el que venga después que arree». Pero una vez que pasaron, solo hubo silencio y fue ese nadie del pensar en nada o pensar en poco, de mirar y no salir de lo que se ve, de oír esquilas, mugidos, como mucho, o el ruido de las hojas de las hayas al caer, silbidos aislados de pájaros en la espesura o bandadas que van a desaparecer de aquí a nada. Durará lo que dure, pero entre tanto malo sea que la pereza de la salir a caminar por esas trochas me gane la partida. Dejarse tumbar por el propio cuerpo, solo «a lo último».

dsc_0029

dsc_0018dsc_0039

Anuncios