Fiesta nacional

plaza-de-las-ventas-1907 Cuando oigo hablar de la fiesta nacional me acuerdo de inmediato de la canción de Georges Brassens La mala reputación, esa de la que blasonan, como guapetones, sobre todo los que la tienen buena. Y es que la mala reputación viste más, en estas tablas de exhibición permanente sin las que ya no se concibe la vida. Si la tienes que pagar es otra cosa, porque sale cara.

Y no solo eso, sino que lo común es que, además de disfrutar de mala reputación, en cuanto nos dan ocasión pregonamos que seguimos caminos a contrapelo, en la famosa dirección contraria de Thomas Bernhard (otro patriota), tal vez para no reconocer que en realidad vivimos más sometidos que otra cosa, en libertad condicional y vigilada, y que en lugar de hablar con verdadera voz propia, coreamos consignas de una u otra trinchera, algo que nadie admite porque la imagen se estropea mucho. (Sigue en artículo publicado en Cuarto Poder, hoy 12.10.2016)

 

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2 pensamientos en “Fiesta nacional

  1. Se están haciendo verdaderos esfuerzos en volvernos 60 años atrás, cuando las celebraciones eran exactamente las que relata Miguel: procesiones, corridas de toros y desfiles militares, estos últimos exceptuando a la cabra y al momento del desfile, estaban todo el año, todo el tiempo borrachos…y resaltar la “hispanidad” hoy es una broma macabra, estudios serios que hablan más detalladamente del descubrimiento de América, de su colonización, evangelización…nos dicen que en apenas 100 años, de 1500 a 1600 fueron exterminados entre 90 y 112 millones de indígenas…y el patriotismo ya no justifica nada, cuando nos bajan el sueldo o se congela y la vida sigue subiendo, cuando se metan con las pensiones de las que están viviendo muchísimos hijos y nietos de pensionistas, siempre habrá quien lo justifique con esa inapelable frase: ” España lo necesita” o “por el bien de España” y usted y yo, que cada día estamos más jodidos, nos preguntamos, quien coño es España? que le viene tan bien lo que a mi tan mal…

  2. Hola Miguel me gusta eso de “estas tablas de exhibición permanente sin las que ya no se concibe la vida”, porque coincido en la conversión de la vida y de la muerte, de todo… en espectáculo. En el show hacen falta los espectadores y la exhibición lejos de tener garantizada su bondad y aplauso es muchas veces descarada, malévola, y en definitiva es mejor no mirar, aún a riesgo de convertirse en el Sísifo, capullo, sube y baja, sube y baja…Decía Camús “hay que imaginarse a Sísifo feliz”, como Heidi. Sin llegar a Sísifo, supongo que una forma de sustraerse de las historias del ambiente es abrir las ventanas y oler árboles y matorrales envueltos con las gasas de la madrugada etc…
    Por cierto la canción de Brassens, genial.
    Hasta luego…

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