Philippe Muray en su diarios

img_0387“Un journal qui se respecte ne peut être que d’outre-tombe”, escribía Philippe Muray en ese segundo tomo de los años 1986-1988. Diario póstumo ha sido cuando menos el suyo, pues falleció en el año 2006 y solo ahora se publica. Esos diarios han sido para mi un descubrimiento de estos últimos meses*, por la fuerza y originalidad del pensamiento puesto en el papel. Muray,  a quien solo conocía por ser el autor de un magnífico ensayo sobre Céline que se aparta de todos los lugares comunes que han caído sobre el escritor: ejemplar.  Pensar al margen de la cátedra… en su contra si es posible.  El diario como interlocutor, como receptor de soliloquios, más que como monólogo dirigido a una audiencia que solo ve en él un genéro literario y aprecia las cucamonas de la escena: cuaderno de a bordo del escritor que reflexiona sobre su oficio, su arte,  sus entrañas, las de su época, las imposturas sciales y culturales, deja constancia de sus exploraciones, sin cuidarse de si eso va a ser leído o no: un diario donde se dice lo que no puede ser dicho.

* Encontré el tomo I hace unos meses, en Bayona, en la librería de Gilbert Arragon, de saldo y derribo,  intonso,  por desbarate de toda la biblioteca de filosofía en el que había estado.

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