De brumas y de veras

dsc_0013El valle esta mañana visto desde Otsondo. La niebla no acababa de levantar, estaba pegada al suelo, como el humo de las casas ayer tarde… Me voy, pero me quedo, pero me voy. No será el paisaje el que me aburra, al revés, solo que un paisaje no puede ser un lastre, ni atarte como un cepo.  ¿Lastre, bálsamo? Vine aquí hace 21 años para encontrar una tranquilidad que me faltaba después de la publicación de Las pirañas y de las consecuencias que me trajo:  el libro que ahora mismo corrijo y cuya historia escribo en los márgenes de un texto que para mí no ha envejecido, al revés, me está dando viento en las velas, buen viento… me quedé corto, me quedaré siempre corto. Me he ido de aquí por temporadas y siempre he vuelto como quien se acoge a un refugio seguro.  A ratos siento que esto se acaba y otros que ya es tarde para irse a ningún lado, para emigrar como los pájaros o como Mateo Alemán,  y para todo lo que no sea atender empeños pendientes.  ¿Fantasías literarias, lirismos vacuos? Tal vez… ¿y qué? Del bien vivir se trata, al margen del escenario.

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Un pensamiento en “De brumas y de veras

  1. Hola Miguel. Que foto más chula. Abajo un paisaje inglés y arriba esas montañas cuyos senos anuncian las Francias. Supongo que te ayudará a olvidar este país de sequedades.

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