Francisco Nieva

salvatorrosa_01Lo bueno de la muerte de los grandes es que descubrimos que estaban vivos, algo que ignorábamos aunque estuviesen ahí, premiados, publicados y aplaudidos. ¡Sorpresa, sorpresa! Francisco Nieva, por ejemplo, a quien le correspondía el proscenio y el salir a saludar en la función diaria, andaba de forma paradójica más entre bastidores que en el tablado de la pachanga, con su barroquismo, sus esperpentos y su capacidad creadora muy superior a la de los Donfiguras de su generación y de otras: la escritura y la dirección teatrales, las escenografías prodigiosas, la pintura, la novela, las memorias –Las cosas como fueron… poco habituales, como mínimo donde la trampa y el cartón son la norma–, el disparate de los sueños en nuestra mejor tradición… Nieva para los incondicionales, que nunca son ni muchos ni suficientes. Ahora, el ditirambo y los funerales nacionales. Y el desfile continua, no hay cuidado, y la sensación de que te estás perdiendo algo en algún lado, en tu misma casa, entre tus libros. A descubridores de talentos no nos gana nadie. Estuve con Nieva en una ocasión y ahora no recuerdo nada, solo que llevaba los puños de la camisa por encima de los de la americana… ah, sí, también me acuerdo de que apabullaba con lo que sabía y con los recuerdos de lo vivido, y sin proponérselo, solo porque no hablaba tontas y a locas, invitaba a abrir ventanas nada fáciles, no iba de listo, pero te hacía ver dónde estabas… igual me fui por eso.

*** La imagen es una escena de Salvatore Rosa o el artista: el artista frente al revolucionario… cosas del pasado, de cuando la rebelión napolitana.

 

Anuncios