Días de apocalipsis

 escanear0010Semana esta ya agobiante de trompetas apocalípticas, de profetas que disfrutan haciendo ver que ellos ya sabían lo que iba a pasar y, por tanto, contentos de recibir en su propia cabeza la pedregada. Profetas que, listos ellos, ven con claridad lo que está por venir, pero son incapaces de dar con el número de la lotería a premiar o cuando menos de poner una modesta barraca de adivinos en las ferias y vender así pronósticos y certezas de fortuna y de borrasca. Prefieren vender miedo, que de eso se trata, de tener al público atemorizado, si no es por una cosa, por otra, todas son buenas.

Le han dado diferentes formas al apocalipsis, pero casi todas tienen algo en común: la llegada del populismo que va a traer un régimen policiaco y hasta campos de concentración (sic). El populismo, como el Mal absoluto, al que se refieren los que disfrutan de un caribeño régimen policiaco, en el que cuando un juez miente a sabiendas para prefigurar un motivo de condena no es criticado ni señalado en los medios porque no conviene, justicia sectaria esta, pero lo que importa es el apocalipsis, el populismo, los nazis. Por eso resulta desternillante que los demócratas de toda la vida se rasguen las vestiduras con la llegada del fascismo a nivel planetario. Gana Trump y los palos se los lleva Podemos: una lógica aplastante. ¡Qué circo…!

Los abusos del régimen autoritario y neoliberal, porque este ya no funciona sin el concurso de lo primero, esos bien, aplauso incondicional, y en todos los terrenos además; las modestas reformas propuestas por Unidos Podemos, mal, muy mal, amenaza del infierno. ¡Va a llegar Le Pen al Eliseo! Pero qué le vamos a hacer, si tenemos al santo patrón de la corrupción velando por el negocio en nuestra castiza Moncloa y animando el sainete.

Días pasados leía algo certero de la periodista Cristina Fallarás: el barullo que armamos con la corrupción oculta otras lacras de más complicada solución: la pobreza, el paro que no figura ya en las listas oficiales, las consecuencias materiales de estos años feroces que acabamos de pasar de especulación inmobiliaria que regresa, abusos bancarios que también, encarecimiento de energía a límites de delito social, nula política de vivienda que invita a que el país viva en un enorme piso de acogida, política inmigratoria de campo de concentración…

A Cristina Fallarás no le hicieron falta las elecciones norteamericanas para señalar lo que sin ellas ya tenemos en este país, y en abundancia, tanto que por lo visto resulta en extremo difícil ponerle remedio y se opta por la ocultación y el sistema de picotas, ese que hace que haya siempre algo o alguien sujeto al rollo para que el populacho (nosotros) se distraiga tirando pellas y se olvide de que a sus espaldas le han cerrado las puertas y le roban la cartera.

Trompetería de apocalipsis, ruidosos rasgados de vestiduras y alardes de finos analistas que todo lo saben y recorren la historia americana con una soltura envidiable, como si este fuese no ya el país de los listos, sino de los informados e instruidos, algo que el sistema educativo puesto en marcha contradice. Todo son comparaciones y augurios, pero «de calado».

Manos a la cabeza con el muro que va a separar México de los Estados Unidos, pero indiferencia absoluta con la valla de Melilla, con lo que allí ha venido sucediendo, con lo que sucede en los CIES y se denuncia en vano, o con las deportaciones practicadas por el sistema policiaco de nuestro Trump particular. Las sandeces de Trump alborotan el corral de esta granja que no se rebela y disfruta, de manera mayoritaria, de su 1984 particular y a diario, pero las de Rajoy son respetables o en todo caso hilillos de plastilina por mucho que sean permanentes, como escena de repetición. Temor a lo que de fuera pueda venir e indiferencia o aplauso a lo que ya se tiene en propia casa, doctrina en lugar de información: muy noble, muy lúcido.

Si esta irrupción de lo que nos resulta irracional no es un revulsivo que sacuda las aguas de la ciénaga y el mortecino sistema democrático, al que solo le va quedando el nombre, démonos por perdidos, el descalabro se habrá consumado, porque el principal enemigo no lo tenemos allá lejos, sino aquí mismo y lleva tiempo en acción, aplicado en el destrozo de derechos y logros sociales; eso sí, con aspecto de guapetón y lenguaje de vendedor de crecepelo, agitando banderitas de libertad sin ira.

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Un pensamiento en “Días de apocalipsis

  1. Parece Miguel que estamos en un escapar del gobierno, cuanto menos sepamos de sus putadas mejor lo que pasa es indignantes sempiternos y ridículos nos machacan y no podemos dejarnos. Además está claro que el pensamiento político se ha de nutrir fuera de las instituciones. Seguiremos con la situación política actual.

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