Vuelta de Bozate

dsc_0061Llovía, mucho a ratos, y los colores que ayer estaban luminosos, a pesar del día encapotado, hoy se mostraban apagados, detrás de una cortina de agua. Anduve entre la torre de Ursua, el camino de Maia y  el de Bozate –el barrio de los agotes, sí, y de una gente estupenda que  ya tuve la oportunidad de conocer, como para ilustrar algunas páginas del último ensayo de Michel Serres que leía ayer: Darwin, Bonaparte et le samaritain, gente que con sencillez te confima en la certeza de que nada está del todo perdido, pese a la bulla apocalíptica: empatía frente a hostilidad. Tal vez por eso no nos hemos extinguido, dice el filósofo, un misterio en todo caso. No soy optimista, pero me complace el ciclo seguro de las estaciones. Bien, bajo la lluvia estaba, sin filosofías, una buena caminata de una senda a otra, de ningún sitio a ninguna parte, “por ahí”, que se dice para abreviar, por el bosque y por caminos que no conocía, con el ruido a ratos del torrente al fondo del barranco y el de los chaparrones en las hojas de los robles, y pensando que lo que iba viendo  no hay quien de verdad lo atrape, ni cámara, ni ojo, ni pincel, ni el lápiz quieto del hombre de ayer, o el del año pasado, el de Cohen.

Anuncios