De ayer y de hoy

eclissi-di-sole-george-groszLucidez, la de Pablo Iglesias; cuando menos al decir que «el Gobierno tiene instrumentos de sobra para ignorar lo que diga el Parlamento», algo que ha venido demostrando que puede hacer lo que le venga en gana en todos los ámbitos: económico, laboral, educacional, sanitario, policiaco y judicial, que ya van muy unidos, en las medida en que todas las instituciones están a sus órdenes y servicio, no al de los ciudadanos en general, lo que ya solo se creen quienes los apoyan. Y si el Parlamento es la representación de los ciudadanos, quiere eso decir que estos no cuentan para otra cosa que para ser sometidos. La prueba es la manera en la que las leyes aprobadas por los parlamentos autonómicos son anuladas por el Gobierno y las instituciones a su servicio.

         Aquí nos va separando todo, en lo público y en lo privado, la disensión es cada vez más enfrentamiento violento (por muy verbal que sea) y represión, los puntos en común son cada vez menores, al margen de los discursos oficiales tiznados con el miedo a admitir el alcance de ese encono social que crece, a la vez que lo hace la represión de toda forma de disidencia.

         Por otra parte, Iglesias reconoce algo más grave, como es que en realidad el Congreso «hace muy poco»… porque puede hacer muy poco, frente al aparato del régimen puesto en pie en los últimos años, cuando el Partido Popular utilizó su mayoría parlamentaria para aprobar leyes que le permitían llevar a cabo una política que obliga a pensar en una Dictadura parlamentaria. Esto, dicho al comienzo de una legislatura y por quien, te guste más o menos, podría liderar una oposición eficaz, no augura nada nuevo, pero permite reflexionar sobre cuál es el régimen en el que vivimos, por mucho que al Rey, que tomó partido con descaro, le sacaran una bandera republicana en el hemiciclo. Es hora de que las banderas republicanas vuelvan a las calles y la República a los discursos y sobre todo a los proyectos y programas políticos de los que parece haberse esfumado.

         Es posible que haya llegado el momento de hablar de un Orden Nuevo que requiere de lo policiaco y de una magistratura cómplice con la violencia de Estado, cuando no alentadora de esta, con el fin de proteger ese régimen que dicta leyes con el único fin de sustraer sus actuaciones al control de la ley y del parlamento. Leyes de impreciso articulado que permiten la aplicación, de manera arbitraria, de las penas previstas a hechos que pueden ser falsos, pero cuya construcción y relato convienen al objetivo político, con un rendido apoyo mediático encima. ¿Dictadura parlamentaria? ¡Quiá! Genuina y fresca democracia, estado de derecho, seguridad jurídica a raudales, igualdad ante la ley… y lo que gusten, no vayan a meternos presos por auxilio a la rebelión o enaltecimiento del terrorismo.

         Hoy hace 41 años que murió el dictador y sus herederos aquí siguen, haciendo de su figura algo intocable, sujeto a repetidos homenajes, financiando una Fundación que se permite el lujo de actuar judicialmente contra aquellos que, de la manera que sea, ataquen los principios políticos por ellos defendidos y, sobre todo, no condenando en modo alguno aquel régimen del que sin lugar a dudas proceden, por mucha Transición modélica que pongan de por medio como quien apunta con una recortada. ¿Indiferencia, complicidad, coherencia ideológica…? No sé bien, pero hay algo podrido que se resiste a desaparecer, de lo contrario las manifestaciones de corte fascista no irían a más como van, sino a menos. Negarlo es negar la evidencia, la misma que hace ver que ciertos hechos se persiguen a bote pronto, mientras que la dejación policial y jurídica acompaña otros.       Las cosas se ven de diferente manera si eres beneficiario de este estado de cosas o lo padeces, pero que los modos autoritarios de gobierno han ido a más, es algo que solo pueden negar quienes los ejercen y apoyan sin reservas.

         El siguiente paso, ya anunciado, es la represión de los medios de comunicación, no muchos y de no mucho alcance, cierto, pero críticos con el sistema, y reducir la oferta informativa a aquellos que pueden ser directa o indirectamente controlados y manipulados al servicio del Ministerio de Propaganda, con una apariencia de pluralidad.. Silenciarlos es un objetivo político; y lo mismo sucede con las redes sociales. Es pura lógica del suma y sigue represivo en el que una parte significativa de la sociedad vive, por mucho que tenga sus representantes en las instituciones. Democracia… bonita.

*** Artículo publicado en los periódicos del Diario de Noticias, 20.11.2016

 

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3 pensamientos en “De ayer y de hoy

  1. “Es hora de que las banderas republicanas vuelvan a las calles y la República a los discursos y sobre todo a los proyectos y programas políticos de los que parece haberse esfumado”.
    Para vergüenza de los republicanos-quisiera añadir.
    Es una causa maldita parece algo pasado nostálgico e irrelevante incluso para republicanos de palabra y hace falta dotarla de futuro, hacer ver las ventajas de la libertad ciudadana frente al súbdito manejado, informar aunque sea en fanzines de los privilegios de la Corte, hacer saber quienes están en la corte borbónica. Tenemos la obligación de continuar las ideas republicanas de igualdad justicia y libertad. Parece que hoy por hoy el único partido estatal que sustenta la idea es el PC¡¡¡ Pero son ideas imperecederas. Y no podemos mordernos los labios.

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