Mis muertos y tus muertos

solana-plaza-de-las-ventas-1907En esas estamos, con muertos a vueltas; con muertos, memorias y honras fúnebres. Tus muertos a los altares, los míos al chirrión. Los tuyos reciben los homenajes, los míos o los de aquel otro, el abucheo, el insulto feroz post mórtem, la calumnia rebuscada.

Muere Rita Barberá y lo hace el poeta Marcos Ana, y muere Fidel Castro y, cuando escribo estás líneas, me digo que no voy a leer ni elogios ni linchamientos. Tal vez por eso he cancelado mi cuenta de Twitter, porque me parece un pozo de infamias, ponzoña pura, un despliegue de mentiras y celebraciones de descabellos… y lo mío también, claro, para otros, escriba lo que escriba.

A Marcos Ana, la izquierda le celebra su militancia política, su poesía y el haber pasado 23 años en las cárceles franquistas. La extrema derecha por su parte le tacha de asesino, echando mano de la campaña infame que montó el demócrata Fraga Iribarren contra él, en base a unos juicios militares que deberían haber sido anulados hace tiempo, con la ley de Memoria Histórica en la mano. No importa que recientes investigaciones hayan desmentido las acusaciones contra Marcos Ana. No importa que se sepa cómo se desarrollaron las instrucciones y vistas de los juicios sumarísimos militares… lean a Ángel María de Lera, que padeció uno. Aquí de lo que se trata es de apropiarse del relato de la historia y del presente, de imponer versiones oficiales que se tragan como artículos de fe o como munición de brigada del amanecer. Nos separa la historia, cada vez más, y nos separa lo que vamos viviendo a diario: los banderines de enganche abren las 24 horas y no dan abasto. Olvidos, perdones, paces, ceremonias patriótico-religiosas, otras tantas filfas que enmascaran las ganas de descabello, de que el enemigo viva acogotado, muriendo al palo de por vida, en abjuración permanente: nada se paga, todo se cobra, basta vencer y tener la fuerza de mano.

De pronto unos se acuerdan de que cuando falleció Labordeta, que sí era diputado, y en dos legislaturas, no recibió el minuto de silencio que han querido imponer ahora. ¿Hubo minuto de silencio por Juan María Bandrés? Al Partido Popular le ha venido providencial la muerte de Barberá porque de esa manera no va ser juzgada ni imputada ni acusada ni va a poder testificar sobre nada de lo relacionado con la corrupción del PP, que es mucho.

Pobre de ti si no guardas el minuto de silencio que yo te exijo… porque de eso se trata, de exigencias políticas, de convenciones sociales que lo son, de hipocresía al cabo ¿Por qué vas a mostrar la mínima condolencia pública y política por quien es tu enemigo? ¿Por qué con quien no honraría a tus muertos o a otros muertos que no fueran los de su bando? Calla, pero eso no basta. Tengo algo muy claro: al Congreso de los Diputados se va a legislar, no a montar mojigangas políticas de rasgo por completo sectario en beneficio de quien las propone; y encima con voluntad de absolver pifias de gobierno, con el aplauso del partido en entredicho y de todos sus acólitos, que son muchos ya, en este país cainita en el que se exige lo que tú no estás en modo alguno dispuesto a conceder. ¿Acusar a la prensa de linchamiento cuando son ellos mismos quienes de manera inequívoca la defenestraron para salvar su pellejo electoral? Eso es de granujas.

Estas últimas semanas se ha desatado una ferocidad inusitada que no estaba dormida, sino agazapada, un patriotismo barato, y unas ganas de llevar a quien se opone y disiente a morir al palo. No hace falta asomarse al pozo negro de las redes sociales, con recorrer los titulares de prensa y las faenas taurinas de los columnistas basta: la mentira ha estado servida a diario y con ella la manipulación del público que a oído lo que quería oír. Me temo que toda reconciliación es ya imposible. Puede silenciarse el encono por la fuerza o por la ley, retorcida y hecha abuso y no fuente del derecho, como vemos a diario, pero no puede imponerse la convivencia de igual a igual. Esta nuestra es la historia del agravio que no cesa y del sometimiento, más que de la convivencia basada en un concierto que no sea el de vencedor y vencido, represor y sometido. La remisión a la ley es un truco. Llega un momento en que el esquinamiento es más fuerte que la cordialidad y la empatía, y hasta te resulta por completo imposible apoyar a quien lo hiciste en el pasado. No te fías. El individualismo es un veneno que corre en este tiempo de todos contra todos y sálvese quien pueda, pero sobre todo del que no está conmigo está contra mí, único fundamento ya real del nosotros. Caín anda suelto, pero todos somos Abel, los justos…

 

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