Y en esta situación…

tren“Y en esta situación terminó el año…”. Es una frase ritual de hoja militar de servicios, escrita con buena caligrafía, la del día por delante en el acuartelamiento.  Se va el año y nos quedamos, o al revés, no lo sé, no estoy para elucubrar sobre las entrañas del Tiempo. Con felicitarme de estar vivo me conformo. No sé, por tanto, si me voy o me quedo, o las dos cosas. Me alegro de estar de nuevo frente a mi paisaje habitual, por muy visto que lo tenga, en este fin de año. Lo echaba de menos. Sí, ha sido un annus horribilis, pero no más que el de la mayoría, ese es un penoso lugar común: fallecimientos, descalabros, enfermedades, frustraciones, reveses… hay donde escoger. A poco que rebusque voy a dar con cosas gratas, eso seguro, más de las que a primera vista veo, y a ellas me agarro. Lo de  menos es que el año empezara  con expectativas que por una razón u otra se han visto frustradas y que la riada haya dejado el paisaje hecho una pena. Las que cuentan son las ganas de encarar lo pendiente, que es mucho… sabiendo que el lunes que viene, disfrazado o no de Sanlunes, dejará estas palabras hechas ceniza. Poco importa. Importa el ahora, el lunes o el martes, o el que sea, están por venir, no soy adivino, no los veo, casi lo prefiero, pueden esperar. Importa el presente,  y para eso, para empezar, me meto un yaraví sucreño y luego un huayño y un  arbolito, tocados por los amigos de allá… Bolivia en el corazón. Por poner  un poco de delicadeza en el destrozo, sin más… el jabalí  ya saldrá de la espesura otro día, a darse una vuelta destrozona y la cencerrada de paso. Hoy no toca. Hoy no toca porque no conviene, no nos hagamos los virtuosos. Hoy toca esperar la llegada del agua nueva y hasta acercarse a la fuente del pueblo a beberla.

Días de más o menos

img_0172Hace unos días tuve un accidente que, como muchos, pudo tener consecuencias más graves de las que ha tenido. No hice nada para provocarlo. Estar donde estaba, sin más. Me encontraba estupendamente justo antes de que ese estado de bienestar anodino y poco apreciado desapareciera y en su lugar llegara el dolor, la inquietud y las limitaciones de movimiento y vida cotidiana. Todo lo que hacía a diario se ha visto alterado. Novedades con las que no contaba. A ratos me olvido de lo que ha pasado y solo las punzadas del dolor me recuerdan que el daño está ahí, y que va a tardar en desaparecer del todo. No me gustan los hospitales y ahora tengo que acudir a uno de ellos a diario. Me dicen que de buena me he librado y me lo explican, y acepto ese consuelo sin rechistar y procuro no representarme “lo que podía haberme pasado”. No me gusta el vértigo de las películas de terror. El accidente me ha servido para apreciar en lo que vale la simpatía de la gente con la que tengo una relación habitual, estrecha o episódica, incluso virtual. Además estoy muy agradecido al personal sanitario que con buen humor y simpatía me ha atendido a diario. Eso cuenta mucho. Bien es verdad que también me ha servido para darme cuenta de que no puedes exigirle empatía a nadie, y que cuando te pregunten qué tal estás, lo mejor es decir bien y pasar a otra cosa, ni siquiera el “bien o te cuento”; además, aburres, y la urgencia que puedas tener en contar lo que te ha pasado resulta a la postre obscena. Cada cual entiende lo que le viene en gana y siente y padece según sus criterios. Peliagudo asunto ese de la empatía y de admitir que su falta es más común en todo orden de cosas que los sentimientos de simpatía o elemental fraternidad. Que te de por pensar de manera senquista y por cortejar el recio y apretado discurrir sobre la vida y sus azares, es una forma de sobrellevar el porrazo, pero dudo que de los golpes aprendas algo que no vayas a olvidar a la vuelta de la esquina o por el  empujón de la riada de los días.

Ir tirando

img_01731.- Y así van pintando estos días de tregua forzosa y pocas ganas. Considerar el que acaba un mal año y solo eso, es casi un lugar común, una frase hecha de puro reparto, y en el fondo una desmesura, por mucho que contenga algunas verdades más amargas que poco gratas.  Lo demás, a verlas venir.

2.- Los inventarios previos a las declaraciones de ruina o liquidaciones por derribo son por completo inútiles: lo más importante es cerrar la puerta cuanto antes para que el techo no te caiga sobre la cabeza.

3.- El accidente que parte tu vida en un antes y un después al que te acomodas como puedes: te conformas que esa “poca cosa” que es mucho.

4.- “El carácter fundamentalmente solitario e íntimo de la enfermedad” (O. Sacks, en Con una sola pierna)

6.- “No es tu hora caballiru…!”, le dijo una cholita al  poeta que socorría después de que a este unos maleantes le abrieran la cabeza de un fierrazo,  allí por la Tumusla, La Paz, Bolivia (Del campeonato de kenchas)
7.- “Zancadillas del diablo”: dícese cuando te abren la cabeza de un fierrazo o te asan sin tu permiso a la barbacoa. (Del mismo campeonato de kencherío fino).
8.- La gratitud no hay que expresarla por pudor, para no resultar obsceno… dice sobre todo quien ni la tiene ni la siente y la considera una blandenguería sentimental: gente que es mejor no frecuentar.
9.- El prurito de dar lecciones y el de pasar lista… no se cuál de los dos me da más asco.
10.- El desparpajo de la gente que te refrota sus golpes de buena suerte no por gusto de compartir nada, sino por el de dar rejón.
11.- Nunca he sabido lo que “tienes que hacer a tú edad”…  y detesto que me lo digan.

Navideña

535c0d5d8fff3c426da2ec6197d1679fDel espíritu navideño no sé si es mejor huir a la carrera o echarse en él con los brazos abiertos, admitir la tregua generalizada por muy dudosa que esta resulte, y sobre todo no ser cicatero con los gozos ajenos aunque esto sea de todos los días. La Navidad, como los toros, tiene sus detractores feroces y sus incondicionales fervorosos y militantes; puedes estar un rato con unos y otro con otros: «A medida que envejecemos, todos caemos en la tentación de censurar los placeres de nuestros prójimos», dice Robert Louis Stevenson en esa emocionante lección de ética que es su Sermón de Navidad, escrito en sus días de Vailima, los de la vida. Paciencia pues. Días de la luz nueva estos y de agua también nueva enseguida, los de Jano, el de las dos caras y las dos llaves… ¿Y eso a quién se lo cuentas en este siglo de horrores? Pues no sé, la verdad. No sé qué andaría escribiendo si no tuviera nada.

Días de tregua convencional y de píos deseos para acabar el año, entre el Dickens de la infancia, el Stevenson de la madurez y el «Gracias a la vida que me ha dado tanto…», de Violeta Parra, antes de que se fuera de propia mano, algo de lo que te acuerdas cuando puedes perder la vida por las buenas, pero que al día siguiente olvidas: «Esa cara sonriente, tan fácil de ensombrecer y tan difícil de volver a iluminarse», sigue Stevenson en su sermón. (Sigue, artículo publicado en Cuarto Poder, 28.12.2016 aquí enlazado)

Reclamos de Tartufo (Diario volátil)

1.- Los abusos de los listos suelen ser muy graciosos hasta que eres tú la víctima.

2.- Quien proclama con furia “¡Todos mienten!” no suele ser de fiar: sabe de lo que habla.

3.- La hipocresía y mala fe ajenas son temas muy agradecidos.

5.- La religión católica como reclamo de negocio particular: arte de cucos y de desaprensivos.

6.- Jacarandoso el predicador catolicón que elude reparar los daños causados en la carrera por la ventaja.

7.- Cuando te sientes agraviado pasas lista hasta sin darte cuenta, sobre todo así y, claro, nunca están los que debieran… tú tampoco en las listas ajenas.

8.- La falta de empatía… mejor no reprochársela a nadie (y menos exigirla)  y preguntarse, en cambio, por sus causas… aunque no llegues a ningún lado.

9.- El perdón imposible cuando el agravio es necesario para tenerse en pie (esto es siempre cosa del otro).

Poner orden

kiyo-murakami-1976-antigua-casona1.- Cuando el poner orden en los propios asuntos es una fantasía que no tiene remedio. Ni siquiera el poner tierra de por medio lo es, si, como es habitual, llevas el grueso de tus asuntos en el equipaje no vaya a ser que te los quiten: el nido de la picaraza y sus negruras.  (La imagen es de Kiyo Murakami).

2.-La mayor proeza de Mateo Alemán no fue escribir El Pícaro, sino largarse del escenario de sus desdichas, en busca de una vida mejor y para siempre… y hacerlo siendo un anciano.

3.- Una cosa es manifestar deseos de marcharse de este país y otra poder hacerlo, una la baladronada y otra el riesgo de poner tierra de por medio.

Máscaras

c0hulbkxgaesq2n-jpg_largeHe olvidado de qué etnia es. No más de veinte minutos  después de sacar la foto, el artista se disfrazó de fuegos artificiales o de ave fénix, y tras el fuego, la máscara se quedó envuelta en humo, perdida en su niebla. Todos usamos máscaras, pero los azares nos desenmascaran. Eludir la responsabilidad es algo instintivo, contar lo que hemos provocado  como mejor nos conviene, astucia de cuco. Lo primero la ventaja o la gracia vinosa y cruel de los borrachines por mucho que esté armada sobre el dolor ajeno. Qué importa la mentira si te pagan para soltarlas. Fuegos de fin de año en los que al menos de manera simbólica quemar los trastos de la vieja vida: un verdadero incendio… y una adorable fantasía.

Desplantes (Diario volátil)

44d70a51c41.- Qué difícil resulta conversar con el cazador de microinfracciones verbales a lo políticamente correcto. Enseguida notas que tu interlocutor está al acecho, a la pasa, y tú te sientes un furtivo que no acierta.

2.- Una conversación no puede ser un combate de esgrima, aunque termine a desplantes como navajazos traperos.

3.- La disidencia de la ortodoxia izquierdista, y ya muy rancia, como pecado imperdonable. No hay canónigo penitencial que te lo absuelva: basta un murmullo para desatar la furia inquisitorial… de la ortodoxia conservadora y clerigoide mejor no hablar porque para qué.

4.- Esa disidencia de las verdades reveladas que provoca el rechazo social (tribal) reservado al clérigo defroqué que en castellano sería “clérigo saltatumbas”, hermosa expresión… ser un clérigo saltatumbas de verdades de cuatro perras.

5.- La tribu patriótica que se mueve por consignas de combate de hace más de cuarenta años, que se dice pronto… decir que es grotesca es poco.

6.- La tribu y sus verdades reveladas, sus comisarías de culto y clero, sus zahúrdas de censura… otros ascos de los que poco se habla, no vaya a ser que te veas en el deshuesadero.

7.- La tribu y el nosotros como antifaz de todas las cobardías.

8.- La tribu y los arcanos remotos como dogma de obligado cumplimiento cuando con la Razón en ristre se dice no creer en nada, que es mucho creer… la verdad.

 

R. L. Stevenson en su Sermón de Navidad

sargent_-_robert_louis_stevenson_and_his_wifeTiempo de luz nueva, bueno para leer una vez más el emocionante Sermón de Navidad, de Robert Louis Stevenson. Lo hago cada año desde hace mucho y cada vez me detengo en un pasaje distinto, aunque hace ya dos que lo hago sobre todo en los mismos.  Uno es ese del comienzo en el que Stevenson habla de los legionarios de Germánico que amotinados le pidieron a este que les metiera los dedos en la boca para que con las encías descarnadas se diera cuenta de los años que llevaban fuera de casa y les permitiera regresar a envejecer del todo lejos de las fronteras de las guerras y las conquistas del imperio. Habían servido lo suficiente. 35890Tácito hablaba de la expansión de Augusto y Stevenson de la vida de cada cual sin ambiciones de heroicidad más allá de las propias fuerzas. Stevenson y sus lejanías, Stevenson y su canto al entusiasmo por la vida y lo vivido, por salir de este bosque cuando menos sin estropearlo. Stevenson en las negruras de Edimburgo y en las luminosas lejanías de Vailima, Stevenson veneno de la infancia y adolescencia, y Stevenson de nuevo, nunca abandonado, de la senectud: los mismos libros, idéntico discurso, escuchado de una y otra manera al compas de los otoños y los inviernos, del recuento de lo hecho y lo dejado de hacer, de lo mal hecho y de lo que no podrás hacer ya, aunque te lo propongas, algo para lo que también hace falta coraje y humildad.
El otro pasaje, ya de la parte final, es donde dice que: «aunque a veces sean necesarias, aunque a menudo resulten divertidas, todas esas intervenciones y denuncias y defensas militantes de medias verdades morales constituyen obligaciones de una categoría inferior. El mal humor, la envidia y la venganza hallan aquí un terreno de disfraces piadosos…» y etcétera. Paciencia, buen humor, valentía… autocrítica necesaria, esa sí, que la vida no está hecha para satisfacer tu vanidad, dice el abogado de la juventud que habla de vicios y virtudes, de alegría y pasiones tristes en este andar más a trancas y barrancas que otra cosa.

Jinete solitario

78-7807-hjg7300z(La fotografía es de Steffen Schmidt)

Cualquier parecido con tu puesta en escena es mera coincidencia.

1.- El de jinete solitario es papelón de prestigio, pero muy repartido. No hay guiñol burlesco que no tenga media docena cabalgando y haciendo figuras por el escenario, juntos o por separado, pero preferiblemente juntos.

2.-Es asombroso lo bien que marca el paso el que agita como un guión el banderín de independiente y blasona de tener un criterio bien formado: ¡qué ritmo, qué marclalidad!

4.- Escepticismo activo y fogoso: Cioran. De indiferencia, nada.
5.- Hay gente que tiene por principio (y a gala) no llamar nunca por teléfono… ¿y tú para qué llamas? Relaciones de un solo sentido.